Dominio público

El 'poeta' Osama bin Laden

BERNARD HAYKEL

osama.jpgEn Riad, en marzo pasado, el rey Abdullah de Arabia Saudí condecoró al vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, con la Orden del Mérito del Reino. Este gesto generó cientos de comentarios en Internet de árabes que condenaban el premio como una traición y lamentaban el penoso estado del liderazgo en el mundo árabe. Por citar, sólo un comentario dirigido al rey: "Debería darle vergüenza decir que es el custodio de los dos santuarios sagrados", La Meca y Medina. Al mismo tiempo, Osama bin Laden difundió dos declaraciones en audio condenando los ataques occidentales e israelíes a los musulmanes y reiterando la necesidad de una acción violenta para liberar los territorios musulmanes ocupados por manos de los infieles.

En términos de estrategia mediática, el contraste entre los líderes de los países árabes y Bin Laden no podría ser más extremo. Por un lado, los reyes y presidentes árabes carecen de carisma, parecen políticamente impotentes y rara vez, o tal vez nunca, están en sintonía con las grandes cuestiones que preocupan a los pueblos de Oriente Medio. Bin Laden, en cambio, es como un hipnotizador cuando encuadra las frustraciones aparentes de muchos árabes en el uso que hace del árabe clásico, que incluye el recitado de poesía de estilo medieval. Deliberadamente proyecta una imagen de sí mismo como un líder que habla francamente, que transmite una ideología que articula la sensación de humillación que hoy sienten los musulmanes, y ofrece un plan de acción para remediar la situación.

La cultura árabe le asigna un valor elevado a la expresión poética, de modo que no es accidental que aparezca repetidamente en la propaganda de Al Qaeda. Bin Laden suele recitar poesía para subrayar un punto y para asociarse con los guerreros hidalgos y cultos que estaban dispuestos a convertirse en mártires por el honor y la gloria del Islam. He aquí unas líneas del tipo de poesía que utiliza Al Qaeda: "No vendo nuestro honor como un proxeneta/ para tener que bajar los ojos, o rendirme./ Veo el ejército de la Cruz en nuestra tierra, / invadiendo Irak y refregando nuestra cara en la tierra./ Ustedes que me piden abandonar nuestra yihad,/ y llevar una vida de confort y felicidad./ No gasten su aliento. No abandonaré la yihad mientras nuestra comunidad/ sea desangrada con un cuchillo envenenado;/ no, por cierto, no abandonaré la yihad/ mientras sus cruces ataquen en la oscuridad de la noche,/ contaminen la Sagrada Arabia y proclamen/ el establecimiento de la seguridad mientras encadenan mis muñecas".

Es difícil saber qué hacer con este material literario y, en algunos momentos, entenderlo por su estilo arcaico, sus alusiones y sus metáforas. Pero la poesía de Al Qaeda merece una atención más intensa, porque es un medio de comunicación entre miembros del movimiento.

De hecho, a través de la poesía, Al Qaeda define lo que significa ser miembro del movimiento y conmemora los grandes episodios en la historia del grupo al glorificar las proezas de los mártires. Si bien gran parte de esta poesía no es, necesariamente, de buena calidad, de todos modos subraya la imagen que el liderazgo de Al Qaeda desea proyectar, particularmente que el mensaje de Al Qaeda es auténtico y refleja el verdadero Islam.

Es más, Al Qaeda utiliza la poesía para encarar los desafíos que enfrenta. Al contrastar la valentía y el compromiso de sus combatientes con el confort de los espectadores musulmanes, Al Qaeda intenta sumar más luchadores a su causa en Irak. Su dilema es extremo. Los chiítas del Ejército del Mahdi derrotaron a los suníes de Irak en el último combate, y miles de suníes iraquíes, bajo el llamado Movimiento Despertar, se plegaron a las fuerzas de Estados Unidos y combatieron contra Al Qaeda.

Por otra parte, muchos académicos suníes argumentaron que la ideología y las tácticas de Al Qaeda son ilegítimas, y que los musulmanes deberían abstenerse de la yihad y mantenerse obedientes a sus gobernantes. El término para los que no se sumaron a la yihad de Al Qaeda es quietos o inmóviles (qaaidun). Bin Laden quiere que esta gente se sienta como pecadora. Poéticamente, ataca la masculinidad y el sentido del honor de los hombres musulmanes por no defender al Islam.

Este es el eje del encanto de Bin Laden: la capacidad de articular la profunda sensación de injusticia y humillación que hoy sienten muchos árabes y musulmanes. A pesar de toda la violencia perpetrada por Al Qaeda, Bin Laden también se basa en el poder blando, apelando a argumentos sobre la injusticia que resuenan entre su audiencia. El objetivo es encontrar un camino entre los extremos de la yihad y la obediencia ciega a los gobernantes autoritarios de Oriente Medio, antes de que el mensaje de Al Qaeda comience a perder parte de su lustre.

BERNARD HAYKEL es profesor de Estudios del Cercano Oriente en la Universidad de Princeton

Ilustración de ENRIC JARDÍ