Dominio público

Un nuevo escenario tras el 29M

Joan Herrera Torres

Joan Herrera
Secretario General de ICV

Pasada la huelga general debemos preguntarnos qué estaba en juego el 29M. Una huelga que hace apenas unos días era vista como el último acto de resistencia ante el poder absoluto de la derecha y del PP. Una huelga que fue presentada como una moción de confianza a los sindicatos, y no como lo que era, una moción de censura ante la política de recortes y contrarreforma. Una huelga que ha tenido que superar el miedo a que te acaben despidiendo o degradando tus condiciones –más aún después de la reforma–; con un escasísimo acompañamiento mediático; y en contra de los mensajes de inutilidad de todos los gobiernos –el europeo, el español o el catalán. Y a pesar de todo ello, la huelga tuvo un seguimiento masivo, con movilizaciones multitudinarias, lanzando el mensaje que el miedo no nos había noqueado, un mensaje a nuestros respectivos gobiernos, a Europa y a los mercados.

Lo más positivo de la jornada es que abre un nuevo escenario. Cuando algunos pensaban, tan sólo hace una semana, que tendrían una alfombra roja para entrar hasta el fondo en el desmantelamiento de nuestros derechos, se han encontrado con dos actos de resistencia. El primero en las urnas de Asturias y de Andalucía. El segundo en las calles. El 29M, por tanto, dibuja un nuevo escenario, en el que la movilización social adquiere más fuerza. Una movilización que ha necesitado sumar todas las fuerzas, que ha partido de una imprescindible convocatoria sindical, pero que ha conseguido convertirse en una huelga social y ciudadana. Si queremos responder al desafío que supone un recorte de derechos sin precedentes, deberemos entender que hay que caminar juntos, desde diferentes expresiones sociales, sindicales y políticas, siendo esta la única manera de responder. Y que para caminar juntos necesitamos de nuevos instrumentos que nos permitan plantar cara, pero no solo eso, sino construir propuestas, y un discurso que desmonte el argumento de la inevitabilidad de sus políticas.

En segundo lugar, el nuevo escenario interpela claramente a los gobiernos para que cambien sus políticas. Y para hacerlo lo primero que tienen que hacer es entender que hay un país, una sociedad con la que hay que interlocutar. Que hay propuestas que hay que valorar. Hasta el momento las derechas, PP y CiU, han ejercido sus mayorías sin complejos, y en algunos sin principios. Han recortado derechos después de eliminar impuestos, como es el caso de Catalunya, y no han tenido ningún rubor al aprobar medidas que habían negado que las pudiesen llevar a la práctica. Pero tras el 29M creo que pueden empezar a entender que si continúan gobernando igual, la respuesta será la de una movilización social que no es que deba articularse, sino que ha demostrado que puede articularse.

Seguramente entraremos en una espiral en la que se intentará tapar el éxito de la huelga con el debate sobre la violencia, haciendo que el enfoque sea en torno a las políticas de interior, y no en torno a las políticas laborales, sociales y económicas. Precisamente para evitarlo, creo que es importante, muy importante, entender, como escribía Jordi Armadans, de la Fundación por La Paz, que erróneamente se suele creer que la violencia, a pesar de ser poco ética, es una forma efectiva y útil de plantear las reivindicaciones y defender unos intereses determinados. En contraste, se suele considerar que la no-violencia es poco práctica y útil. Y bien, después de los incidentes ocurridos en Barcelona por la huelga general, una vez más, vemos que esto es falso: la violencia de unos pocos ha hecho que a la calle y a los medios de comunicación se hablara más de los incidentes que no de la dureza de una reforma laboral que, en un contexto de recortes, se lleva derechos sociales básicos. Y es que la violencia no es solo poco ética, es inútil y poco efectiva.