Dominio público

Espíritus y santos en las elecciones venezolanas

Emilio Arrojo

Exdirector de la Agencia EFE en Venezuela

Liderada por el espíritu de un muerto y sus mensajes póstumos como principales focos de atención mediática, la campaña electoral venezolana les resulta extraña a muchos españoles y, sin embargo, encaja perfectamente en la realidad del exuberante mestizaje de razas, creencias y leyendas de Venezuela. Allí, como en el resto del Caribe, el mundo espiritual es en colores: santos católicos, orishas yoruba y divinidades animistas o indígenas; los hay para todos los gustos y cultos, aunque, eso sí, cada uno, los suyos.

Los cuentos originados tras el discurso del candidato oficialista y presidente encargado, Nicolás Maduro, sobre cómo el espíritu de Hugo Chávez le hizo llegar un mensaje a través de un pajarito están entre las gracietas más celebradas por la oposición. En esa Venezuela de bien, la que entre ellos se ven más como norteamericanos o europeos y menos como el resto de venezolanos, han disfrutado de lo lindo con las críticas y burlas a esta anécdota, que ha tenido una gran repercusión internacional .

La oposición venezolana también desprecia como inculta y primitiva la versión oficialista de que, una vez en los cielos, Hugo Chávez se unirá al Ché Guevara y ambos esperarán a Fidel para formar una trilogía que continúe la saga de divinidades políticas latinoamericanas a cuya cabeza están figuras como Bolívar, San Martín, Abreu de Lima, Martí... Este trío conformará de alguna manera la nueva generación de héroes políticos de la región.

Por más que a muchos les pese, ya ha comenzado el periodo de divinización de Chávez, la construcción de su "apotheosis", como hacía Roma con los buenos gobernantes, trabajo a toda máquina desde las instancias oficiales para este fin y saturación de figuritas de plástico o escayola del "Comandante", sobre todo en uniforme de campaña, en las tiendas de esoterismo y en la venta ambulante. Faltará papel para recoger sus hazañas.

En España, la mayoría de medios de comunicación, sin salirse de su estilo habitual respecto a Venezuela, ha presentado estos hechos como excentricidades de Maduro, cuando menos, y multitud de tertulianos y columnistas han pasado de ser habituales analistas de información nacional y local a peculiares expertos internacionales de ocasión y de lo que haga falta para –y venga con la burra al trigo– criticar el chavismo y sus "maldades".

En la recta final de la campaña, la religión ha irrumpido con fuerza y ahora los líderes opositores también apelan sin vergüenza a la ayuda del mundo sobrenatural, aunque -eso sí- cristiano, y presentan las elecciones del domingo como una nueva "batalla bíblica entre David y Goliat". Hasta hace pocos días, Leopoldo López, uno de los dirigentes opositores más destacado y responsable nacional de Voluntad Popular, consideraba el relato de Maduro sobre el espíritu de Chávez como ejemplo de "una enfermedad mental" del candidato oficialista.

Pero claro, en cuestión de invocaciones y amparos la derecha venezolana de bien prefiere acogerse a la protección de vírgenes, niños jesuses, santos, beatos, novicias, apóstoles, mártires y toda la corte celestial católica. Todo un mundo sobrenatural muy serio y digno de respeto, para ellos; nada que ver con la hilaridad que provocan las historias del rojerío chavista sobre espíritus y pajaritos del bosque.

Precisamente López y el candidato único opositor, Henrique Capriles, reconvertidos al centrismo, según dicen para quienes les crean, –a los que incluso algunos colocan en el centro-izquierda–, lideraron hace ya más de diez años, en octubre de 2002, el estrepitoso fracaso que significó la insurrección militar en la caraqueña Plaza Altamira.

Aquello fue un esperpento golpista de la oligarquía venezolana y mandos de la Fuerza Armada Nacional, con apoyo de grupos ultraderechistas estadounidenses y la más que evidente "bendición" de la Conferencia Episcopal venezolana, que dejó el trágico saldo de al menos cinco muertos en circunstancias no aclaradas hasta hoy.

Conviene recordar que ambos eran entonces alcaldes de los distritos capitalinos de Baruta y Chacao, en el epicentro clasista de la reacción contra el gobierno bolivariano, y contaban con importantes recursos institucionales, dinero y cuerpos policiales, puestos a disposición de los militares sublevados.

En esos días, la base del obelisco que adorna la plaza y la tarima desde donde se lanzaban las proclamas a favor de la salida inmediata del gobernante venezolano, "el maligno" estaban rodeadas por figuritas de vírgenes, varios divinos niños, san Migueles arcángeles, nazarenos, san Pablos y Judas Tadeo... Las imágenes de la Rosa Mística, de la Divina Pastora, la virgen de Coromoto, del Valle, de la Caridad del Cobre, de Guadalupe, de Fátima, de la Paz, de Betania y la Milagrosa eran algunas de las vírgenes acompañantes e invocadas.

Hace cinco años la justicia venezolana sobreseyó el caso contra López y 40 ex altos cargos militares por conspiración, rebelión civil, instigación a la insurrección y "agavillamiento" ("actuar en cuadrilla") en grado de complicidad durante el año largo de aquella sublevación, muerta de propio agotamiento, pese a contar con el apoyo de la Coordinadora Democrática, la alianza antichavista de partidos y organizaciones empresariales y sindicales que exigía la renuncia del presidente Chávez.

"No volverán porque no entenderán", titulaba en diciembre, antes de las últimas elecciones, el periodista venezolano Clodovaldo Hernández , y añadía: "no entienden la angustia y la tristeza de la gran mayoría del pueblo, aquí y ahora. Y –podemos apostarlo– tampoco van a entender lo que les pasará en lo sucesivo (a partir del domingo). Si no han entendido la claridad de un líder y de una idea, menos van a entender el enigma de un mito y una fuerza espiritual. La conocida consigna "No volverán", debería cambiarse por "No entenderán". Cuadra mejor".

El artículo fue premonitorio en la última victoria electoral de Hugo Chávez vivo, pero sigue siendo válido en los comicios del domingo, donde ya se canta la victoria de Nicolás Maduro con la mayoría del voto chavista, que –todavía– seguirá siendo para el desaparecido "Comandante" y su espíritu.