Dominio público

¿Hay diferencias entre una protesta social y una revuelta ultra?

Pedro Oliver Olmo

Profesor de Historia Contemporánea en la UCLM

La turba de seguidores de Donald Trump, en la escalinata de acceso al edificio del Capitolio, en Washington. REUTERS/Shannon Stapleton
La turba de seguidores de Donald Trump, en la escalinata de acceso al edificio del Capitolio, en Washington. REUTERS/Shannon Stapleton

¿Hay diferencias entre una protesta social y no violenta delante de un Congreso y una revuelta ultra y violenta asaltando un Congreso para invalidar un resultado electoral? Son evidentes. ¿Y entre "asaltar" y "rodear"?  Si usted es de la derecha montaraz difícilmente encontrará las diferencias, pero son evidentes. Si es de la derecha moderada dirá que no están claras, porque le costará admitir que las derechas moderadas españolas están últimamente muy montaraces, casi todas ellas, desde Rivera a Ayuso pasando por Casado y, claro, por Abascal, el único trumpista confeso de toda la banda trumpista del derechismo español. No verá diferencias porque se lo impiden sus prejuicios y el pimpampum interminable contra el gobierno de izquierda, a ver si cae. Como evidente es que de esa manera se está relativizando el peligro de la ultraderecha 2.0. Usted no ve diferencias entre el ultraderechismo rampante de Trump -aquí el de Vox- y aquel añorado ciclo de protestas sociales que inauguró el 15M, pero son evidentes. Esto de ahora, el trumpismo de Abascal y Ayuso, nos amenaza, mientras que aquello nos alivió un poco, y algo contrarrestó lo que nos estaba cayendo encima: una revolución neoconservadora en toda regla, la de Rajoy, Cospedal, Aguirre, Fernández Díaz...

Mucho derechista español está queriendo distanciarse de la revuelta violenta del trumpismo al tiempo que meten en el mismo saco protestas que hemos visto en España, como las que convocó en 2012 la plataforma "Rodea el Congreso". Es verdad que aquellos activistas sólo pretendían manifestarse delante o alrededor del Congreso, aunque con un discurso muy populista que provocaba dudas en gente que suele protestar delante de las instituciones, por eso, pese a que hablaban de métodos pacíficos, crearon polémicas innecesarias en el movimiento 15M, precisamente, por lo que podía traer a la memoria el simbolismo de convocar la protesta con frases como "tomando el Congreso" y etcétera. Admitámoslo. Pero no es en absoluto comparable una protesta social pacífica, que por lo demás fue brutalmente reprimida, con una revuelta ultra de gente violenta que suele alardear de su ideario conspiranoico mostrándose en videos con armas o al lado de gente armada. Lo que se ha visto en EEUU no puede ser la enésima argumentación derechista española contra el derecho de protesta porque no sé qué que dijo Pablo Iglesias en 2011 o 2013 en su programa de TV y tal y tal. Son cosas distintas: protestar es una cosa e intentar invalidar por la fuerza un resultado electoral es otra, posiblemente, la contraria, porque los ultras patriotas norteamericanos de Trump pretenden una involución que deje a EEUU en una coyuntura aún más propicia para esa represión dura y asimétrica, con mucha brutalidad policial de por medio, que ya suele ejercerse en ese país.

Los manifestantes concentrados delante de la barrera policial desplegada en la primera convocatoria de 'Rodea el Congreso' el 25 de septiembre de 2012. EFE
Los manifestantes concentrados delante de la barrera policial desplegada en la primera convocatoria de 'Rodea el Congreso' el 25 de septiembre de 2012. EFE

Los derechistas españoles comparan también la revuelta violenta del trumpismo con las concentraciones del independentismo catalán durante el otoño de 2017, es decir, con activistas que querían votar y movilizarse pacíficamente (hablo del movimiento popular a favor del derecho a decidir), con catalanistas que defienden sus ideas usando discursos y métodos gandhianos y de desobediencia civil, con gente que ha rechazado la respuesta violenta frente a la violencia policial que sí han recibido, tanto el 1-O como otras muchas veces, incluso con argucias de represión sucia que han buscado infructuosamente presentar a los CDR como terroristas.

Lo siento, pero no hay punto de comparación. Y los referentes ideológicos importan, claro que importan. ¿A los de la algarada ultra de EEUU los habéis visto reivindicar a compatriotas suyos como Henry David Thoreau o Martin Luther King, mentores de la desobediencia civil y de la acción política noviolenta? Qué va. Si invocan algo es ese supuesto derecho consuetudinario del patriota americano que puede ir armado para cualquier cosa, cualquier cosa, incluso para provocar una insurrección armada.

Lo siento por los derechistas españoles de siempre, y más aún por los de reciente conversión que, sin embargo, reciben con agrado la arenga diaria de odio por parte de Federico Jiménez Losantos, esos que quieren hacernos creer que son de derecha moderada, constitucional y patriótica mientras votan a algunos epifenómenos del trumpismo español, como el que en el PP representa Ayuso. La patética hecatombe final de Trump marcará un antes y un después también para el populismo de derechas en España. Lo suyo será verlo declinar. ¿Pero quién sabe?