Dominio público

El reto supremo de la ONU

Manuel de la Rocha

MANUEL DE LA ROCHA VÁZQUEZ

09-25.jpgLa erradicación de la pobreza extrema sigue siendo uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y es una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional. Estos días, la atención mundial volverá a centrarse en torno a esta cuestión con ocasión del Encuentro de Alto Nivel sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que, organizado por Naciones Unidas (ONU), congrega hoy en Nueva York a los principales líderes mundiales.

Los ODM fueron adoptados en la llamada Declaración del Milenio en 2000 por más de 150 jefes de Estado y de Gobierno.

Los ocho Objetivos representaban un verdadero hito en la lucha contra la pobreza pues, por primera vez, la comunidad internacional se fijó unas metas concretas, medibles y con plazos determinados en relación a la reducción de la pobreza económica, el hambre, la enfermedad, la educación, la falta de vivienda y la sostenibilidad ambiental. Los Objetivos del Milenio son ambiciosos, pero realizables, y sirven para marcar el rumbo y concentrar los esfuerzos internacionales en la lucha contra la pobreza extrema.

¿Dónde nos encontramos a día de hoy, a mitad del camino hacia 2015? Se puede decir que el grado de consecución de los objetivos ha sido desigual. Si bien la cantidad de personas que vive en situación de pobreza extrema sigue disminuyendo a escala mundial y numerosos países en vías de desarrollo (PVD) están avanzando adecuadamente hacia la consecución de algunos de los ODM, ese éxito oculta que los progresos han sido lentos e insuficientes en otros países, entre ellos gran parte de los de África subsahariana. De hecho, de mantenerse las tendencias actuales, ningún país africano estará en condiciones de alcanzar todos los objetivos en 2015. A su vez, los países que están saliendo de conflictos o padecen inestabilidad política plantean desafíos especiales. En los llamados países de renta media –incluyendo casi toda Iberoamérica– en los que se han realizado progresos más rápidos hacia los ODM, la existencia de grandes bolsas de desigualdad significa que millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema.

Además, aun cuando la proporción de personas que sufren de malnutrición y hambre en el mundo se ha reducido desde comienzos del decenio de 1990, ha aumentado la cantidad de población con insuficiente acceso a los alimentos. La FAO estima que debido al reciente aumento de los precios de los alimentos, aproximadamente 1.000 millones de personas pasan hambre, y que por lo menos otros 2.000 millones sufren malnutrición. A su vez, los progresos mundiales en lo tocante a la igualdad de género y al empoderamiento de las mujeres han sido bastante escasos.

A pesar de lo anterior, no todo son malas noticias. Varios éxitos recientes en distintas partes del mundo en desarrollo, tales como el mejoramiento de los indicadores macroeconómicos, la expansión del tratamiento del sida, las reducciones en la mortalidad infantil, la extensión de la educación primaria y del acceso al agua y el saneamiento demuestran que es posible lograr rápidos progresos cuando existen políticas nacionales correctas con el incremento de la ayuda al desarrollo. Los logros obtenidos, aunque insuficientes, son testimonio de que el compromiso de los países en desarrollo y desarrollados con la Declaración del Milenio ha alcanzado un nivel sin precedentes, y de que es cada vez mayor el éxito en la formación y fortalecimiento de la alianza mundial para el desarrollo.

Así con todo, el logro de los ODM en 2015 es todavía posible, pero va a requerir respuestas eficaces e inmediatas de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. Este sentido de urgencia no puede menos que agudizarse ante los dramáticos y repentinos aumentos del precio de los alimentos y el desafío –cada vez mayor– del cambio climático, particularmente para los países en desarrollo.

Según la ONU, se necesita incrementar las corrientes de asistencia a los PVD en 18.000 millones de dólares anuales entre 2008 y 2010, a fin de alcanzar las metas convenidas para 2010, de los que 7.300 millones deberán ir dedicados a África subsahariana. El incremento del volumen de la ayuda deberá ir acompañado de rápidas mejoras en la calidad, eficacia y previsibilidad de la misma, y en consonancia con las prioridades de los países receptores. Por otro lado, se puede y se debe hacer más para reforzar la coherencia de políticas de los países más ricos para lograr un entorno más propicio para los países en desarrollo en ámbitos como el comercio, la deuda externa, la prevención y reconstrucción de conflictos o la transferencia de tecnología a los PVD.

En definitiva, en este momento en que la atención de los gobiernos de los países industrializados está centrada en la grave crisis económica que padecemos, es necesario hacer una llamada a los líderes mundiales para que no olviden que el desafío más importante que deben enfrentar es el de la pobreza y subdesarrollo que sufre casi la mitad de la población del planeta.

No está mal recordar los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio:

1. Reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre.
2. Lograr la enseñanza primaria universal.
3. Promover la igualdad entre los sexos.
4. Reducir a dos terceras partes la mortalidad de los menores de cinco años.
5. Reducir la mortalidad materna en tres cuartas partes.
6. Detener la propagación del VIH/SIDA, el paludismo y la
tuberculosis.
7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo, con metas para la asistencia, el comercio y el alivio de la carga de la deuda.

Manuel de la Rocha Vázquez es economista, asesor de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y miembro de la Fundación Alternativas

Ilustración de Iker Ayestaran