Dominio público

Sin mujeres no hay futuro ni progreso económico

Pedro Casares Hontañón

Portavoz de Economía del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, diputado por Cantabria, y Secretario de Ordenación Territorial, Vivienda, Infraestructuras y Transportes del PSOE

Este 8 de marzo debemos alzar la voz de forma distinta, pero no diferente. No saldremos masivamente a las calles, pero podemos reivindicar con la misma fortaleza el valor de nuestra firme convicción de que sin igualdad no podemos avanzar ni como país, ni como sociedad, pero tampoco como democracia.

La pandemia de la COVID19 nos obliga a buscar formas distintas de expresar nuestro compromiso con el progreso de los derechos y oportunidades de las mujeres, que son los de todos, para reequilibrar y acabar con la más antigua de las desigualdades, la que discrimina a unas por debajo de otros desde el nacimiento, única y exclusivamente por razón de sexo.

En ese compromiso con la igualdad, que debe ser compartido por toda la ciudadanía, no nos detendrán quienes no creen en ella y que con el objetivo de desdibujarla de la agenda política y de las prioridades de nuestro país intentan, nuevamente, convertir el 8M en una caza de brujas mientras ellos se manifiestan por todo lo que creen, como creen y cuando creen, sin que para ellos exista en su ideario pandemia alguna. Las medidas sanitarias son para todos también por igual, también para la extrema derecha, que vuelve a querer poner en el foco de un debate perverso y confuso al 8M. Una nueva manifestación de machismo que demuestra que aún queda mucho camino para alcanzar la igualdad real y efectiva.

Una meta para la que también la crisis sanitaria, económica y social ha sido un obstáculo, porque ha afectado más a las mujeres que a los hombres, que han visto y sufrido en primera persona cómo aumentaban todos los indicadores que marcan esa desigualdad de género que debemos combatir. Son más mujeres las que proporcionalmente han perdido un empleo, las que han sufrido un ERTE o las autónomas que han visto cómo sus proyectos profesionales se frustraban. También han sido ellas las que han tenido que duplicar esfuerzos, las que han tenido que compaginar el teletrabajo con las tareas del hogar, con los cuidados de sus mayores y las atenciones y la educación de sus hijos e hijas. Es decir, dedican muchas más horas que los hombres a trabajos por los que no son remuneradas, y son ellas también las que se han auto exigido y a las que han exigido renuncias en su vida personal, en su vida profesional, para poder adaptarse a esta nueva realidad que ha traído consigo el virus. Una pandemia económica para las mujeres que han comprobado de nuevo cómo las crisis siempre les impactan doblemente.

Pero es también desde un punto de vista económico desde el que no podemos renunciar a las ideas, a la fuerza, a la energía, al talento y a la capacidad de las mujeres para salir de esta crisis económica y social, pero ante todo, para construir la sociedad de futuro que queremos dejar a las próximas generaciones. Los datos lo demuestran: cuando en una sociedad se da a las mujeres mayores cuotas de poder, de relevancia, de oportunidades para participar en el ámbito social, económico y productivo, se progresa más y mejor, con mayores cuotas de bienestar para el conjunto.

Mucha es la tarea que tenemos por delante y en la que tenemos que centrarnos para erradicar la desigualdad, con un reparto más igualitario de las tareas no retribuidas, la promoción de la igualdad de género en todos los ámbitos económicos, productivos y empresariales o en la eliminación de la brecha salarial. Por todas esas razones, también este 8 de marzo debemos defender el papel de las mujeres en el avance de nuestro país, y de nuestro modelo de crecimiento, porque sin ellas no concebimos un futuro de progreso.