Dominio público

Un nuevo ciclo para las izquierdas 101 años después

Sato Díaz

Varias personas sostienen banderas del PCE, en la fiesta del centenario del partido, en Rivas-Vaciamadrid. E.P./Jesús Hellín
Varias personas sostienen banderas del PCE, en la fiesta del centenario del partido, en Rivas-Vaciamadrid. E.P./Jesús Hellín

"¡Nooooo!", gritaron miles de personas. 26 de septiembre a primera hora de la tarde, el sol quemaba en el auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid. En el escenario, Silvio Rodríguez cantaba El Necio y acababa de entonar la famosa frase: "Dicen que me arrastraran por sobre rocas, cuando la revolución se venga abajo". Y gritaron: "¡Nooooo!".

El PCE cumplía 100 años y lo celebraba por todo lo alto. Por estas latitudes, la revolución debe de estar todavía por llegar, pero el PCE finaliza las conmemoraciones del centenario y ya se interna en un debate que culminará con un Congreso en primavera que influirá en toda la izquierda política en un momento clave. Cambio de ciclo, y los partidos, las fracciones y los ‘aspirantes a’ quieren tomar posiciones para lo que tenga que llegar.

Más allá de lo litúrgico de quien cumple 100 años (yo he conocido a poca gente), el PCE analizará si va por el buen camino, teniendo en cuenta que la meta del partido es la revolución para conseguir una sociedad sin clases como máxima representación de la justicia social. Spoiler: los oficialistas se felicitan por el trabajo bien hecho; los críticos se echan las manos en la cabeza. Los primeros argumentan que el PCE está en uno de los momentos más influyentes de su historia, contando, incluso, con dos ministros en el Gobierno del Estado. Los segundos, concluyen que esto no está sirviendo para desarrollar la meta de poner fin a las injusticias capitalistas.

Desde este conflicto, se hará una revisión de las tesis aprobadas en el anterior Congreso hace cuatro años, renovadas por una Conferencia Política hace un par de años. En ello ya trabaja una Comisión sugerida por la dirección que elaborará unos documentos para someterlos a debate en un Congreso que ha de convocarse todavía por el Comité Central (chupito si has pensado en Manuel Vázquez Montalbán) de diciembre o enero.

Y es que en estos cuatro años la cosa ha dado para revisar la coyuntura, un periodo que va desde poco después del entendimiento de IU con Podemos hasta los prolegómenos del proyecto de Yolanda Díaz, pasando por la entrada en el Gobierno de coalición del Estado el pasado enero del 2020. Frente amplio, llaman, de momento, los comunistas a "lo de Yolanda Díaz" a raíz de un artículo del escritor e histórico del PCE Felipe Alcaraz, que vio la luz precisamente en Público allá por el mes de agosto.

En el PCE ven con buenos ojos lo que la vicepresidenta está promoviendo, una confluencia amplia de actores políticos progresistas que esté en condiciones de apelar a mayorías, de engrandecer el espacio y de intentar hablar de tú a tú al PSOE en una futura negociación de composición de gobierno. Sin embargo (y como viene pasando en la izquierda durante la última década) el cómo, con quién y cuándo de las confluencias políticas será motivo de ríos de tinta, de peleas y de abrazos.

Y este será uno de los grandes debates en el Congreso comunista de la primavera. ¿Apostará el PCE por dar Unidas Podemos por muerto y trascender a algo nuevo? El debate de las matrioskas: un militante del PCE lo es, al mismo tiempo… de IU (organización en la que está incluida el partido, de la cual es el partido mayoritario, pero en la que hay un gran número de independientes que superan a los militantes del PCE); de Unidas Podemos (coalición formada por Podemos, IU, Alianza Verde y los comunes catalanes, principalmente); y del nuevo Frente Amplio (o como se llame lo que acabe liderando Díaz).

