Dominio público

Mike Pence, de sumiso vicepresidente a 'traidor' de Donald Trump

Roberto Montoya

Periodista y escritor

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el vicepresidente, Mike Pence, en una foto del pasado noviembre, en las primeras valoraciones de los resultados de las elecciones presidencial, en el Salón Este de la Casa Blanca, en Washington. REUTERS / Carlos Barria
El presidente de EEUU, Donald Trump, y el vicepresidente, Mike Pence, en una foto del pasado noviembre, en las primeras valoraciones de los resultados de las elecciones presidencial, en el Salón Este de la Casa Blanca, en Washington. REUTERS / Carlos Barria

Después de 1.446 días a la sombra de Donald Trump el vicepresidente Mike Pence se ha convertido estos días en el gran protagonista de la escena política estadounidense. Republicanos y demócratas han estado y seguirán estando los próximos días pendientes de él.

A él le han reclamado decisiones de calado unos y otros ante la crisis abierta.

A Pence se dirigió desesperado el presidente Trump como último recurso para intentar impedir que la sesión conjunta de las dos Cámaras reconociera oficialmente al demócrata John Biden como ganador de las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre.

"El vicepresidente Pence, en tanto que presidente del Senado, tiene el poder de rechazar electores elegidos de forma fraudulenta", dijo Trump en su cuenta de Twiter.

La función del presidente del Senado era fundamentalmente protocolaria en esa sesión, tal como establece la 12ª Enmienda, donde el Congreso debía certificar los resultados definitivos dados a conocer el pasado 14 de diciembre por el Colegio Electoral por los cuales se proclamó a John Biden como presidente electo.

El papel de Pence se limitaba según la ley a presidir la sesión y abrir los sobres de cada estado y confirmar en voz alta cuántos habían sido los electores obtenidos por cada candidato.

Sin embargo Trump presionaba a Pence para que impidiera ese, el último acto institucional antes de la toma de posesión de Biden como presidente el próximo 20 de enero.

Varios congresistas republicanos habían presentado con ese mismo objetivo sin éxito una demanda ante un tribunal federal con la pretensión de modificar la ley de Recuento Electoral de forma que Pence tuviera capacidad resolutiva. Otros muchos republicanos habían rechazado también los resultados de varios estados aunque no contaban con las mayorías necesarias en las Cámaras para impugnarlos.

Trump criticó la falta de 'valentía' de su vicepresidente

Trump utilizó la presencia de los miles de seguidores a los que había convocado cerca del Capitolio para presionar a quien fue su fiel y sumiso vicepresidente durante cuatro años.

Nunca antes se había producido algo semejante.

"Espero que Mike haga lo correcto. Lo espero, lo espero. Porque si Mike Pence hace lo correcto, ganaremos las elecciones", dijo Trump.

Pero ya antes de empezar la sesión Pence adelantó en Twitter cuál sería su posición: "Es mi juicio meditado que mi intención de apoyar y defender la Constitución me constriñe para reclamar autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben considerarse y cuáles no", aclarando que su papel en esa sesión era "fundamentalmente ceremonial".

Mike Pence, arropado ya en ese momento por no pocos congresistas y senadores republicanos críticos abandonaba el barco de Trump después de haber sido durante cuatro años defensor a ultranza de sus políticas y cómplice de sus arbitrariedades y escándalos.

Nacía así un nuevo Mike Pence. Se quitaba la chaqueta de radical ultraderechista para convertirse mágicamente en un político moderado centro de todas las miradas, que permitía el último paso constitucional antes de la llegada de Biden a la Casa Blanca.

Trump no tardó en descalificarlo ante sus seguidores. Solo le faltó llamarlo traidor. "Mike no tuvo valentía para hacer lo que tendría que haber hecho para proteger a nuestro país y a nuestra Constitución", dijo Trump.

Poco después instaba a los miles de sus seguidores a marchar sobre el Capitolio, lo que terminaría con el violento asalto a la sede de la institución estatal más representativa de la soberanía del pueblo.

En Twitter Pence recibió en pocas horas cientos de mensajes de airados republicanos insultándolo, calificándolo de traidor e incluso amenazándolo de muerte. El grupo más violento de quienes asaltaron el Capitolio lo buscaron, querían vengarse por su 'traición', pero el Servicio Secreto lo había puesto rápidamente a resguardo y solo reapareció al reanudarse horas más tarde la sesión tras ser evacuados los asaltantes.

