Dominio público

La mayoría de la investidura, en jaque

Sergi Sol

Periodista

El presidente, Pedro Sánchez, recibe en la Moncloa al portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, este 3 de septiembre. /
J. J. GUILLÉN (EFE)

La confirmación de las escuchas masivas al independentismo va a traer cola y a complicar la ya deteriorada confianza entre los republicanos catalanes y el PSOE.

Sin duda, las revelaciones de The New Yorker amenazan con ensanchar las grietas de la mayoría que hizo posible la investidura, que acumula desencuentros y una creciente desconfianza.

La Mesa de Diálogo agoniza tras tanta inanición. La reforma laboral dejó secuelas que la ley mordaza amenaza con acentuar y el constante flirteo y acuerdos de los de Illa con los de Puigdemont (el último, los pactos de interés en el seno de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals que gestiona TV3 y Catalunya Ràdio) dibujan un escenario cada vez más enrevesado.

Cuesta de entender que el PSOE no acote los constantes tejemanejes de los socialistas catalanes con Junts para aislar a ERC. Eso sin contar el acuerdo de cordón sanitario fraguado por el jefe de filas municipal del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona, Jaume Collboni, para aislar al republicano Ernest Maragall y evitar que tuviera acceso a la alcaldía después de ganar las elecciones municipales en la capital catalana. Algo que nadie con memoria olvidaría.

Contra lo que a menudo se dice, Gabriel Rufián lleva tiempo hartándose de cargar con la pesada mochila de ser el centro de las iras del independentismo más iracundo mientras constata atónito que el Gobierno más progresista de la historia le da muchos más disgustos que alegrías.

La paciencia tiene un límite y Rufián no es el único. En ERC se empiezan a mostrar síntomas de agotamiento para sostener la mayoría de la investidura de Sánchez, que si bien no se tambalea aún sí es cada vez más frágil. En rigor, sin estar tocada de muerte no anda precisamente armónica.

Lo insólito del asunto es que ante el empuje de la derecha parece inviable una reedición de un Gobierno ‘progresista’ sin recabar los mismos apoyos (si no más) que propiciaron la mayoría de la investidura después de las elecciones de 2019.

Eso sin contar que, entre otras, la herida de Barcelona sigue abierta y que todo parece indicar que republicanos y socialistas van a librar el grueso de las batallas metropolitanas en los comicios municipales de 2023 con Junts entregada al papel de muleta metropolitana de los socialistas catalanes. Mientras gesticula sin rubor alguno, la derecha independentista allana sus pactos municipales en las urbes con los ‘unionistas del 155’. Todo pacto es legítimo pero es obvio que esa situación va a complicar cualquier acuerdo de investidura en el Congreso. A menos que ERC decidiera ejercer de comparsa sin más, solícita y sumisa, cuando se airee el espantajo de la bandera ultraderechista como único argumento.

Esa situación, con los republicanos renunciando a todo amor propio, se antoja inverosímil además de ser un suicidio en toda regla. Así, en el mejor de los casos estaríamos ante una altamente probable repetición electoral.

O esto cambia radicalmente y se depuran responsabilidades o la mayoría de la investidura peligra como nunca. La actual y una hipotética reedición. Claro que siempre cabe -se comenta con sorna entre los republicanos- que la entente entre socialistas y juntaires acabe en luna de miel, con tal vez Míriam Nogueras llevando de nuevo al altar al siempre apuesto Pedro Sánchez. "¡Pues que se aclaren entre ellos!", se escucha cada vez más en charlas informales mientras Rufián recupera ese refrán que se lee en los bares del barrio del Fondo de Santako: "El que fía ya no está y el que está no fía".