Opinion · Dominio público

Siria en clave militar

Pablo Sapag Muñoz de la Peña
Profesor-investigador de la Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile

A más de dos años del comienzo de la crisis siria, el factor clave es hoy el militar porque incluso una hipotética negociación dependerá de las posiciones de unos y otros en el campo de batalla. Conviene así aproximarse a una realidad militar obviada en beneficio de la propaganda que ha alimentado la percepción exterior del conflicto. Esa deformación ha ocultado que apenas veinticinco días después del comienzo de las protestas se produjo el primer ataque a gran escala al Ejército Árabe Sirio. Entonces, un convoy fue emboscado en Banias. Murieron 12 militares y 40 resultaron heridos. Ese hecho desconcertó al gobierno, que enfrentaba la crisis con las muy desprestigiadas agencias de inteligencia o mujabarat y los shabiha, como su nombre indica, fantasmas en su acepción coloquial española, es decir, matones de poca monta que a poco andar se demostraron incapaces de hacer frente a un desafío que desde el principio evidenció que no sólo era interno y pacífico, también exterior y violento. Su utilización, además, favoreció la inicialmente bien orquestada propaganda opositora.

Pasados unos meses el Ejército asumió el protagonismo, tanto por los ataques que recibía como por la incapacidad de mujabarat y shabiha para enfrentarse a un enemigo difuso pero bien pertrechado por gobiernos próximos y lejanos geográficamente y unidos en su animadversión al ejecutivo sirio, ya sea por razones político-religiosas o geoestratégicas.

Frente a las fuerzas regulares, el Ejército Sirio Libre, amalgama de organizaciones islamistas radicales —como el Batallón Farouk— y un puñado de suníes desertores del multiconfesional Ejército Árabe Sirio. Grupos capaces de tomar algunas ciudades fronterizas utilizadas para internar armas, barrios periféricos de algunas ciudades —Bab Amr en Homs— o localidades agrícolas de poco valor estratégico y solo protegidas policialmente —Raqqa—. Organizaciones, sin embargo, con dificultades para consolidar posiciones y ofrecer gobernabilidad, lo que favorece la propaganda interior del régimen.

Ante esos grupos, unas fuerzas regulares sirias preparadas para medirse a Israel directa o indirectamente en conflictos como los del Líbano, en los que han actuado poderosas milicias —OLP, Fuerzas Libanesas, Ejército del Sur del Líbano—. Esa asimetría explica las dificultades que hasta hace poco ha tenido el Ejército por inclinar la balanza a su favor. Hasta entonces, y utilizando su poder de fuego, desalojaba a los rebeldes, que en ocasiones ocuparon esos emplazamientos en contra de la población. Luego se iban a otro sitio, dando la oportunidad a esos grupos a retomar esas posiciones. A partir de mediados de 2012, sin embargo, Jabat al Nusra, la organización terrorista que acaba de jurar lealtad a Al Qaeda, disputa el liderazgo al ESL en el bando opositor. Un grupo cuyos miembros adquirieron experiencia en Chechenia, Afganistán y, sobre todo, Iraq.

Ante ese enemigo el Ejército regular ha cambiado de táctica. Hoy forma unidades de no más de 65 efectivos, todos ellos militares experimentados. Los combates son más cruentos pero también decisivos porque Al Nusra no tiene reemplazo para sus combatientes de élite. Esas unidades trabajan con los Comités Populares encuadrados en la nueva Defensa Nacional. Civiles armados y entrenados para evitar que sus pueblos vuelvan a caer en manos de Jabat al Nusra u otros grupos. Los resultados son evidentes en la comarca de la muy clave ciudad de Qusayr, por la que entraban desde Líbano armas y combatientes que han actuado en la provincia de Homs y cortando la estratégica autopista entre Damasco y esa ciudad, Hama y Alepo. Como consecuencia, el Ejército avanza posiciones en Homs y en Hama y ha roto el bloqueo rebelde en Idlib, lo que puede facilitarle una ofensiva sobre los barrios de Alepo aún en manos de esos grupos. Las nuevas tácticas también han permitido al gobierno recuperar la estratégica ciudad de Otaiba, al este de Damasco. Por ella entraban desde Jordania armas y yihadistas hoy más dependientes del coche bomba y los atentados suicidas para hostigar al régimen.

Los reveses militares de los sublevados coinciden con otros propagandísticos. El predominio de Jabat Al Nusra deja en crítica posición a quienes fuera de Siria apoyan el acoso y derribo del gobierno sirio, que ha manejado con acierto la propaganda. Interiormente dejó claro desde el principio que aprovechando las legítimas demandas de algunos sectores estaba la islamista Hermandad Musulmana y gobiernos contrarios a la multiconfesionalidad de la sociedad siria. Sabedor de que ese elemento clave sería desconocido por periodistas occidentales e islamistas, ha limitado su entrada en el país. Al mismo tiempo los medios oficiales han dado el elevado parte real de bajas propias y desde finales de 2011 han exhibido en toda su crudeza las consecuencias de las matanzas perpetradas por los terroristas que actúan en Siria. Los sirios han tenido así claro lo que se juega en esta crisis y puestos a elegir también, lo que por comparación beneficia al gobierno. Mientras, la oposición política y armada ha estado más pendiente de la propaganda exterior, la misma que al no estar siempre respaldada por hechos ha perdido eficacia, desconcertando a sus poderosos aliados externos. En este contexto se han producido los ataques israelíes, que permiten al gobierno reiterar el mensaje de que sus adversarios internos se coordinan con Israel. En la práctica los ataques descubren que Tel Aviv —quizás como EEUU y sus aliados occidentales e islamistas—, descarta la caída inminente del gobierno y vuelve a centrarse en Hezbolá e Irán, socios de Siria en el llamado eje de la resistencia. Las incursiones israelíes también han forzado las definiciones en la Liga Árabe que, aunque hostil al régimen, ha advertido de las consecuencias de cualquier intervención abierta en Siria. En definitiva, business as usual en un Oriente Próximo en el que se evidencia la complejidad interna de Siria y su valor geoestratégico.