Los demócratas por su parte también han presionado a Mike Pence. Nancy Pelosi, la veterana demócrata presidenta de la Cámara de Representantes le exigió que invoque la Enmienda 25 de la Constitución para destituir a Trump, advirtiéndole que si él y el Ejecutivo no lo hacen podría poner en marcha un segundo impeachment contra el presidente.

El recurso a la Enmienda 25 no solo la han hecho los demócratas sino incluso sectores del Partido Republicano que están apresurándose a distanciarse de Trump. Ambas son opciones difíciles de ejecutar a tan pocos días del fin del mandato presidencial.

¿Pence, candidato a las presidenciales de 2024?

Hasta esta semana se daba por seguro que Donald Trump al tiempo que intentaba aferrarse al poder por todos los medios se veía ya a sí mismo como candidato presidencial para 2024.

A pesar del malestar que provocó desde el primer momento en el seno del Partido Republicano su particular forma de gobernar y de ganarse más y más enemigos internos y externos, el excéntrico presidente benefició con su política fiscal al gran capital; levantó restricciones medioambientales a la industria; contentó al lobby judío y al lobby evangelista, y consiguió hechizar a su partido durante cuatro años.

Sin embargo, la pésima gestión de la pandemia por parte de su gobierno, la creciente intolerancia y autoritarismo que le llevó a deshacerse de decenas de sus principales colaboradores, civiles, militares, de la comunidad de Inteligencia, y su delirante negativa a reconocer su derrota electoral entorpeciendo el traspaso de gobierno e incitando a la violencia a sus seguidores, terminó resquebrajando el apoyo del establishment republicano y de poderosos patrocinadores empresariales.

Mike Pence vio lo que se avecinaba y empezó en estos últimos meses a hacerse ver cada vez más en actos públicos e internos del partidos.

Muchos observaban sus movimientos. Lincoln Project, un influyente comité creado en 2019 por  destacados republicanos y ex republicanos sumamente críticos con Trump que en estas últimas elecciones llegó a pedir el voto por Biden, emitió hace un mes un vídeo https://www.youtube.com/watch?v=HxBPqCHFCcc&ab_channel=TheLincolnProject que comenzaba así: "Donald, se acerca tu final y Mike lo sabe". Y terminaba con una frase que en estos días estará taladrando la cabeza de Trump: "El 6 de enero Mike Pence pondrá el clavo en tu ataúd político cuando presida la votación del Senado y certifique que Jose Biden ganó. Esto se acabó y Mike Pence lo sabe".

Mike Pence es tan misógino, homófobo, antiaborto, racista y reaccionario como Trump y lo demostró no solo como vicepresidente durante estos últimos cuatro años sino también durante sus años como gobernador de Indiana.

Como recordábamos en estas mismas páginas de Público en junio pasado https://blogs.publico.es/dominiopublico/33359/trump-apuesta-por-la-biblia/ Mike Pence tiene aún más apoyo en el lobby evangelista y el lobby judío que Trump.

Tanto Mike Pence como Mike Pompeo, el secretario de Estado, pertenecen a la agrupación evangelista sionista CUFI (Cristianos Unidos por Israel), que defiende la idea de que al 'pueblo elegido' le pertenece según el Génesis todo el territorio existente entre el río Éufrates y el Nilo. Por lo tanto siempre han defendido la anexión de los territorios palestinos a Israel.

Los lazos ideológicos entre Pence y Trump son fuertes y por ello este primer gran enfrentamiento público entre ellos, de profundizarse, podría tener importantes consecuencias políticas en el futuro.

Ante sus críticos republicanos Trump les responde que es él quien obtuvo más de 74 millones de votos, que es él quien tiene aún muchos más millones de seguidores en Twitter, Facebook y Parler, y que es el mejor para volver a ganar las elecciones en 2024.

Y no pocos piensan que de no tener el apoyo del aparato republicano intentaría que el trumpismo termine formando su propio partido, lo que supondría un verdadero terremoto en la vida política, un partido a la derecha del Partido Republicano, un acontecimiento histórico.

El debate está sobre la mesa y seguramente a partir de ahora se avivará mucho más.

Sería paradójico que lo que siempre soñaron y hasta ahora no llegaron a desarrollar las fuerzas progresistas a la izquierda del anquilosado Partido Demócrata, la formación de un nuevo partido, complicadísimo dado el sistema electoral, lo consiguiera la derecha, creando una suerte de Vox estadounidense.