Dominio público

Las infancias truncadas de Gaza

RANIA AL ABDULLAH

cometa_irak_webblog.jpgAyman es un tímido niño de 14 años que vive en la ciudad de Jabalia, en Gaza. La familia de Ayman es pobre y sus padres ya han vendido casi todos sus muebles para poder comprar alimentos y pagar los gastos escolares de sus hijos. Hace poco tiempo, después de recoger unas raciones de alimentos que distribuía el Gobierno, el padre de Ayman, que está en paro desde marzo de 2006, tuvo que vender la leche que le habían entregado para poder pagarse el transporte de regreso a su casa.

Ayman trabaja denodadamente en la escuela y sueña con seguir estudiando y hacer carrera. Sin embargo, asiste a una clase con 47 alumnos en un aula que se utiliza para dictar dos turnos diarios de clase. De manera que el ámbito escolar de Ayman es una fuente constante de tensión. El niño tampoco halla descanso en su hogar: la reciente incursión armada contra Jabalia llegó a apenas 200 metros de su casa. El estruendo de los tiroteos y bombardeos aterrorizó de tal manera a su hermana, de cinco años de edad, que aún suele despertarse gritando en medio de la noche.

La experiencia de Ayman se repite a lo ancho y largo de los abigarrados vecindarios en ruinas de Gaza, donde los niños y niñas, los menos responsables de la terrible situación, son quienes más la sufren. En realidad, Ayman es más afortunado que muchos de los 840.000 niños y niñas de Gaza, de los cuales 588.000 son refugiados. Desde el mes pasado, cuando comenzó a recrudecer la violencia, 33 niños y niñas palestinos han muerto y muchos más han resultado heridos o lesionados víctimas del fuego cruzado, niños y niñas que recibieron disparos en la habitaciones de sus hogares, o que fueron alcanzados por las explosiones en sus patios o jardines. El 28 de febrero, cuatro niños que jugaban al fútbol fueron alcanzados por un misil que los despedazó completamente, hasta el punto de que ni sus propias familias pudieron reconocerlos.

Ayman, sus hermanos y hermanas y todos los niños y niñas de Gaza pierden todos los días otra parte de sus vidas. Se trata de una sofocación lenta y cruel de su espíritu y sus sueños. En lugar de estar disfrutando de horizontes en expansión, se encuentran atrapados en una prisión virtual en donde se les despoja de todas las cosas a las que deberían tener derecho todos los niños: el derecho a jugar, a ir a la escuela, a recibir suficientes alimentos, a tener luz para poder estudiar de noche y a sentirse seguros en sus hogares. Sus tiernos hombros cargan con el peso de uno de los conflictos más prolongados del mundo, que les aplasta la niñez y les inflige heridas psicológicas que quizá nunca cicatricen.

Alguna vez los palestinos fueron conocidos como uno de los pueblos mejor educados de Oriente Medio, pero hoy, tras muchos años de violencia, aislamiento y pobreza, sólo queda el recuerdo de esa orgullosa tradición de excelencia educativa. En los últimos cinco meses, casi 2.000 niños y niñas de Gaza han tenido que abandonar sus estudios. Los que aún asisten a clases deben compartir libros de texto en estado calamitoso y prescinden de recursos fundamentales para el estudio.
Los resultados de los exámenes semestrales de enero de 2008 en las escuelas de Gaza, realizados por el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente, indicaron que entre el 50% y el 60% de los examinados no aprobó las pruebas de matemáticas y un 40% suspendió el examen de árabe, que es la lengua materna de los alumnos. A pesar de ello, Ayman no pierde la esperanza. "Quiero ser una persona instruida –dice–. Quiero ser ingeniero para construir mi país".

En el Día del Niño Palestino recordamos al mundo que la crisis de Gaza es un desastre provocado por el hombre y pedimos que el mundo se haga cargo de que la situación es peor hoy que en cualquier otro momento desde el inicio de la ocupación. El 79% de las familias de Gaza vive en situación de pobreza y 8 de cada 10 hogares dependen de la ayuda alimentaria. Prácticamente la mitad de la fuerza laboral está desempleada y la industria local ha quedado paralizada. Los sistemas de agua y saneamiento funcionan cada vez peor y los desperdicios se acumulan en las calles.

UNICEF trabaja sin descanso para devolver a los niños y a los jóvenes de Gaza una sensación de normalidad: elaborando materiales de enseñanza de recuperación, para que los niños puedan mantenerse al día con sus estudios; llevando a cabo programas deportivos y recreativos en las escuelas y colaborando con las comunidades en la creación de espacios seguros donde los niños puedan ser niños. UNICEF y sus asociados colaboran para suministrar agua, servicios de higiene y materiales médicos a los hogares y establecimientos sanitarios. Con el apoyo de UNICEF, diversos equipos de orientación psicológica prestan servicio en la región, ayudando a los padres y niños palestinos a hacer frente a las tensiones.

Pero, si bien UNICEF hace todo lo que está a su alcance para aliviar la situación de quienes han quedado atrapados en medio de la demencia que envuelve a Gaza, los únicos que pueden poner fin a la espantosa pesadilla son los dirigentes políticos. Ya es hora de lograr un nuevo compromiso. Es necesario levantar el sitio y ambos bandos deben poner fin a la matanza de civiles. Los niños palestinos e israelíes tienen derecho a crecer en paz. Y los dirigentes de ambas partes, con el apoyo de la comunidad internacional, deben participar en un diálogo sincero, que es el único camino viable para lograrlo.
"Mis hijos son mi única esperanza", dice con calma el padre de Ayman. Los niños y niñas de Gaza son una luz en las tinieblas y merecen la oportunidad de brillar en todo su esplendor.

La reina Rania Al Abdullah del Reino Hachemita de Jordania es Promotora Eminente de la Infancia de UNICEF.

COPYRIGHT: Project Syndicate, 2008
www.project-syndicate.orgIlustración de Álvaro Valiño.