Dominio público

La caída libre de Ciudadanos, el ascenso por sorpresa de Junts y otras claves para las elecciones de Cataluña

Daniel Vicente Guisado

Politólogo y analista (@DanielYya)

Pere Aragonès, Laura Borràs, Salvador Illa y Carlos Carrizosa.

En el inicio de campaña electoral la correlación de fuerzas era bastante clara. Un triple empate que entraba dentro del margen de error de las encuestas entre ERC, Junts y el PSC; Ciudadanos en cuarta posición a la mitad de camino de los tres anteriores, y cuatro partidos (Comunes, PP, CUP y Vox) luchando alrededor del 7% donde cualquiera podía quedar por delante del resto. En prácticamente ninguna encuesta el PDeCAT obtenía representación, con unos apoyos que oscilaban entre 0 y 2%. Sin embargo, la preelectoral del CIS arrojó un dato importante. Solo un 45,2% de la ciudadanía en Catalunya tenía decidido su voto antes de comenzar la campaña electoral. Uno de cada cuatro lo decidiría en los últimos siete días y un nada desdeñable 13,8% elegiría el sábado o el mismo domingo. Así, parece obvio que la campaña electoral, a priori, ha podido tener una incidencia significativa en el comportamiento electoral. Por ello, repasemos los movimientos más recientes y demos posibles razones que los expliquen.

Probablemente son tres los elementos más llamativos en estos movimientos recientes. El primero de ellos es la continuada caída de Ciudadanos. Desde comienzos del 2020, el partido de Arrimadas en Catalunya parecía haber llegado a su suelo electoral con alrededor del 11% de apoyos. El comienzo de este año con la precampaña, y principalmente a partir del inicio oficial de esta última, ha traído consigo un descenso electoral que hasta el día de hoy no ha podido contrarrestarse. Actualmente se situaría en el 8%, perdiendo la clara posición de cuarto partido y compitiendo con el cuádruple empate por debajo. Hoy, cualquiera de los partidos con menos apoyos puede quedar en cuarta posición. 

Hay varios datos que ayudan a explicar esta tendencia. La primera es la continua fagocitación de los naranjas por parte del PSC. La última encuesta de Sigma Dos apuntaba a que casi un tercio de votantes que optaron por Ciudadanos en 2017 lo harían hoy por el PSC. Una cantidad de transferencia casi idéntica a su tasa de fidelidad (34%). De hecho, el último CEO apuntaba a una fidelidad bastante inferior (23,8%). Una sangría que se complementa con los votos que irán a parar al Partido Popular y a Vox, unas fugas que en función de las encuestas se situarían entre el 15 y el 25%. 

Ciudadanos, además, es uno de los partidos más perjudicados por la abstención diferencial que puede darse entre el bloque de partidos independentistas y no independentistas. Ciudadanos es, junto al PP y la CUP, el partido que registra una mayor caída de la participación segura (esto es, aquellos que afirman que irán a votar "con total seguridad") respecto al 2017. Concretamente, un 18,4% de los que votaron a Ciudadanos en las anteriores autonómicas afirma que hoy no lo harían con total seguridad. El partido de Arrimadas ya no puede jugar la carta antiindependentismo que sí funcionó en 2017 en un clima de alta polarización y con tintes plebiscitarios. Hoy Ciudadanos ya no se percibe como alternativa o como voto antinacionalista, y el PSC ha aprovechado este elemento para hacerse hueco, como muestran las encuestas.

Un hecho que se ha podido ver pronunciado por cierto alejamiento de Ciudadanos de las tesis mayoritarias respecto a la preferencia territorial en Catalunya. Si el partido en 2017 presentaba un electorado bastante transversal en este aspecto, con un cuarto optando por mayor autonomía, un tercio por el statu quo, y otro tercio repartido entre una disminución de las autonomías y un Estado sin ellas, hoy su electorado se ha movido hacia posiciones claramente más centralistas, como se puede observar en el gráfico. Un movimiento bastante opuesto al que ha experimentado el PSC, que ha abandonado unas posiciones cercanas al federalismo para repartir las preferencias territoriales de forma más simétrica entre su electorado. Además de haber visto reforzada su tendencia creciente en los sondeos con Illa, que debe entenderse más como la consolidación de una tendencia de crecimiento previa a su nominación.

