Dominio público

Por la libertad del Sáhara frente a la extorsión

José María González, 'Kichi'

Alcalde de Cádiz

David De la Cruz

Asesor del Ayuntamiento de Cádiz

Mujeres saharauis en el XV Congreso del Frente Polisario, en Tifariti, diciembre de 2019. FOTO: Javier Martín
Mujeres saharauis en el XV Congreso del Frente Polisario, en Tifariti, diciembre de 2019. FOTO: Javier Martín

Cuentan que en realidad Estados Unidos no perdió la guerra de Vietnam en el campo de batalla, sino en los hogares estadounidenses que seguían el conflicto en masa a través de la televisión. Cuando vieron esas barbaridades desde el sofá de casa, se posicionaron en contra del imperialismo americano.

Porque guerras existen siempre. Lo que no hay, en ocasiones, es información ni interés mediático. De ahí que en mitad de un conflicto armado que va ya para año y medio y una ocupación ilegítima e ilegal que dura más de cuatro décadas, el Gobierno haya sido capaz de reconocer las posiciones de Marruecos y ceder al chantaje permanente que no permite ni la ayuda humanitaria (al caso de Brahim Gali me remito). Lo más triste es que lo hace un Gobierno con un presidente del PSOE, un partido con una militancia que tiene conciencia real en la causa saharaui. Qué no harían otros.

Mientras el mundo entero contempla escandalizado -y con razón- la invasión rusa en Ucrania, apenas se habla de las muertes de civiles argelinos, de los saharauis perseguidos, de los ataques, las torturas y la vulneración sistemática de los Derechos Humanos contra un pueblo hermano que vive hacinado en una franja del desierto.

Un pueblo hermano del que primero nos aprovechamos, después dejamos en manos de Marruecos y Mauritania y, finalmente, le negamos hasta el proceso de descolonización que aún hoy, en 2022, sigue pendiente.

Legitimar a Marruecos, y aceptar sus condiciones, es equiparable a respaldar la masacre de Israel en Palestina. Por algo Trump condecoró a Mohamed VI. Por eso se hizo aliado, para que Marruecos apoyara otra invasión. Legitimar la Monarquía alauí es situarse junto a Putin, Netanyahu, Bennett o Erdogan. Es legitimar los abusos internacionales, pero con una diferencia que no es menor, la deuda histórica que tenemos con una tierra que dejamos abandonada a su suerte y con la que nunca hemos saldado nuestra responsabilidad por más que lo haya exigido hasta la ONU.

Esto es muy sencillo: se está con los Derechos Humanos o se defiende a quienes lo vulneran. El Gobierno ha elegido lo segundo. Y lo hace contra quienes nos unen lazos e infancias, con los niños y las niñas que vienen a nuestros barrios en los veranos, con quienes compartimos pasado y debemos un futuro. Y lo hace para frenar la crisis migratoria donde se vulnera otro derecho fundamental con las devoluciones en calientes. Una política deshumanizada por partida doble.

Porque lo que está en cuestión, lo que subyace, es la contratación en la frontera marroquí de las porras que golpean los cuerpos de quienes huyen de la miseria en busca de un futuro. Eso se puede describir de muchas maneras, pero la más clara, la más real es que sencillamente se trata de un hecho miserable.

Lo duro es que la derecha para atacar al Gobierno y para derrotar este posicionamiento no se basa ni le importa lo más mínimo el derecho de las personas que se encuentran en campamentos de refugiados, sino el gas. El gas de Argelia en concreto, nación prosaharaui y que se ha convertido en un exportador imprescindible del suministro, más si cabe ahora que está latente el ataque a Ucrania por parte de Rusia. Y resulta mezquino. Es mezquino posicionarse en base a la economía o los intereses estratégicos para atacar esta decisión, es mezquino que la excusa y la única preocupación sea el dinero. Es tan mezquino como el giro político del presidente.

Esto es una cuestión de vidas, en el sentido más amplio de la palabra. De la gente que nace y muere en campos de refugiados, de la falta de suministros básicos, de quienes no conocen otra realidad que la de sobrevivir bajo el sol y la calima en las hamadas, en el desierto del desierto. De arrebatarle hasta la más mínima esperanza en una carta que habla desde la comodidad de Moncloa de que la propuesta "más seria, realista y creíble" es negar la autodeterminación de un pueblo y dar por buena el régimen de autonomía propuesta por la autocracia marroquí para perpetuar la ocupación del Sáhara Occidental y que lleva tiempo apadrinada por el expresidente socialista Rodríguez Zapatero.

Por eso, una vez más, viva el Sáhara libre, el Frente Polisario, el derecho a la autodeterminación y la libertad de los pueblos frente a los muros, las fronteras y quienes niegan una existencia digna con el único argumento de la extorsión y la fuerza.