Dominio público

La Purísima y la prostituta

Ana Pardo de Vera

El Ejército de Tierra ha puesto en manos de la fiscalía la investigación sobre un chat de Whatsapp en el que unos 70 militares del cuartel de Bruc, en Barcelona, organizaron una rifa con premio humano: los servicios sexuales de una prostituta que en el chat se describían con los comentarios propios de lo que unos puteros esperan de una mujer a la que pagan por hacer lo que a ellos les dé la gana; comentarios machistas, claro, ¿qué esperaban las y los escandalizados? ¿Un soneto de Garcilaso?

El Ejército ha asegurado que abrirá además una investigación interna para conocer todos los detalles de la rifa para recaudar fondos para la festividad católica de la Purísima, o la Inmaculada Concepción, celebrada el jueves 8 de diciembre con festivo nacional. La Purísima y la prostituta, puro sainete. Porque en España o en el Vaticano los puteros siguen siendo los mismos de siempre: hombres, vestidos con sotana o con galones militares. ¿A qué viene este escándalo? Hay puteros en el Ejército, claro, y en las instituciones católicas, musulmanas, en la medicina, el periodismo, la abogacía, el fútbol, las empresas del Íbex, el Congreso, el Senado o el Tribunal Supremo. Hay puteros por todas partes -si estás leyendo esto en el metro, probablemente lleves uno cerca, si no eres tú mismo-; son un negocio bollante -particularmente en esta España nuestra-, y no hay redaños para desmantelar una estructura que genera tantos miles de millones al año como sufrimiento humano.

Hay puteros en el Ejército, qué sorpresa, y ni siquiera es ilegal. ¿Entonces? Atenta contra "los valores de la institución" militar, dicen muy dignos los portavoces de Tierra. ¿En serio? ¿Una institución a la que cuesta más sacarse el machismo de encima que el polvo (con perdón) de las banderas se escandaliza porque unos militares puteros hayan hecho lo que vieron hacer a sus padres y a sus abuelos? ¿Por qué hay mujeres prostituidas, mayoritariamente víctimas de trata o precariedad desesperadas? Porque hay puteros hasta debajo de las piedras; porque la cultura del putero en España está más incrustada que la de los derechos humanos y ha sido amparada (y utilizada) por todas las instituciones a lo largo de la historia.

Contaba mi abuela que cuando ella era niña, en su pueblo de Lugo había un cura del que todo el mundo sabía que por las noches visitaba a una mujer a la que pagaba por tener relaciones sexuales con él, es decir, que se prostituía con el cura del pueblo, típica figura influyente en los pueblos pequeños, al menos, de entonces. El sacerdote, eso sí, y aunque todo el vecindario conocía sus costumbres -que además de ser putero, incluían la comida y la bebida a costa de los paisanos/as-, tenía "la fea costumbre", decía mi abuela, de salir por la ventana del piso bajo de la casa de la vecina a la que pagaba por sexo cuando acababa la faena. Hasta que un vecino, que volvía del trabajo una noche, descubrió al sacerdote y su sotana descolgándose por la ventana, y le gritó: Saia pola porta coma un home, carallo!" ["¡Salga por la puerta como un hombre, carallo!] El cura, asustado porque se creía descubierto entonces y nunca antes, salió corriendo levantando sus faldas y no se le volvió a ver por allí. Aunque al poco, decía mi abuela, iba a casa de otra vecina con el conocimiento silencioso de todo el pueblo.


El cura del pueblo de mi abuela, los militares del cuartel de Bruc han sido descubiertos ejerciendo de puteros por la ventana, uno, y por la puerta de atrás -un chat privado-, los otros, aunque éstos fueron más "homes" que el sacerdote, pues parece que al menos, colgaron el cartel de la rifa de la prostituta en la cantina, que como todo el mundo sabe, en un cuartel y en el resto de España, suele ser el lugar más frecuentado y rifarse el cuerpo de una mujer es lo más normal del mundo. Se desconoce todavía si hubo premio y noche de putas en Bruc; probablemente, tampoco lleguemos a saberlo, pero sobran locales donde, si usted tiene curiosidad, puede encontrarse a machos de todo pelaje consumiendo su mercancía, la mujer, la puta, la esclava... El día de la Purísima y el de Nochebuena, si gusta. España es un país de puteros, pero ¿verdad que ya lo sabía?