Junts es el segundo actor político que ha protagonizado uno de los movimientos más destacables durante la campaña. Su recuperación de voto empieza a tomar rasgos parecidos a los que experimentó durante las últimas semanas antes de las autonómicas del 2017. Si antes de comenzar la campaña la media de estimación de voto lo situaba claramente por debajo del 20%, una cifra importante para competir por la primera posición, hoy su ascenso le coloca a la par de Esquerra. Esto se explica por el cese de fugas hacia ERC que Junts ha conseguido suturar recientemente. Si acudimos a datos del CEO, hace exactamente dos años un tercio de los votantes de Junts declaraba tener intención de votar a Esquerra. En los últimos meses estas fugas han ido reduciéndose. Un 12,1% en noviembre del año pasado y un 2,7% en la última encuesta del CEO en enero. Estos datos que el politólogo Lluís Orriols se ha encargado de dar a conocer evidencian cómo Junts representa una máquina electoral muy importante en Catalunya.

Es difícil de creer que el mismo partido que se situaba en el 15% a comienzos del 2019 hoy esté en condiciones de disputar la victoria tanto en Catalunya como, de nuevo, en el bloque independentista. Hoy Laura Borrás es, después de Illa, la candidata preferida para ser presidenta de la Generalitat, según el CIS, y la que mejor valoración presenta (5,21) entre los candidatos más conocidos. Hay opciones de que esta tendencia se siga reafirmando y este domingo Junts vuelva a dar la sorpresa en el último momento, ya que se halla en una buena tendencia. Un último dato relevante es la desmovilización generalizada a causa de la situación sanitaria y de la reducción de polarización: los votantes de Junts son los menos desmovilizados respecto a 2017 con un -12,3%, según datos del último CIS. 

Y esto nos deja con Esquerra. Su estrategia ha sido la de disputar la hegemonía en el bloque independentista. La colaboración y competición directa con el electorado del PSC quedó desestimada en los primeros compases de la campaña electoral. Sin embargo, Esquerra desde finales del año pasado ha perdido una media de cinco puntos en las encuestas. Aunque su actual fuerza le permite seguir siendo competitiva, su tendencia es claramente descendente. Quizás este resultado responda más a la fortaleza de sus competidores directos (PSC y Junts) y no tanto a una debilidad propia, pero parece obvio que jugar únicamente en el bloque independentista le está perjudicando. A pesar de ello, hoy Aragonés sigue siendo el candidato con más opciones de convertirse en president, ya sea colaborando con su izquierda (PSC) o con su derecha (Junts).

En estas dinámicas cabe destacar dos aspectos. El primero ya se ha anunciado anteriormente. No nos hallamos en 2017, donde la participación rozó el 80%, datos históricos en Catalunya, y por tanto una de las seguridades electorales es que la afluencia será significativamente más baja. Esto responde a dos hechos. El obvio es la situación sanitaria. Un pensamiento coherente sería sostener que una población importante, como son los más mayores, se quedará en casa por miedo a contagiarse. A pesar de ello, recientemente la politóloga Sandra León se encargó de estudiar precisamente la relación entre abstención y coronavirus en las elecciones gallegas y vascas, mostrando que la razón no estuvo vinculada con el miedo al contagio, sino a la insatisfacción política. Así, no fueron los más mayores los que más desmovilización experimentaron. Esto lo podemos observar en el propio CIS. Los dos únicos sectores que presentan un menor porcentaje de participación segura que la media (67%) son los jóvenes de 18 a 24 (49,6%) y de 25 a 34 años (61,4%). Los más movilizados son, precisamente, los mayores de 55 años (71,3%). La caída de participación respecto al 2017 tampoco se da entre los más mayores. Unos datos que pueden apuntar a que este descenso de participación podrá darse, principalmente, entre los más jóvenes.

Por último, tampoco nos encontramos en una situación de alta polarización. Hoy el nacionalismo vive un momento templado con tan solo el 33,5% de la ciudadanía a favor de que Catalunya sea un Estado independiente, según el último estudio del CEO. Es la cifra más baja desde el 2013, año en el que se alcanzó el pico del 48,5%. Además, las relaciones entre Catalunya y España solo es el principal problema que tiene el territorio para el 27,2%, cuando hace tan solo 11 meses lo era para el 35,7%. Del primero al tercer problema principal en menos de un año. A pesar de ello, es patente la intención de los partidos independentistas por reavivar este eje de competición. Así lo evidencian los últimos guiños por parte de Esquerra al rechazar un tripartito de izquierda o el manifiesto firmado por todos los partidos independentistas para rechazar cualquier tipo de apoyo de investidura al PSC.

En definitiva, estamos ante una situación que, aunque diversa, no parece ser radicalmente diferente a la del 2017. Las transferencias siguen siendo intrabloques, a pesar del derrumbe de Ciudadanos y de la baza novedosa de un PSC en condiciones de disputar la victoria con Illa como candidato. Y el conflicto nacionalista sigue siendo determinante, a pesar de una clara revalorización del eje ideológico con el impacto de la pandemia, que ha provocado poner encima de la mesa aspectos sanitarios y la calidad de los servicios públicos.