Opinion · Dominio público

Los guerreros de Dios

RAJA KAMAL

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El tiempo no se encuentra del lado de los que trabajan por la paz en Oriente Medio, e incluso los más optimistas se están dando ya por vencidos. El conflicto israelí-palestino se ve cada vez más eclipsado y manejado por grupos religiosos extremos e intransigentes de ambos bandos que perciben su mandato político como santo y sagrado, lo que dificulta que a corto plazo se llegue a una solución pacífica y que, a largo plazo, resulte inasequible un acuerdo político. Hoy, más que nunca, la paz se vislumbra como un espejismo inalcanzable.

Durante los últimos 25 años, diversos grupos de la zona han hecho de la religión su paradigma dominante a la hora de diseñar políticas internas. En muchos países árabes, el renacimiento del fundamentalismo es tan significativo como desconcertante. Hizbulá se ha alzado en Líbano como una fuerza poderosa; Irak se ha transformado de uno de los Estados más seculares de Oriente Medio a uno militante-teocrático; y ahora Hamás está creciendo en Palestina y diluyendo la autoridad del presidente Mahmoud Abbas.

Gran parte de la fuerza política del fundamentalismo religioso proviene del aumento de la proporción de fundamentalistas entre la población. Este viraje demográfico no sólo está ocurriendo en el mundo musulmán sino también en Israel.
Israel ha evolucionado lentamente desde una democracia judía en el ámbito cultural a una dominada por la religión. Por ejemplo, la comunidad religiosa ultraortodoxa jaredí de Israel está creciendo a una tasa tan alta que está redefiniendo el panorama político. Según las estadísticas del Gobierno israelí, entre los judíos jaredíes, cada mujer tiene 7,6 hijos de promedio, lo que representa casi tres veces la tasa de población en su conjunto. De los 120 miembros que componen el Kneset, 20, todos hombres, son ultraortodoxos, cuando hace apenas dos décadas sólo había 5.

Se estima que el número de ultraortodoxos en el Kneset aumentará a medida que sus electores se multipliquen. En el fracturado panorama político típico de Israel esto significa que los partidos religiosos organizados podrán ejercer un poder significativo en el Gobierno.

Al mismo tiempo, muchos israelíes educados y seculares están optando por emigrar en busca de una vida sin conflictos incesantes. Se estima que, en la actualidad, aproximadamente medio millón de israelíes, incluido el 25 por ciento de los intelectuales más importantes, residen en Estados Unidos. En efecto, tan sólo en Silicon Valley viven aproximadamente 40.000 israelíes. Estos emigrantes están acelerando indirectamente los cambios demográficos que tienen lugar en Israel, lo que beneficia al ala derecha religiosa.

Algunas personas afirman que el atractivo de la ultraortodoxia es su rechazo a las tradiciones liberales de Occidente. La práctica religiosa exige realizar grandes sacrificios económicos y sociales. Muchos hombres asisten a las yeshivas (escuelas judías ortodoxas de educación superior) hasta los 40 años, por lo que el país no puede acumular capital humano valioso aplicable en el mercado secular. Conforme aumenten en número crecerá también la presión sobre la economía israelí.

En efecto, si muchas de las mentes más brillantes de Israel dejan su país, ¿podrá Israel seguir integrado en una economía cada vez más globalizada? A medida que siga cambiando la demografía, los responsables de la formulación de las políticas tendrán que resolver las dificultades que se deriven de las nuevas realidades.

La alta tasa de natalidad de los israelíes ultraortodoxos también está teniendo un impacto en las decisiones políticas que afectan directamente al proceso de paz con los palestinos. La mayor parte de las 200.000 personas asentadas en Cisjordania son extremadamente religiosas, y perciben su presencia en Cisjordania como una obligación hacia una autoridad de mayor jerarquía que la que representa el gobierno israelí.

Tanto la derecha religiosa en Israel como Hamás en Gaza, creen que el aumento en sus miembros es fuente de fortaleza, a pesar de que carecen de otros recursos. En ninguno de los grupos existe la noción de negociación y concesiones.

Como resultado, independientemente del peligro que represente la perspectiva de un Irán con armas nucleares –para el mundo, para Israel y para los regímenes árabes sunitas como los de Arabia Saudí y Egipto– una bomba iraní quizá sería más controlable que la bomba de tiempo demográfica a que se enfrentan Israel y sus vecinos inmediatos.

El tiempo se agota. La demografía está redefiniendo Israel y Oriente Medio. Los creyentes apasionados se manifiestan como representantes del Todopoderoso en la Tierra. Las nuevas generaciones de guerreros santos están marginando a los líderes seculares nacionales, y por lo general, los dirigentes con inspiración divina no guían a la humanidad por caminos propicios y las generaciones actuales no son la excepción.

Raja Kamal es Decano asociado de la Harris School de Políticas Públicas en la Universidad de Chicago

Ilustración de Jaime Martínez