Dominio público

Mañueco se juega el fin de su caudillismo en la España Vaciada

María José Pintor

Redactora jefa de Público

Mañueco junto a Francisco Igea. (EFE/Nacho Gallego)

Lleva más de tres décadas en política –que, a sus 56 años de edad, indica que es lo único que sabe hacer– y el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, deja como aficionados en las malas artes de gestionar lo público a Rodrigo RatoEduardo Zaplana o al mismísimo Ignacio González, quien le vinculó a la Operación Lezo aunque se libró por esas cosas de la Justicia. Ahora adelanta elecciones para evitar que procesos judiciales y posibles condenas le exploten en la cara en plena campaña, se enfrenta a Génova, se pega a Isabel Díaz Ayuso y tiene el arte –el único– de hacer creer que es un moderado entre los barones del PP. Pero se la juega y la España Vaciada podría perder a su caudillo. Un perfil político que siempre estuvo en la derecha de la derecha, lo que ahora reconocemos como Vox.

Alfonso Fernández Mañueco no lee –lo que se entiende por leer–, apenas escribe –lo que se entiende por escribir–, fuentes académicas aseguran que necesitó de mucha ayuda para acabar la carrera de Derecho y lleva ropa en la que se ve grande la marca, porque le cuesta distinguir la seda del poliéster. Es un artista en vivir de lo público y en su fuero interno se considera un caudillo de las Españas con derechos medievales que lleva a la práctica, según dicen fuentes muy cercanas al presidente.

Presunta financiación ilegal

Mientras utiliza la estrategia tan popular de controlar la información a través de la publicidad institucional –como ya lo hiciera en Salamanca cuando era alcalde– ha puesto en marcha, presuntamente, la financiación ilegal de su partido en la región y  la falsificación de más de 5.000 firmas de afiliados morosos del Partido Popular de Castilla y León, para que se realizaran ingresos en B por medio millón de euros para ganar las primarias de su partido (proceso judicial abierto en la audiencia de su ciudad natal).

Además, como primer edil salmantino vio cómo la oposición le acusaba de crear su equipo de policías locales para su servicio y trabajos poco claros. Además, algunos hosteleros confirman a Público, no sin cierto temor, que cerraba locales y daba o no permisos y licencias en función de sus afinidades personales.

Mañueco aspira por primera vez –porque perdió las anteriores elecciones, a pesar de las presuntas trampas en sus primarias del PP que investiga un juez instructor en Salamanca– a ganar unas elecciones en Castilla y León. El mismo que se libró de verse inmerso en la Operación Lezo porque el expresidente de Madrid, Ignacio González, fue detenido antes de que se desarrollara el acuerdo alcanzado con Mañueco, en su época como alcalde de Salamanca, y que aparece en las conversaciones de la grabación que la UCO realizó a Ignacio González.

En aquellas grabaciones, el condenado y expresidente de la Comunidad de Madrid, aseguraba que había dicho a Carmen Pazos –dueña de un grupo de escuelas infantiles en Salamanca y socia de la esposa de Mañueco– que le iba a dar las cuatro guarderías. El presidente de Castilla y León se libró in extremis de la querella interpuesta por Podemos porque la operación se iba a firmar días después de la detención de Ignacio González.

Investigación judicial en Salamanca

Además, Fernández Mañueco se enfrenta a una investigación judicial al estar investigado el partido en Salamanca, su tierra, junto a su presidente provincial y la gerente del PP salmantino, por unos hechos que él sólo lideró –porque diseñar no sabe– para ganar las primarias hace cuatro años y poder ser el candidato a las elecciones en Castilla y León hace tres.

El entonces paradójicamente responsable de velar por la ética del PP en la ejecutiva de Génova que lideraba Mariano Rajoy no era otro que Alfonso Fernández Mañueco, que vio cómo una denuncia anónima –que al final fue admitida a trámite– le acusaba desde las filas de su partido en Salamanca de una presunta financiación ilegal del PP en su feudo que, por el momento, desde los tribunales se está investigando en Salamanca.

