Dominio público

Andalucía como ensayo de la gran coalición o todo lo contrario

Sato Díaz

Fotografía de octubre de 2021, del presidente de la Junta de Andalucia, Juanma Moreno, con el secretario general del PSOE-A, Juan Espadas, en un encuentro en el Palacio de San Telmo de Sevilla. E.P./María José López
Fotografía de octubre de 2021, del presidente de la Junta de Andalucia, Juanma Moreno, con el secretario general del PSOE-A, Juan Espadas, en un encuentro en el Palacio de San Telmo de Sevilla. E.P./María José López

Algo más de 2.000 kilómetros separan Sevilla de Bruselas. Y en ambas ciudades está situado el foco político. En la primera, es evidente, porque el próximo 19J se celebran unos comicios andaluces que condicionarán toda la política estatal venidera. En la segunda, porque se encuentra la sede central de la OTAN, organización que se sitúa como eje vertebrador de la política internacional posterior a la invasión rusa de Ucrania. Durante los dos últimos días de este mes, la OTAN se desplaza de Bruselas a Madrid para celebrar una Cumbre que, según reconocen desde Moncloa, es de máxima prioridad para Pedro Sánchez.

Esta semana, el candidato socialista Juan Espadas ofrecía un pacto a Juanma Moreno ante notario: que PSOE y PP se comprometieran por escrito a no gobernar con la ultraderecha. En la madrileña calle Ferraz, la iniciativa del sevillano cayó como un jarro de agua fría. El presidente andaluz vio la jugada y subió la apuesta, "ni con la ultraderecha ni con los radicales de izquierdas". La propuesta parece no haber causado mucho efecto, de momento, en la campaña andaluza, una campaña que parece vista para sentencia.

Salvo giro de guion inesperado, el PP obtendrá tan buen resultado que la única duda es hasta qué punto necesitará a Vox para gobernar. Por ello, Espadas busca golpes maestros que puedan sorprender y virar la campaña electoral. Pero más allá de fuegos de artificio, la propuesta del exalcalde de Sevilla tiene su enjundia en cuanto a lo que dice implícitamente de cara al nuevo ciclo político que se abre en todo el Estado. Y tiene que ver con el horizonte que dibuja de una posible gran coalición.

Que PP y PSOE pudieran llegar a grandes acuerdos que afecten a la gobernabilidad del país es un mantra que suena con fuerza cada cierto tiempo, favorecido por buena parte de los grandes medios de comunicación y de las élites españolas. Y cierto es que existen unas condiciones objetivas que podrían apuntar hacia ello. Por un lado, en el plano internacional, la invasión rusa de Ucrania y la guerra que se alarga durante ya más de tres meses reconfiguran el tablero internacional de tal manera que, en Occidente, esto conlleva un férreo alineamiento con la OTAN y, por tanto, un posicionamiento con los intereses de Estados Unidos en el mundo. La coyuntura internacional no invita a probaturas e inventos y, en este sentido, un gran acuerdo "de orden" entre PSOE y PP sería bien entendido por los aliados atlánticos.

En el plano interno, la crisis institucional, cuyo máximo exponente es el mal momento que vive la monarquía debido a los excesos y escándalos de Juan Carlos I, necesita de un cierre de filas para pasar página y olvidar los capítulos tragicómicos del emérito. Y, para ello, qué mejor que un entendimiento entre sus principales escuderos: socialistas y populares. Además, la coyuntura económica y la hipérbole inflacionista pueden reactivar los cantos de sirena que ya desde la pandemia vienen pidiendo una suerte de reedición de los Pactos de la Moncloa (un reset económico basado en concesiones de derechos por parte de los trabajadores), para lo cual sería necesario un gran acuerdo entre, cómo no, PP y PSOE.

La coyuntura política española ayuda a crear la sensación de que la gran coalición es posible. La llegada de Alberto Núñez Feijóo a la calle Génova está envuelta de una apariencia de moderación que, sobre todo para los gallegos, no es tal. Pero crece la impresión de que con Feijóo es más fácil que se den esos acuerdos con el PSOE que cuando estaba Pablo Casado al mando. Si bien es cierto que el último Pedro Sánchez se ha hecho a sí mismo pactando con las izquierdas y con soberanismos periféricos, lo que en apariencia le aleja de poder llegar a un gran acuerdo con el PP, también lo es que la mayor característica de este político es la imprevisión.

Con todo esto, si el resultado andaluz del próximo 19J fuera el que indican la mayoría de sondeos, Moreno podría necesitar a Vox para gobernar. Y los ultras ya han advertido que no facilitarán el gobierno al PP si no entran en el ejecutivo de la Junta. En estas circunstancias hay quien apuesta por la posibilidad de que sea el propio Espadas (un perfil clásico y moderado del socialismo andaluz) quien facilite una investidura del PP que deje fuera a la ultraderecha. Andalucía como inicio de un proceso que podría cambiar el panorama político de todo el Estado.

Sin embargo, decíamos, en Ferraz ha caído como un jarro de agua fría la oferta de Espadas a Moreno de un cordón sanitario a Vox. Y es que el mayor obstáculo para que cualquier proyecto de gran coalición prospere es el calendario. Entramos ya en una espiral electoral que comienza en Andalucía, seguirá la primavera del año que viene con autonómicas y municipales y, si no se precipitan, con generales a final de 2023. Las encuestas no son halagüeñas para los socialistas y buscan subrayar su perfil progresista y sacar pecho de los alcances sociales del Gobierno de coalición para afrontar las citas en las urnas.

Que Vox haya conseguido penetrar con tanta fuerza en la sociedad española, con buena ayuda de parte de los medios de comunicación, y que esta naturalice el discurso ultra con tanta facilidad también dificulta esa posibilidad de gran coalición. El electorado de derechas se acostumbra a este relato duro y el PP podría perder gran cantidad de apoyos en su búsqueda de la moderación. De lo que ocurra en Andalucía el 19J, donde Moreno juega a buscar el centro y alejarse de la radicalidad, Feijóo sacará conclusiones para diseñar la estrategia de su particular batalla con los de Santiago Abascal.

Otro factor que deshincha la posibilidad de un futuro entendimiento entre PSOE y PP es que el bipartidismo pasa por uno de sus peores momentos. La suma de los dos partidos tradicionales es de 209 diputados en el actual Congreso. Ni el 60% del total. La fragmentación política es una realidad en un país en el que la compleja relación de los territorios con el todo marca el compás de la historia española.

Andalucía es, sin duda, un hito de un nuevo ciclo político que comienza y al que los dos partidos tradicionales miran con más incertidumbres que certezas. Desde luego que, de lo que ocurra el 19J y, sobre todo, de las decisiones políticas que se pongan encima de la mesa con esos resultados, dependerá el porvenir político español.