Dominio público

El discreto ascenso de Yolanda Díaz

Yolanda Díaz, hace unos días. EFE/ Jero Morales

Es habitual que los éxitos se cuezan a fuego lento, en cocinas importantes, pero alejadas de los focos. Por eso siempre es conveniente desconfiar de grandes titulares y de palabras grandilocuentes; suelen esconder egos y medias verdades y rara es la vez que hacen justicia a quienes trabajan en la sombra para hacerlos posibles. Meros trampantojos.

Este sábado estival, antesala de una extraordinaria ola de calor y horas después del día nacional del chuletón (aten ustedes cabos medioambientales, que los hay), Pedro Sánchez ha puesto a su Gobierno patas arriba. La campaña del ministerio de Consumo encaminada a reducir el consumo de carne (que por cierto llega seis años tarde respecto de las recomendaciones de la OMS) puso la cruz a Alberto Garzón en las casillas de candidatos a abandonar el Gobierno en una crisis de Gobierno que llevaba algo más de un mes siendo inminente y que mantenía a todos sus miembros en la interinidad.

Sin embargo, ni Garzón ni ninguno de los otros cuatro ministros de Unidas Podemos han perdido sus carteras, a pesar de que el ala socialista del Gobierno aspiraba a una remodelación más amplia que tocara también al flanco morado y del nerviosismo que se respiraba entre los ministerios del PSOE. La negociación se ha desarrollado esta semana entre el presidente y Yolanda Díaz. Intensa y discretamente; tanto que aunque el viernes, horas antes de hacer oficial el cambio del Ejecutivo, ya se había alcanzado un acuerdo, no hubo filtración alguna y todo se desarrolló de acuerdo al guión pactado.

No es la primera vez y tampoco será la última. Posiblemente por eso Díaz ha sido promocionada a la vicepresidencia segunda con la misma naturalidad que ella exhibe y apenas cuatro meses después de haber accedido a la tercera. Y ahí no ha habido negociación ni pelea —no es el estilo de la ferrolana—, como tampoco las hubo tras la marcha de Pablo Iglesias, aunque esto implicara que Nadia Calviño, el perfil más neoliberal del Gobierno de coalición (con permiso de Escrivá) y el hueso más duro de roer en las negociaciones sociales de la ministra de Trabajo, adelantara a Díaz por la derecha para ocupar la vicepresidencia segunda en aquel momento.

Sánchez sabe que Yolanda Díaz es un valor seguro y que puede sacarle de más de un apuro gracias a su talante conciliador y a sus habilidades negociadoras. No sólo lo ha demostrado como ministra de Trabajo (ha pactado con sindicatos, patronal y también internamente en el Gobierno los ERTE y sus posteriores prórrogas, el primer incremento del Salario Mínimo Interprofesional, SMI, a 950 euros, la regulación del teletrabajo, la 'ley rider', etc.). También ha intervenido en asuntos que se escapan al ámbito laboral, pero que son cruciales para la salud de la coalición. Ocurrió sin ir más lejos con la 'ley trans', cuando tuvo que remangarse para lograr su desbloqueo junto con el propio Sánchez. Pero también con el precio de la luz o con la ley de Vivienda. Y, por supuesto, con la nueva subida del SMI, sobre la que Calviño ya volvió a verter el pasado martes un jarro de agua fría en la rueda de prensa del consejo de ministros.

Yolanda Díaz es la ministra mejor valorada por los ciudadanos, por encima incluso del propio presidente, según el último CIS. Su principal piedra en el zapato es Nadia Calviño, otra gallega con cuya oposición se ha topado en negociaciones claves como la del SMI o, hace ya meses, la de la reforma laboral. Con la remodelación de Gobierno de este sábado, podría decirse que ambas ganan: Calviño asciende a la vicepresidencia primera, pero no asume más poder ni competencias nuevas; Yolanda Díaz asciende a la vicepresidencia segunda, logra mantener todos los ministros de Unidas Podemos y seguirá siendo la baza negociadora de Sánchez. Calviño pierde a una de sus grandes aliadas en el Gobierno, Isabel Celáa; Díaz, también, con la salida de José Luis Ábalos.

Sin embargo, la llegada de Félix Bolaños al ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática en sustitución de Carmen Calvo puede ser un elemento de apoyo para Yolanda Díaz.

Bolaños, uno de los hombres de máxima confianza del presidente, es también un gran negociador en la sombra; tan en la sombra, que cuando los periodistas le preguntan, suele contestar con un emoticono en el que aparece una cara con la boca cerrada por una cremallera, informa Manuel Sánchez. Como Díaz, es abogado laboralista y ha participado en las negociaciones más difíciles del Gobierno, desde la exhumación de Franco del Valle de los Caídos hasta los trabajos para diseñar la desescalada tras el confinamiento. Es, además, quien se ha ocupado hasta ahora de enfriar los enfrentamientos con Unidas Podemos cuando el tono se elevaba demasiado. Un socialdemócrata muy de partido, pero que siempre lleva las luces largas, algo que encaja muy bien con la manera de afrontar la política de Yolanda Díaz. Y, desde ahora, será quien controlará y decidirá lo que va o no al consejo de ministros.

A Calviño, por contra, más allá de María Jesús Montero en momentos puntuales y del propio Sánchez en otros, no le quedan grandes amigos en el Gobierno.

Calviño y Díaz, Díaz y Calviño. Los dos puntales del nuevo Gobierno. A la izquierda, Díaz; a la derecha, Calviño. Y en el centro, Sánchez. Esa va a ser la foto que desde ahora vamos a ver en repetidas ocasiones. Y no está exenta de simbolismo. A nadie sorprende que, sobre todo tras los indultos a los presos del procés, Pedro Sánchez busque que se le ubique ideológicamente en el centro. Aún quedan dos años de legislatura. Y el presidente ha comenzado ya a tejer los mimbres de la siguiente.