Dominio público

Cinco razones para un indulto

Los doce encausados durante el juicio en el Tribunal Supremo contra el procés independentista. A la izquierda, arriba, el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, quien dirigió la acusación popular. | EFE
Los doce encausados durante el juicio en el Tribunal Supremo contra el procés independentista.- EFE

Sin desconocer la complejidad emocional de la cuestión, sin ignorar que la iniciativa del Gobierno es solo, aunque también nada menos que, el punto de partida para tratar de restaurar un clima político que permita superar la ruptura entre catalanes y de una buena parte de ellos con la España constitucional, deseo en las líneas que siguen sintetizar los argumentos que me llevan a respaldar, con plena convicción, la iniciativa del Presidente Sánchez. Estas son mis cinco razones para un indulto:

Primera. Como incluso esto se ha llegado a cuestionar, conviene comenzar por recordarlo: la facultad de indultar es una competencia que la Constitución atribuye al Gobierno. El ejercicio del "derecho de gracia" es una manifestación más, expresamente reconocida, de la potestad general de "dirección de la política" que aquella encomienda al Ejecutivo. No de cualquier modo, sino de acuerdo con los términos establecidos en la ley. Como lo han hecho los diversos Gobiernos desde 1978. También ante supuestos excepcionales, también valorando discrecionalmente las razones de utilidad pública que concurrían en cada caso. Porque es el Gobierno democrático el que está en las mejores condiciones de valorar la oportunidad de tomar una decisión de esta naturaleza. Hoy se discute la legitimidad de lo que no se discutió en el pasado.

Segunda. El indulto se presenta como el principio del fin de una situación de confrontación que el Gobierno actual hereda de la etapa anterior. En ella, quien entonces era el líder de la oposición mostró con quien ostentaba el Ejecutivo una lealtad indiscutible en los momentos más difíciles. Junto a la legitimidad constitucional concurre, por tanto, una singular legitimidad política de quien toma ahora esta iniciativa. Tal vez no se destaque lo suficiente.

Tercera. Algunos de los que se oponen al indulto estiman que su exclusión sería un signo de fortaleza de nuestra democracia, del Estado de derecho. En mi opinión, es al revés: como nuestra democracia es fuerte puede ser generosa. El indulto llega una vez que los órganos del Poder Judicial han cumplido con su deber de interpretar y aplicar la ley, se discrepe o no de su resultado. La misma democracia constitucional que prescribe y regula esa potestad abre ahora, en favor del Gobierno, un espacio posible de valoración de las consecuencias políticas que una sentencia como la del procés comporta. Solo a él le corresponde esto último, y lo hace desde una posición de fortaleza institucional. No hay debilidad en el indulto, es expresión de la superioridad moral de la democracia.

Cuarta. Es obvio que este indulto trasciende a las personas a las que se puede dirigir y beneficiar. El juicio sobre su idoneidad no puede limitarse a la incidencia en ellas. Se trata de una iniciativa de alcance político general cuya principal o primera destinataria es la sociedad catalana en su conjunto. Hay alivio en el perdón. Por ello, cabe esperar que contribuya a mejorar la convivencia, a reducir la fractura, en beneficio de todos: me atrevo a decir que también de los que, desde una u otra óptica, discrepan hoy de la medida.

Quinta. El acercamiento, la aproximación, el diálogo... son el único camino para el reencuentro. El designio de la democracia, y de la Constitución del 78 en particular, desde su misma génesis, es perseguir la integración a través del diálogo. Y lo que más se aleja de ella es complacerse en la confrontación o permanecer impasible ante sus efectos. El diálogo presupone tanto la discrepancia como el respeto a la misma y la voluntad de encauzarla. La confrontación, una confrontación permanente como la que ha caracterizado los últimos tiempos, conduce a la negación del otro cuando no al rechazo o incluso al odio. Conjurar este riesgo, el de que se envenene la convivencia entre nosotros durante lustros, nos compromete a todos. El indulto es el principio del camino, o puede serlo, y esto solo ya, en mi opinión, lo justifica.

En definitiva, la iniciativa del Gobierno me parece constitucionalmente legítima, justa, animada por la mejor intención y oportuna, inteligente. La política es precisamente, eso, iniciativa, solo con ella se puede aspirar a cambiar las cosas.