La denuncia explicaba cómo Mañueco, durante el proceso electoral interno de las primarias del PP para elegir hace menos de cuatro años al candidato a la comunidad de Castilla y León, había obligado a todos los cargos electos del partido a entregar dinero en negro para poder pagar las cuotas de los afiliados que no estaban al día en los pagos al partido. La razón no era otra que los estatutos impiden que voten en las primarias los militantes que no están al día en los pagos de las cuotas.

Diferentes cargos electos del PP de aquella época en la que Mañueco era alcalde de Salamanca, aseguran a Público cómo se vieron obligados a "pagar el impuesto revolucionario" en metálico. Este medio ha podido confirmar que la denuncia ha llevado a investigar a los máximos responsables del PP provincial por estos hechos, personas que ocupaban cargos en el equipo de gobierno municipal del anterior alcalde de Salamanca e incluso en el Congreso y el Senado.

Fernández Mañueco ganó las primarias gracias a aquel trabajo de fontanería que la Justicia investiga, pero perdió los comicios autonómicos después de tres décadas de victorias absolutas del PP en Castilla y León. Entonces las encuestas le daban ganador, como las de ahora, pero tuvo que tragarse la humillación de perder ante el socialista Luis Tudanca, a quien desprecia como sólo Mañueco sabe hacer con sus adversarios.

La apuesta de Cs por Mañueco

Quien le sacó las castañas del fuego y le regaló la presidencia del Ejecutivo autonómico hace tres años fue el líder de Ciudadanos en Castilla y León, Francisco Igea –dice que por imposición del partido en Madrid–, a quien acaba de apuñalar por la espalda para convocar elecciones.

El actual presidente castellanoleonés estudia –con mucha ayuda– la debilidad de sus adversarios, especialmente de su propio partido, y practica el cainismo con una crueldad infinita, como sabe muy bien quien iba a ser la candidata oficial del Partido Popular en Castilla y León cuando Alfonso Fernández Mañueco decidió presentarse a estas elecciones: la entonces vicepresidenta del ejecutivo autonómico, la médico y voluntaria sanitaria en el Sáhara, Rosa Valdeón.

Una política buena –decente– a quien destrozó para apartarla de la carrera política y remató con un oportuno control de alcoholemia, cuyo atestado curiosamente llegó a los medios de la comunidad casi antes que al juzgado. También apuñaló por la espalda al presidente de su partido, Pablo Casado, y a su secretario general, Teodoro García Egea, cuando consintió que se pagara una indemnización millonaria al exgerente regional del PP, Pedro Viñarás, para contratarlo al día siguiente como asesor de su Presidencia.

Colaborador de Maíllo

Entre sus mejores colaboradores políticos de antaño destaca Fernando Martínez Maillo, que era más el cerebro de casi todas las maldades de Fernandez Mañueco, ya que este flojea más en inteligencia política y, al parecer, de cualquier tipo.

Su habilidad para anular durante décadas al PSOE en su tierra no le ha servido con Luis Tudanca, que volverá con el PSOE de Castilla y León a tratar de ganar, una vez más, las elecciones al otra vez candidato popular.

Este presidente autonómico ha sabido comprar voluntades incluso entre quienes han sido candidatos socialistas a instituciones locales y provinciales en Salamanca, para que no le estorbaran en su camino a ser el caudillo en Salamanca, primero, y en Castilla y León, después. Y es que quien aspira a presidir de nuevo la comunidad se porta mejor con los socialistas avenidos a su causa que con sus compañeros de partido.

Fernández Mañueco se la juega en Castilla y León. Porque no sabe estar en la oposición, porque no concibe vivir fuera de la política –nunca ha trabajado al margen de cargos públicos, salvo algunas prácticas– y porque sabe que los cabecillas de Génova y muchos de los jefes provinciales de su partido en Castilla y León tienen el deseo de quitárselo de encima.

Los ciudadanos de la comunidad más extensa de España, el epicentro de la España Vaciada, tienen la voz y en su mano el voto para decidir el próximo 13 de febrero sobre el futuro de quien se siente su caudillo y a quien le gustaría recuperar ciertas prebendas de otras épocas superadas. Los castellanosleones tienen la palabra.