Dominio público

Todo streamer es un ideólogo

Elizabeth Duval

Elxokas
Elxokas

A principios de 2021 se debatió mucho sobre los streamers y youtubers que habían establecido su residencia en Andorra con tal de pagar menos impuestos. Fue tal el barullo que El Rubius llegó a dedicarme unas líneas de un comunicado, muy indignado él, a raíz de una hipérbole mía más o menos desafortunada (que al menos permitió que el debate se ampliara y viralizara). Los debates más interesantes versaban sobre la moralidad de esa evasión impositiva, o incluso sobre modelos alternativos de fiscalidad para que la riqueza generada por suscripciones y visualizaciones en un territorio fuera gravada en ese mismo territorio.

Como la enorme mayoría de los debates que estallan dentro de y en relación con las redes sociales, o realmente en cualquier otra parte, fue flor de un día y se apagó tan rápido como vino; quizás una de sus consecuencias más tóxicas fue que empezamos a considerar a aquellos youtubers o streamers que no tributaban en Andorra como angelitos, divinas figuras o incluso ídolos izquierdistas capaces de levantar España con un brazo y con el otro pagar el IVA trimestral. A la mínima declaración decente, la sensación era de estar frente a la enésima reencarnación de Lenin, con idéntico afán redistributivo; bastaba con aparentar tener dos dedos de frente (y no con tenerlos) para ser glorificado frente a la pandilla de sátrapas y ladrones andorranos.

Todo streamer es un ideólogo involuntario. El modo de vida propuesto por los streamers y los youtubers, aunque nos parezca que hay streamers buenos (en un compartimento concreto de lo moral) y streamers peores, es un modo de vida tóxico, particularmente cuando se convierte en un modelo a imitar por parte de niños o adolescentes. Considero difícilmente deseable cualquier vida en la que uno se mate a trabajar delante de una cámara web con tal de tener dinero suficiente para comprarse una mansión más grande desde la cual proseguir en su empeño completamente esclavizado. O el desarraigo de las visitas cotidianas, día y noche, de un rider trayendo comida a domicilio: la vida enclaustrada como fin último del trabajo.

La ideología que acaba siempre desvelándose, incluso en aquellos casos que hablan de su comunidad o incorporan elementos discursivos con ecos progresistas, es la del individualismo elevado hasta la barbarie, el repliegue definitivo, el solipsismo más absoluto, la desconexión.

Es natural que ElXokas se muestre horrorizado ante la posibilidad de que un niño aspire a ser funcionario, contraponiéndolo a "aspirar a grandes cosas". Sólo se desnaturaliza si desmontamos lo que son esas "grandes cosas": la tiranía del número de suscriptores o de los dígitos en la cuenta bancaria, lejana, lejanísima a cualquier semblante de la felicidad. Funcionario es un médico, y cuidar a los demás bien puede ser un sueño o una gran cosa; funcionarios son profesores y profesoras, personas participantes de una estructura que posibilita que el mundo esté ordenado día tras día. Nadie existe solo en el mundo, pero es natural que el modo de proyección de youtubers y streamers, solos, difundiéndose ante el mundo, acabe haciendo pensar en metáforas de jungla y selección natural.

La izquierda haría bien en preguntarse cómo lo aparentemente inane configura las estructuras del pensamiento de sus espectadores de forma mucho más profunda que lo abiertamente ideológico. Las inercias detrás de los comportamientos de los youtubers y streamers, en muchos casos inconscientes, sedimentan inercias nuevas en las cabezas de quienes los ven, los siguen, los imitan, y quizá dentro de un tiempo lo peligroso sean menos los youtubers radicales de extrema derecha y más los aparentes bonachones que rinden culto disimulado al capitalismo más voraz.

Entendiendo esto, no debe tampoco convertirse en la censora de todos esos streamers, ni huir de las oportunidades y alianzas puntuales que a veces se planteen: la ideología turbocapitalista en todos ellos será inescapable, pero eso no implica que algunos puedan servir momentáneamente como punto de apoyo de visiones del mundo al menos un poquito progresistas. Y siempre se fracasará más en el acoso y derribo permanente, que les permite erigirse en víctimas, que en el intento de juntar discursos alternativos seductores.