Dominio público

La importancia de una clase trabajadora organizada

Contaba Josefina Samper que su militancia en organizaciones sociales y políticas comenzó desde muy joven. Desde los 13 años y hasta el final de sus días formó parte activa de diferentes organizaciones y movimientos como el PCE, las Comisiones Obreras o el Movimiento Democrático de Mujeres, entre otras. Desde muy joven entendió lo importante que era estar organizada junto a compañeros y compañeras para luchar en contra de la desigualdad y en defensa de la libertad y los derechos de la clase trabajadora.

Esa conciencia de clase, de pertenecer a la mayoría social de este país, de ser parte de ese inmenso colectivo que es el que genera auténticamente la riqueza, es la que hoy continúa siendo más necesaria que nunca. La historia nos ha enseñado que las conquistas alcanzadas por el movimiento obrero no han sido producto de concesiones por parte de la clase dominante de cada momento. Ni patronales ni gobiernos han cedido amablemente a las peticiones de los trabajadores y trabajadoras a lo largo y ancho del planeta. Han sido la lucha, la presión y la negociación de esa clase trabajadora y de sus organizaciones más representativas las que han conseguido arrancar cada uno de esos derechos de los que ahora disfrutamos. La jornada de ocho horas, las vacaciones pagadas, la cobertura por enfermedad o el subsidio por desempleo son algunas de esas conquistas que tanto esfuerzo costaron conseguir y de las que a veces parece que nos olvidamos.

Las organizaciones sindicales de clase han demostrado su extraordinaria utilidad y su valía como formas de participación social y política en torno a los que agruparse para defender los derechos de la clase trabajadora a lo largo de su historia. Porque los sindicatos no han dejado de estar formados por miles, millones, de trabajadores y trabajadoras que saben la importancia que tiene que una organización fuerte y reivindicativa sea la que defienda sus intereses. Y porque, a pesar de la influencia que la cultura del individualismo -fomentada por el liberalismo- ha ejercido y continúa ejerciendo sobre nuestra sociedad, al final cuando hay que dar la batalla nadie puede hacerlo de forma aislada, ni en la empresa, ni en la calle, ni en ante las instituciones. Todas y todos nos necesitamos para pelear por nuestros derechos. La unión nos hace más fuertes.

La negociación de convenios, las mejoraras salariales, la protesta ante los despidos y, por supuesto, la asesoría legal para trabajadores y trabajadoras son algunas de esas labores esenciales que llevan a cabo los sindicatos para garantizar unas condiciones laborales dignas. Y es precisamente por el papel que cumplen las organizaciones sindicales de representación y defensa de la clase trabajadora por el que se ven atacadas con cierta frecuencia por parte de sectores de la ultraderecha y del neoliberalismo más agresivo. Los sindicatos molestamos e incomodamos, y mucho, a aquellos que pretenden seguir enriqueciéndose a costa de nuestra clase y del expolio de lo público.

Además, la pandemia provocada por la COVID-19 ha puesto al descubierto las costuras de un sistema que se asienta y se soporta sobre esa clase trabajadora que se ha vuelto a demostrar esencial durante los momentos más duros de esta crisis. Porque esenciales fueron, son y seguirán siendo todo el personal sanitario, los docentes o los trabajadores y trabajadoras de sectores como el alimentario, el de limpieza, la construcción o la mensajería, entre otros. Son tantos que sería imposible mencionarlos todos aquí. Y a su lado, codo con codo, hemos estado las mujeres y hombres que formamos parte de CCOO desde el primer momento, transformándonos en una herramienta de enorme utilidad en estos tiempos tan difíciles: ofreciendo información, asesorando, luchando para proteger la salud en los centros de trabajo. Y es que el sindicalismo se ha demostrado como un instrumento fundamental en esta pandemia, como también lo será en el proceso de reconstrucción que vendrá a continuación tras el desastre ocasionado por el coronavirus.

La crisis nos ha revelado que la organización nos hace más fuertes. En un mundo globalizado en el que las relaciones de producción son cada vez más complejas, en el que surgen nuevas ocupaciones y empleos al calor de los avances tecnológicos, y en el que el poder económico y financiero pretende desagregar, separar y desarraigar a los trabajadores y trabajadoras, la actuación en el mercado laboral en torno al sindicato se antoja prácticamente imprescindible.

Compañeros y compañeras como Josefina Samper lo entendieron a la perfección y, afortunadamente, también ahora la clase trabajadora está comprendiendo la delicada situación a la que vamos a enfrentarnos en un futuro mucho más cercano del que nos imaginamos. El crecimiento en la afiliación a CCOO así lo demuestra. Solamente en la Comunidad de Madrid ya contamos con alrededor de 148.000 personas afiliadas al sindicato. 148.000 personas que nos fortalecen con su confianza para continuar. Queremos seguir siendo la referencia para esa clase trabajadora, ser su escudo ante los ataques y recortes que querrán imponernos, pero también su espada en la reclamación de sus derechos.