En el PCE (tanto el sector oficialista con la actual dirección de Enrique Santiago, como los críticos) asumen que el ADN del partido está en la convergencia y búsqueda de acuerdo con otros partidos y, para ello, ponen como ejemplo el Frente Popular de la II República. Sin embargo, hay matices. Desde un punto de vista identitario hay quien no soporta que el nombre del PCE quede diluido en un maremágnum de siglas y fuerzas políticas en una misma papeleta (como le pasaba a Podemos en su nacimiento, pero por otros motivos). Desde un punto de vista materialista, porque hay quienes opinan que los objetivos políticos del partido (el socialismo) pueden quedar relegados a un segundo plano en un sinfín de estrategias y tácticas de diversas fuerzas políticas.

Otros debates tendrán lugar en el seno de los comunistas durante los próximos meses. Las tesis de la dirección actual serán discutidas por las antítesis críticas que se presenten y trabajarán para llegar a puntos de acuerdo (síntesis). La aceleración que ha supuesto el siglo XXI ha hecho que el miedo y la inseguridad se apoderen del debate político. El rojipardismo ha cogido fuerzas en el seno de las izquierdas como la ultraderecha lo ha hecho en las sociedades contemporáneas. El Congreso del PCE (como el del PSOE el pasado mes de octubre, al fin y al cabo ambas organizaciones son históricas y asumen problemas finiseculares) tendrá que dar respuesta a cuestiones relativas con nuevos derechos para nuevas realidades.

La izquierda teorizó el 15M y la oleada de protestas posteriores como una crisis de régimen. La estructura política vigente hace una década no era capaz de satisfacer las necesidades de una nueva generación que iba a vivir peor que sus padres. Las instituciones estaban hasta las trancas de corrupción. La explosión de la burbuja del 2008 evidenciaba que el capitalismo no tenía sentido. Con estos argumentos y diez años después, la cuestión si se ha resuelto la crisis de régimen (y la han ganado los malos) y se ha cerrado la ventana de oportunidad o si, por el contrario, todavía permanece y cabe aprovecharla para instaurar cambios más solemnes.

Un debate difícil en el seno del PCE. Se avecinan tiempos complejos tras la crisis total (económica, social, política, institucional, ecológica…) evidenciada con la tragedia de la pandemia de covid-19. Asumiendo que los fondos europeos no van a solucionar los problemas que se vienen, ¿cuál es el margen de maniobra y de influencia estando en el seno del Gobierno? ¿Hasta qué punto vale la pena asumir las contradicciones de participar en el Ejecutivo con un partido, el PSOE, que tenía hace unos años unos puntos de partido totalmente contrarios? ¿Se ha llegado a un momento en el que la síntesis con el PSOE permite continuar avanzando conjuntamente con los de Pedro Sánchez? ¿Se pueden cambiar las cosas sin atreverse a gobernar? ¿Se puede estar agitando las calles al mismo tiempo? Preguntas que el XXI Congreso tendrá que responder.

El debate del PCE que asumirá en los próximos meses será poliédrico y, por tanto, interesante. Y tendrá capacidad de influencia en una izquierda que, en el Estado español, siempre ha estado influenciada por lo que ocurría en el seno del partido (por simpatía o antipatía). El actual secretario general, Enrique Santiago, tiene a su favor el haber llevado al PCE a altas cotas de influencia. Es tenido en cuenta por Yolanda Díaz, escuchado y respetado en buena parte de la dirección de Podemos, pieza indiscutible en el seno del grupo parlamentario de Unidas Podemos, secretario de Estado (de Agenda 2030, del ministerio de Ione Belarra) de un Gobierno que cuenta (por primera vez desde la II República) con ministros con carné comunista (Díaz y Alberto Garzón). Santiago, además, es apoyado por la principal federación (Andalucía tiene más del 40% de la afiliación). Pero los críticos advierten de que hay desafección entre las bases porque no se han sentido cuidadas en este constante pisar el acelerador.

"Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios que será divino,
yo me muero como viví", cantaba Silvio en Rivas el pasado septiembre. Estos versos pasaron más desapercibidos, pero quizás reflejen mejor cómo la militancia comunista vive el día a día. Comienza el debate en el PCE, arranca un nuevo ciclo para las izquierdas 101 años después. Primera estación, Andalucía.