Opinion · Dominio público

Mis queridos nacionalistas

RAMÓN JÁUREGUI

27-10-07.jpgLlevo toda la vida escuchando vuestras quejas. Desde que la razón me asaltó con sus dudas, mi mundo gira sobre vuestras demandas y vuestros agravios, sobre vuestros sueños y vuestros mitos. Nací entre nacionalistas, en un pequeño barrio donostiarra, en aquellos años en los que el nacionalismo vasco y la izquierda se escondían de una represión sistemática y cruel y se expresaban clandestinamente en la intimidad de los hogares y al calor de las familias heridas por los recuerdos.
Por eso os conozco bien. Os conozco y os respeto. Tanto como que llevo toda la vida entendiéndome y colaborando con vosotros. Allí en Euskadi luchando contra Franco, haciendo juntos el Estatuto de Gernika, gobernando casi 12 años en coalición… Aquí, estos últimos años, pactando el nuevo Estatuto de Cataluña y apoyando una política de profundización en el autogobierno y de compensación económica a los agravios inversores pasados, no siempre comprendida en el resto del país. Tanto que recuerdo cómo Pascual Maragall, entonces presidente de la Generalitat, me llamó al día siguiente de un programa en TVE (59’’) en el que defendí el Estatut ante seis periodistas, algunos de los cuales estaban radicalmente en contra de todo él, y me dijo literalmente: “No he visto a nadie defender mejor que tú el nuevo Estatuto de Cataluña”.
Por eso, cuando Carod-Rovira se pregunta si otra España es posible, me revuelvo en mi asiento para exclamar ¿qué España queréis? Es la España constitucional y autonómica que nace en 1978 la que ha devuelto a Cataluña un marco jurídico-político de autogobierno como nunca tuvo en términos contemporáneos. Es la España plural, la que estamos construyendo desde el reconocimiento de la diversidad de identidades de ciudadanos, pueblos y territorios en un marco autonómico, la que ha producido una descentralización mayor que la de los Estados Federales. Es la España solidaria la que ha asumido que Cataluña necesita y merece un esfuerzo inversor suplementario durante los próximos siete años y lo ha incluido así en sus disposiciones legales y presupuestarias. Es la España plurilingüe y respetuosa de su diversidad la que se reconoce en el catalán y acepta en sus disposiciones legales todas las exigencias de la cooficialidad tanto en la educación, como en la función pública, y hasta en la vida social catalana. Es la España sensible a Cataluña la que traslada a Barcelona sedes institucionales que estaban en Madrid.

La señora que llama José Luis a Carod es la anécdota. Ya sabemos que hay nacionalismo español. A mí ese nacionalismo español trasnochado y centralista, que desprecia la diversidad, heredero de una España atrasada, intolerante y siempre
inacabada, no me gusta. Pero tampoco me gustan los que odian España quemando retratos de su jefe de Estado. No me gustan nada los nacionalistas que reclaman desde Girona o desde Bilbao una España plurinacional y son incapaces de reconocer la pluralidad de sentimientos identitarios en su propio país. Es más, me dan más miedo esos nacionalismos intolerantes que quieren imponer a sus sociedades plurales en Euskadi o Cataluña una nación étnica hecha por y para los nacionalistas asumiendo o imponiendo un proceso de inmersión identitaria a quienes se sienten más españoles que vascos o igual de españoles que catalanes. Se dirá entonces que no. Que el nacionalismo democrático de Cataluña o Euskadi es respetuoso de la pluralidad, moderno y por tanto relativizador de la soberanía de los viejos Estado-Nación y desde luego democrático, es decir, fundado en la libre voluntad de los ciudadanos. Y lo acepto, pero admítase entonces la coexistencia de un nacionalismo español con las mismas virtudes y por tanto, tan legítimo y democrático como cualquier otro.

Pero pregunto, ¿cuál es la España oficial y real que maltrata a Cataluña? ¿No es la España oficial y real de Zapatero y su Gobierno, la que ha hecho el enorme esfuerzo político de entender y entenderse con Cataluña? ¿No es el ministro Solbes el que ha pactado con la Generalitat el presupuesto de inversiones para 2008 en casi un billón de pesetas? ¿No es Zapatero, el presidente del Gobierno de España, el que va a comparecer personalmente en las Cortes para dar explicaciones de los problemas y molestias ciudadanas del AVE, que llega ya –por fin– a Barcelona?

No. Es mentira que haya una España oficial y real que maltrate a Cataluña. ¿Hay españoles intolerantes? Sí, igual que catalanes antiespañoles. Pero la Cataluña y la España que construye la izquierda se fundan sobre esta línea gruesa de catalanes y españoles que se reconocen y se respetan, que conciben la Cataluña del siglo XXI desde el autogobierno identitario en la cohesión de un federalismo coo-perativo y solidario en el Estado.

Otra cosa es que a algunos nacionalistas les interese la caricatura de la España preconstitucional y uniformista porque viven del victimismo y necesitan enemigos exteriores para crecer. Pero entonces les devuelvo la pregunta: ¿realmente queréis otra España? Si es así, ahí la tenéis. Es la España plural y respetuosa de su diversidad, abierta, tolerante, moderna e integradora, que estamos haciendo desde hace 30 años, la izquierda y el PSOE principalmente.

Ramón Jáuregui es portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados