Dominio público

La ‘mayoría consti’ de PSOE, PP y Unidas Podemos

Sato Díaz

Vista general del acto institucional por el Día de la Constitución en el Congreso de los Diputados. E.P./Eduardo Parra
Vista general del acto institucional por el Día de la Constitución en el Congreso de los Diputados. E.P./Eduardo Parra

"Una de las dos Españas ha de helarte el corazón". El poema Españolito de Antonio Machado es un clásico de los análisis políticos, pues el poeta definía España política y socialmente en base a una dicotomía de contrarios que se materializó en la trágica Guerra Civil (fascistas y rojos) y en la permanencia durante décadas del sometimiento binario ‘vencedores-vencidos’. Hoy, la comprensión política de España es mucho más compleja y la división político y social de la misma tiene una enorme gama de matices y de colores que nos alejan del ‘blanco o negro’.

Sin embargo, tal y como teoriza el periodista Enric Juliana en algunos de sus artículos en La Vanguardia, existen unos surcos que se transmiten a lo largo de la historia y que son percibidos en la situación política de diferentes momentos históricos, unas tensiones que permanecen. De tal modo, hay unos bloques políticos constituidos en torno a mayorías sociales que se repiten y que tienen unas connotaciones puramente españolas, atávicas, que no se pueden simplificar en el conflicto progresistas-conservadores de otros países del entorno.

Y es que, en el Estado español, todo análisis político ha de tener en cuenta la cuestión territorial y la plurinacionalidad del mismo. En el Estado español, por tanto, la bifurcación podría ser algo así como nacionalismo español, por un lado, y lo que desde esta perspectiva conservadora y centralista se podría conocer como "la antiespaña" (los enemigos de España, es decir las izquierdas y los soberanistas de las naciones sin Estado).

Poniendo el foco específicamente en la actividad parlamentaria (como espacio de expresión y de representación de la complejidad política que hay en la sociedad) las mayorías que se han  ido dando durante los últimos años son muy elocuentes. Echamos la vista atrás para recordar cómo el 27 de octubre de 2017 la suma de PP y PSOE (junto a Ciudadanos y algunas derechas regionales aliadas del PP) aprobaba en el Senado la aplicación del artículo 155 sobre Catalunya como forma de poner freno al independentismo que acababa de declarar la independencia.

El bloque de PP y PSOE tuvo otro gran hito histórico en agosto del 2011 cuando reformaron el artículo 135 de la Constitución para que toda administración pública adecuara sus actuaciones en base al principio de estabilidad presupuestaria.

Estas mayorías reflejaban una realidad política, el bipartidismo, que había imperado durante décadas y que se había turnado en el poder político desde la Transición. El PSOE y el PP conformaban un bloque histórico que se podría llamar "de Estado", garantes del orden, escuderos del Régimen del 78 y la monarquía. Este bloque histórico entró en crisis, precisamente, entorno al 2011, cuando estalla en 15-M como mejor ejemplo de la crisis de legitimidad del sistema político español, en un momento de incremento de la falta de credibilidad en las instituciones (el caso paradigmático de la corrupción que empezaba a salpicar con fuerza a la monarquía) y con la explosión de las grandes manifestaciones independentistas que derivarían en el 1-O.

El bloque bipartidista recibía el principal ataque allá por 2015, con la fuerte irrupción de Podemos en el Congreso. Pero la inercia que le mantenía al frente del Estado era muy fuerte y, aunque había una mayoría progresista y plurinacional salida de las urnas en diciembre de ese año, esta no se consolidaría hasta 2018. Para que esto sucediera, hizo falta una repetición electoral y la defenestración de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE para mantener viva la llama del bipartidismo, al mismo tiempo que se profundizaba en los ataques de las cloacas del Estado a Podemos y el independentismo. Sería a finales de mayo y principios de junio de 2018 cuando los bloques cambiaron con la moción de censura a Mariano Rajoy.

El ‘bloque de la moción de censura’ que llevó a Sánchez a La Moncloa estaba compuesto por 180 diputados de PSOE, Unidas Podemos, ERC, PDeCat, PNV, Compromís, EH Bildu y Nueva Canarias. Una mayoría con tres características principales: la primera, la pluralidad de sus componentes con grandes diferencias políticas entre ellos; la segunda, su carácter progresista; la tercera, el peso plurinacional. Este ‘bloque o mayoría de la moción de censura’ se definía, sobre todo, por lo que tenía enfrente: el ‘bloque monárquico o nacionalista español’ de PP (y sus aliados territoriales) y Ciudadanos. Vox todavía no había entrado en el Congreso.

El movimiento del PSOE a asumir que el bipartidismo había muerto presentando la moción contra Rajoy abrió una nueva etapa de entendimientos y alianzas que se reprodujo a finales del 2019 (también tras una repetición electoral ante la primera negativa socialista a que Unidas Podemos pudiera entrar en el Gobierno) cuando se conformó el Gobierno de coalición con ‘la mayoría de la investidura’, muy similar a la de la moción y con las mismas características. Esta ha sido ampliada el año pasado y este al sumar a nuevos diputados que han apoyado los Presupuestos anuales, ‘la mayoría de los presupuestos’.

Sin embargo, durante las celebraciones de este lunes en el Congreso del 43º aniversario de la Constitución se ha podido ver otra mayoría alternativa a la que gobierna, la conformada por PSOE, PP y Unidas Podemos, a la que llamaremos ‘la mayoría Consti’. Son, principalmente, las formaciones (las dos de Gobierno y la que lidera la oposición) que han tenido presencia en el acto de homenaje a la Carta Magna y la han reivindicado. La ultraderecha de Vox ha boicoteado el acto como una forma de profundizar en su estrategia pirómana de acabar con todo para simular ser un partido antisistema (contrario al ‘consenso progre’) e intentar pescar votos en el caladero del cabreo.

Por su parte, los partidos independentistas y soberanistas reflejados en el Acuerdo de la Llotja de Mar (ERC, CUP, JxCat, EH Bildu, BNG, Més per Mallorca y Més per Menorca), como es habitual, tampoco han acudido a reverenciar a una Constitución que no reconoce sus derechos nacionales y en nombre de la cual se reprimen sus intentos por ejecutar el derecho a la autodeterminación. Tampoco lo ha hecho el PNV, que profundiza en su estrategia en favor del derecho a decidir del pueblo vasco ante el avance político que está protagonizando EH Bildu en Euskadi.

‘La mayoría consti’ suma un total de 243 diputados de 350 y ya operó el pasado mes de octubre cuando llegaron a acuerdos para renovar los cargos caducados en los órganos constitucionales (Tribunal Constitucional, Defensor del Pueblo, Tribunal de Cuentas y Agencia de Protección de Datos). La suma de los diputados de los dos partidos del Gobierno y del principal grupo de la oposición permitiría una reforma constitucional, al sumar más de dos tercios. Sin embargo, a pesar de que se ha manifestado conjuntamente en dos ocasiones en las últimas semanas, sigue siendo muy contradictorio.

No es ningún secreto que el PSOE extraña y anhela un PP responsable que permita llegar a grandes acuerdos y reestablecer un acercamiento a aquel pasado bipartidista en el que tan cómodo se sentía. Sin embargo, el PP no está en esta estrategia de grandes pactos en un momento en el que ha conseguido casi eliminar del tablero político a Ciudadanos y prioriza la disputa por el electorado con la ultraderecha de Vox, lo que lleva a Pablo Casado a posiciones escoradas muy próximas a los ultras.

Por último, el tercer elemento, Unidas Podemos, ha hecho un viraje enorme hasta convertirse en un partido de Gobierno en el Estado. Y aunque haya llegado al Gobierno, buena parte de las estructuras del Estado (judiciales, policiales, militares, mediáticas, empresariales…) siguen siendo hostiles a su presencia en el mismo. Además, su electorado es mayoritariamente republicano y desea un proceso constituyente.

Cuando ‘la mayoría Consti’ actuó para la renovación de los cargos de los órganos constitucionales hace unas semanas, desde Unidas Podemos argumentaban que "se tragaban el sapo (de situar a Enrique Arnaldo o Concepción Espejel como magistrados del Tribunal Constitucional)" para desbloquear la negociación del CGPJ. Y, sin embargo, el PP, de momento, no ha desbloqueado nada y pone en debate que el Gobierno actuó con ingenuidad, tal y como hizo con el nombramiento de los miembros del Consejo de Administración de RTVE.

Lo que refleja ‘la mayoría Consti’, sin duda, es una evidencia: la mayoría o el bloque que sustenta al Gobierno no hace lo propio con la Constitución de 1978. Y esto conduce a una certeza. Si la izquierda quiere gobernar en el Estado, necesita de los apoyos de las fuerzas soberanistas e independentistas. O, lo que es lo mismo, si ‘la mayoría Consti’ sigue sin entenderse, habrá de salir reforzado ‘el bloque de la investidura’. Para ello, es necesario que se afronte un debate en profundidad sobre la plurinacionalidad del Estado.