Dominio público

Mi paso por América Latina

Oriol Junqueras

Oriol Junqueras, con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, el 16 de noviembre en Buenos Aires. EFE/Enrique García Medina

Mi gira de diez días por algunos países de América Latina representa mi primer viaje fuera de Europa después de estar encarcelado durante casi cuatro años. El viaje incluyó reuniones con formaciones políticas como Colombia Humana, el Partido Comunista y Unión Patriótica, y con Polo Democrático, en Colombia. Allí también pude verme y hablar con el presidente Gustavo Petro. En Argentina, tuve la gran oportunidad de encontrarme con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; con el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, y con la ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Estela Díaz.Finalmente, en Chile saludé al presidente del Senado, Álvaro Elizalde, y me reuní con su expresidenta, Yasna Provoste, además de llevar a cabo encuentros y reuniones con diputados y alcaldes chilenos.

Este viaje tiene lugar en un momento relevante para América Latina, inmersa en un contexto de victorias electorales por parte de formaciones de carácter progresista y con voluntad de transformación democrática. Cabe destacar, entre ellas, la victoria del presidente Lula Da Silva, en Brasil, o la del presidente Gustavo Petro en Colombia.

A todos los actores económicos, sociales, políticos y mediáticos con los que he podido intercambiar impresiones durante esta gira les he podido explicar la existencia de algunos elementos que comparten las democracias occidentales en este momento. Durante mis charlas en las universidades ubicadas en Bogotá, Buenos Aires y Santiago, y también delante de algunos medios de comunicación, pude exponer una misma idea: Las pulsiones y la voluntad de transformación democrática encuentran trabas delante de aquellos que han ejercido el poder de modo habitual y tradicional. Y parte de estas trabas que impiden el avance de la voluntad democrática se expresan a través del sistema judicial. En relación con esta idea, podemos entender por qué motivo algunos candidatos electos, presidentes de república y candidatos presidenciales han sido apartados de sus funciones políticas por decisiones carácter judicial.

Esta realidad me permitió ilustrar lo sucedido los últimos años en Catalunya, donde existió una amplia mayoría democrática expresada con una mayoría absoluta en el Parlament, que apoyaba a un gobierno. En este caso, el gobierno catalán convocó y organizó un referéndum. Tras ganar, la respuesta por parte de la judicatura fue la cárcel, el exilio, la persecución económica y la prohibición de la actividad política para muchos de los responsables del referéndum. Esto indica claramente, pues, que cuando determinados sectores no tienen capacidad de ganar en las urnas, ellos intentan imponer su voluntad contra las urnas.

Tanto en Colombia como en Chile y Argentina -países aparentemente sin fisuras internas- también traté de explicar por qué hoy es perfectamente compatible querer la independencia de Catalunya -para que se constituya en una nueva república en el ámbito de la Unión Europea- con el hecho de ser profundamente federalistas en términos europeos. De hecho, en nuestro partido, somos independentistas respecto al reino de España, pero federalistas convencidos respecto a Europa: defendemos una Europa más unida, con unas instituciones comunes más fuertes, un Parlamento Europeo con más capacidad legislativa, con más capacidad de control contra el poder ejecutivo, con una relación más directa con los electores.

Todo ello también encaja con la defensa de un modelo de crecimiento económico, de estado del bienestar, de equidad y de justicia en Europa y en el conjunto del mundo. En el caso de América Latina, se vive en la esperanza de movimientos que tienen la voluntad de transformar la realidad en positivo, cuyo objetivo es construir sociedades más justas. Y es cierto que sólo estas serán capaces de generar un crecimiento económico sostenible y sostenido en el tiempo.

Muchos de los agentes políticos y mediáticos de los tres países visitados también se interesaron por la reciente derogación del delito de sedición del Código Penal español. A todos ellos les respondí que la eliminación de tal delito significa un éxito para la democracia. Así lo demuestra el posicionamiento del Working Group de Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas, que pide la libertad de los presos políticos catalanes, el retorno de los exiliados, la plenitud del ejercicio de nuestros derechos como cargos electos. También la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa votó en el mismo sentido, y el Comité de DDHH de Naciones Unidas se posicionó entorno a los mismos términos que defiende nuestro partido. Así pues, se trata de un beneficio tanto para Catalunya como para la democracia y los organismos internacionales que se han posicionado claramente contra la represión.

Explicar nuestro caso en una tierra llena de retos y oportunidades como es América Latina nos permite constatar que, ahora, somos mucho más fuertes de lo que éramos en términos de apoyo democrático, de acumulación de fuerzas, y de generar complicidades internacionales. La posibilidad de establecer vínculos con América Latina nos abre más puertas y nos permite compartir con ellos retos actuales y futuros.