Dominio público

El debate mentiroso del déficit

 

ROBERT REICH

Exsecretario de Trabajo de EEUU. Catedrático de Políticas Públicas en la Universidad de Berkeley. Autor de ‘Aftershock’

http://robertreich.org/

Ilustración de Enric Jardí

Traducción de Cristina Gallegos

Un amigo que ha estado observando las absurdas intrigas en el Congreso, me preguntó: "Qué pasa si no podemos resolver la crisis presupuestaria y nos quedamos sin dinero para pagar las cuentas nacionales?". Sólo entonces me di cuenta de lo efectivas que han sido las mentiras de los republicanos. Porque el hecho de que estemos llamando al problema "crisis presupuestaria" y preocupándonos por si no lo solucionamos y no pagamos las cuentas nacionales es el legado que prueba el éxito que han conseguido los republicanos distorsionando la verdad.
El déficit en los presupuestos federales no tiene ninguna relación económica con el límite de endeudamiento. Los republicanos los han relacionado, algo en lo que ha cooperado la Administración, pero son conceptos completamente distintos. Los republicanos están usando algo que en otra situación sería considerado rutinario: usar los votos técnicos legales para aumentar el límite de la deuda como medio para mantener a la nación como rehén con el fin de conseguir sus objetivos políticos de reducir el tamaño del Gobierno federal.
Hablando en términos económicos, no nos habremos quedado sin dinero esta semana. Todavía somos la nación más rica del mundo, y la Reserva Federal tiene capacidad ilimitada para imprimir dinero. No hay ninguna necesidad acuciante de alcanzar un acuerdo mañana sobre cómo arreglar el déficit presupuestario. De hecho, ni siquiera está claro que los presupuestos federales necesiten ser ajustados.
Sí, la deuda nacional es alta en relación a lo que ha sido. Pero ni por asomo es tan alta como lo fue después de la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzó un 120% del PIB. Siempre y cuando la economía comience a crecer más rápidamente –si más norteamericanos consiguen trabajo y avanzamos hacia una recuperación económica total–, el ratio entre deuda y PIB caerá, como ocurrió en los años cincuenta, y se llevará a cabo una recuperación sólida. Las rentas públicas acabarán en Hacienda y la mayor parte de la actual "crisis presupuestaria" se desvanecerá. ¿Lo entendéis? Estamos en una crisis de trabajo y de crecimiento económico, no en una crisis presupuestaria.
Y la mejor forma de conseguir aumentar el empleo y volver a crecer es que el Gobierno Federal gaste más ahora mismo, no que gaste menos –por ejemplo, mediante la exención de pago de los primeros 20.000 dólares del impuesto sobre los sueldos durante este año y el próximo; la reinstauración de la Agencia para el Progreso del Trabajo y el Cuerpo Civil de Conservación; la creación de un banco para infraestructuras; incentivos fiscales a la contratación de trabajadores; la ampliación del crédito por Ingresos del Trabajo; e iniciativas similares–.
Pero ¿qué pasará esta semana si el Congreso no entrega o no puede entregar al presidente un proyecto de ley para aumentar el límite de la deuda? Recuerden: todo esto es política mezclado con tecnicismos legales. La economía no tiene nada que ver con esto.
Una posibilidad es que Hacienda continúe pagando la deuda pública a toda costa. Se continuarían expediendo letras del Tesoro, que son los pagarés de nuestra nación. Cuando estos pagarés sean cobrados por la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, harán lo que siempre se ha hecho: pagarlos.
¿Cuánto tiempo podría continuar esta situación sin que se disipe el límite de la deuda? Esta es una cuestión legal. En el Congreso, los republicanos pueden organizar una disputa legal, pero ninguna Corte en su sano juicio detendría a la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de honrar toda la fe y crédito de Estados Unidos.
El factor imprevisible es qué harán las tres grandes agencias de rating. Tan pronto como los federales cobren los pagarés, el crédito americano será considerado sólido. Después de todo, no somos Grecia o Portugal. Todavía somos la nación más rica del mundo; nuestra divisa es la base sobre la que se realiza la mayor parte de operaciones comerciales del mundo.
Standard & Poor’s ha advertido que bajará de categoría de la deuda nacional de triple A a doble A si no nos preocupamos de solucionar el déficit a largo plazo. Pero, como he señalado, Standard & Poor’s no tiene intención de entrometerse en las políticas norteamericanas –especialmente desde que su propia irresponsabilidad fue culpable en parte del tamaño de la deuda federal (si hubieran hecho su trabajo, la deuda y la burbuja inmobiliaria no se habrían precipitado hacia esta terrible recesión, ni hubiera sido necesario el desembolso federal para hacerle frente).
Siempre y cuando paguemos nuestras deudas a tiempo, nuestros acreedores mundiales estarán satisfechos. Y si ellos están satisfechos, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch lo estarán también. Repitan conmigo: el déficit federal no es el mayor problema de la nación. La débil recuperación, el enorme desempleo, la caída de los salarios y el declive en el precio de las viviendas son problemas mayores. No tenemos una crisis presupuestaria. Tenemos una crisis de empleo y crecimiento.
Los republicanos han elaborado una crisis presupuestaria a partir de sus abusivas demandas sobre la elevación del límite de la deuda. Y han tenido éxito engañando a la ciudadanía, mi amigo incluido.