Dominio público

Violencias invisibles en la medicina

Carme Valls Llobet

Autora de 'Mujeres Invisibles para la Medicina' (Ed. Capitan Swing. 2020)

Pixabay.
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La palabra microviolencia, se ha utilizado por el psicólogo Luis Bonino, para describir los diversos tipos de agresiones, psicológicas, de actitudes o de conductas por los que el machismo ejerce su poder en las relaciones de pareja. Propone que "un gran paso necesario para romper la imperceptibilidad de las microviolencias es nombrarlas y especificar sus diferentes variedades. Nombras es hacer visible lo invisible y poder operar sobre ello."  Pero las microviolencias, las han sentido muchas mujeres en muchos ámbitos de la vida, en los lugares de trabajo, en los grupos de ocio, y también cuando han entrado en contacto con la atención sanitaria. Nombrar estas microviolencias en el acto médico, y hacerlas visibles, abre el camino de hacer consciente, su ejercicio, y trabajar los cambios necesarios para evitarlas en el futuro.

En la asistencia e investigación sanitaria se puede manifestar la violencia cuando se omite la presencia de mujeres en los trabajos de investigación, o cuando no se diferencian por sexo los resultados y no se analizan con perspectiva de género, ya que todo ello contribuye a hacer más invisible la salud de las mujeres.  También en el momento de la realización del acto médico o sanitario  se pueden expresar estereotipos de género que minimicen la escucha de los problemas que plantean las y los pacientes en el momento del acto médico o colaboren en su victimización. Por un lado, con el hecho de que continúen perpetuándose los estereotipos de género tratando todo lo que se refiere a la mujer como inferior o poco importante, o silenciando las quejas o los síntomas que se expresan en el mismo acto médico. Por otro lado, con el intento de controlar, manipular o introducir fármacos en el cuerpo de la mujer sin que haya evidencias científicas de que éstos puedan producir mejorías en la salud de las mujeres.

Se pueden realizar sesgos de género en el momento de hacer las exploraciones o diagnósticos y también en la forma en que se realizan los tratamientos, sea porque se medicaliza lo que no existe (medicalizando por ejemplo procesos fisiológicos que podrían ser abordados con cambios en los hábitos de conducta o los hábitos de vida) o porque a veces no se trata de forma correcta lo que sí existe en la patología, lo que he llamado "morbilidad diferencial".

El abuso en la asistencia sanitaria es un área bastante nueva y compleja de investigación médica. Han sido una vez más los países nórdicos, y en concreto Suecia, quien emprendió el estudio de las relaciones de violencia en el acto médico. Desde hace más de veinte años se ha analizado si la forma en que se ejerce el acto médico modifica los derechos de los pacientes en la ética del acto médico, los derechos a la autonomía personal, a la no-perversión, a la justicia y a la integridad.

La principal investigadora en esta área de la investigación, es Katarina Swahnberg, que ha trabajado en el análisis de  cómo se ejercen las microviolencias en el acto médico y la percepción de las sensaciones de abuso en el mismo. En estudios realizados en los Paises Nórdicos, para saber si se han experimentado abusos en la asistencia sanitaria a lo largo de la vida, se encontró una prevalencia del 24% de casos en Dinamarca, del 25% en Finlandia, del 28% en Islandia, del 13% en Noruega y del 20% en Suecia. La prevalencia total a lo largo de la vida de haber sentido abusos en la asistencia sanitaria fue del 13 al 28%, y la mayoría de personas afectadas fueron mujeres. Los abusos relatados se referían tanto a la falta de escucha, a la imposición de tratamientos o exploraciones, como directamente exploraciones sexuales inapropiadas, o trato injusto en el acto médico.

Pero a estos análisis cuantitativos añadió excelentes estudios cualitativos en los que las mujeres expresaron que se habían sentido ignoradas, con falta de atención y de empatía por parte del personal sanitario, y con sensaciones de pérdida de poder. Estas sensaciones fueron causadas por interacciones verbales y no verbales con los profesionales sanitarios que las atendieron. Las cuatro categorías se resumían con la sensación de estar anuladas al salir de la entrevista médica, con un estado de pérdida de dignidad, de frustración y ansiedad que crearon sufrimiento personal. Este padecimiento se repetía en las entrevistas, aunque el acontecimiento hubiera pasado muchos años antes. Lo saben bien las asociaciones que trabajan con mujeres que han padecido violencia obstétrica.

La asistencia sanitaria puede ser un lugar donde el cuidado y la falta de cuidado coexistan, y donde las pacientes pueden ser ayudadas o anuladas. Esto es una paradoja: las interacciones médicas, que son esenciales para la salud de las pacientes, a veces pueden producir una destrucción de la salud y del bienestar. Para comprender cómo es posible esta paradoja tenemos que examinar las estructuras de la asistencia sanitaria y las relaciones de poder que se establecen entre los profesionales y la pérdida de éste por parte de las pacientes.

El poder ha sido un tema central en el estudio de la profesora Swahnberg y la pérdida de éste se ha descrito como "no tener voz". Aunque las mujeres habían sufrido abusos en la asistencia sanitaria ellas no lo habían explicado a sus ginecólogos y ginecólogas, ni a sus profesionales de atención primaria, de modo que los posibles abusadores o abusadoras podían no darse cuenta de lo ocurrido. Este silencio mutuo es característico de la violencia estructural, que es un proceso silencioso que impide a los individuos darse cuenta de sus plenos potenciales de violencia psicológica. Anular a las y los pacientes es una forma extrema de violencia estructural. Pero esta violencia radica en el inconsciente, donde se han ocultado muchos estereotipos de género, que han considerado inferior y poco importante lo que les ocurra a las mujeres.

Falta que crezca y se desarrolle una mejor investigación de las diferencias en enfermar entre mujeres y hombres, y falta incorporar esta Ciencia de la Diferencia, en las asignaturas troncales de las ciencias de la salud. De esta forma muchas y muchos investigadores y profesionales de la medicina, podrán ser cada vez más conscientes de que su trabajo ha de ser respetuoso, aceptando que todavía falta ciencia para atender a la morbilidad diferencial, y que a veces no se puede llegar a un diagnóstico específica, pero que pueden trabajar siguiendo los principios éticos de la medicina, escuchando y atendiendo a los síntomas que presenten las pacientes, sin callar sus bocas con psicofármacos.