Dominio público

Dos años perdidos cuando todo está cambiando

Toni Valero

Coordinador general de IU en Andalucía

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (i), con el portavoz del grupo parlamentario Vox, Alejandro Hernández (d). E.P./María José López
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (i), con el portavoz del grupo parlamentario Vox, Alejandro Hernández (d). E.P./María José López

En una dependencia del Parlamento de Andalucía, con las contraventanas cerradas (nada de luz ni "transparencia") rubricaban, hace dos años, un pacto VOX y PP que garantizaría el gobierno a Moreno Bonilla en Andalucía. El pacto previo entre PP y Cs poco valía sin el concurso posterior de VOX. Las imágenes de ambos arreglos lo dicen todo en su contraste. Una primera foto de Moreno Bonilla, García Egea, Juan Marín, Villegas, Bosquet…en una mesa redonda colmada de sonrisas y buen rollo. Por fin el idilio se consumaba en noviazgo del que hacer gala. Que todo el mundo se entere: aquí solo hay buenas intenciones. La otra, con Egea y Ortega Smith en vigoroso apretón de manos y con Moreno Bonilla con cara de circunstancias al lado del ínclito ex portavoz de VOX con sonrisa pícara, Francisco Serrano, ahora fuera del Parlamento y dentro de un oscuro caso de corrupción.

La investidura fructificó, iniciándose una legislatura en la que estaba por distinguirse el plan del gobierno del cambio. Desde los primeros compases se advierte por dónde va cada actor y cómo falta un plan: un proyecto para Andalucía. El devenir de la acción de gobierno estará marcado por los intereses propios de cada parte. VOX en su guerra cultural de largo recorrido navega tranquilo con el combustible que el PP le proporciona tras cada asonada normalizada. Pone su sello, establece el perímetro político del gobierno y espera para hacer caja con el deterioro de Cs. Por su parte, Cs se descompone aceleradamente en su falta de papel propio y al amparo de un líder, Juan Marín, capaz de conjugar su consejería de "regeneración" con la vieja política del sálvese quien pueda aunque sea en el barco de otro. Por último, Moreno Bonilla, más preocupado en hacer campaña que en hacer política. Lo fía todo a ser el moderado, algo fácil si se pone al lado de quien manda a la porra y a tomar por culo a la Presidenta del Parlamento, pero difícil si no contraviene ni una coma la línea trumpista de Casado y Ayuso. No se puede estar en misa y repicando.

¿Qué había detrás del cambio? Continuismo y ausencia de contacto con la realidad. Continuismo en las políticas económicas neoliberales, en los privilegios fiscales a las grandes fortunas (la gran victoria de Cs sobre el PSOE en la anterior legislatura) y en la apuesta por el ladrillo y el turismo. Lo del cambio de modelo productivo es solo para el márketing. Las cacareadas invocaciones a la administración paralela: cri, cri. Lo de reducir el gasto superfluo: asfixia de organizaciones feministas, memorialistas, etc.

Las consecuencias  denotan la falta de contacto con la realidad de este gobierno andaluz. Servicios públicos deteriorados incapaces de estar a altura de las necesidades de la ciudadanía, a pesar de la entrega de los empleados públicos, siendo especialmente grave la situación del sistema sanitario con una atención primaria saturada y sin el refuerzo debido ni en plena pandemia. Igualmente, las  políticas de dependencia se mantienen entre las olvidadas de la derecha, Andalucía es la tercera comunidad autónoma con mayor tiempo de espera para recibir las ayudas. Tampoco pueden lanzar campanas al vuelo en materia económica, durante el último año se ha reducido el emprendimiento empresarial muy por encima del resto del país, han caído las exportaciones en 471 millones y han caído los ingresos en las familias. Sobre los índices de pobreza, desempleo y precariedad solo decir que seguimos batiendo récords.

Este encorsetamiento en la ortodoxia neoliberal ha impedido a este gobierno atisbar un nuevo horizonte más allá del mantra de la responsabilidad en el gasto (recortes sociales) y de la colaboración público privada (externalizaciones y hacer caja con lo público). La pandemia ha evidenciado que necesitamos un Estado protector con servicios públicos fuertes y un Estado que intervenga en la economía para salir de la crisis y cimentar un nuevo modelo productivo menos dependiente. Las políticas expansivas demandadas por el FMI y la UE, otrora sacrosantas instituciones para el PP y Cs cuando pedían austeridad, son obviadas en perjuicio de las transformaciones que Andalucía necesita. Se abrazan a sus viejos eslóganes, bajar los impuestos, como si nada estuviera pasando. Una bajada de impuestos a las grandes fortunas con la consiguiente merma en las arcas públicas, por lo que piden ingresos extraordinarios al gobierno central, de los que se sirven para engrosar las cuentas de empresas que se aprovechan de conciertos educativos, sanitarios, etc. Negocio redondo.

La conclusión es que llevamos dos años perdidos para los cambios necesarios en Andalucía, justo cuando más hace falta un gobierno andaluz a la altura del momento histórico definido por la crisis y el cambio de orientación en las políticas económicas. Por el contrario, sí se ha avanzado mucho en la normalización de los discursos de la ultraderecha; en la política espectáculo que hace de todo acto rutinario un ejercicio de propaganda (menoscabando penosamente Canal Sur); y en la incorporación de Andalucía a terreno de juego del trumpismo: crear miedos infundados (okupas, menas…) para abonar un electorado reaccionario. Inducir odios en perjuicio de la convivencia democrática es justo lo contrario de lo que pregona el himno andaluz, humanista y universalista. Este gobierno de las tres derechas reaccionarias traiciona un autogobierno andaluz que fue conquistado con la movilización popular para hacer de palanca de transformación en una tierra lastrada por la desigualdad y por su relación de dependencia económica con España. Urge incorporar a Andalucía al proceso de cambio político que sí experimenta el país. Urge tomarse en serio los problemas de Andalucía.