Dominio público

La crisis, algunas ideas probadas y Platón

Pilar Cort Fuentes

PILAR CORT FUENTES

10-19.jpgMientras se airea que las administraciones públicas propugnan maniobras multimillonarias de alcance global para intentar el rescate del sector bancario, se olvida que la crisis sirve de justificación para congelar las ayudas solidarias hasta que lleguen mejores tiempos. En nuestro país, a pesar de que las necesidades de los más desfavorecidos se disparan exponencialmente por causas harto conocidas –los informes de Cáritas o el último mapa de la pobreza en España eliminan cualquier atisbo de duda– las administraciones públicas contemplan otras prioridades. Esa línea de actuación parece que servirá de excusa a cierta parte de la sociedad civil para actuar en el mismo sentido, si se confirman las predicciones sobre el futuro que aguardan a las aportaciones destinadas a causas sociales. A esos sectores contagiados por el desánimo habrá que pedirles que mediten sobre las ventajas que supone la obligación de atender, ahora más que nunca, necesidades que no deben ser eclipsadas por una situación enmarcada por el crecimiento negativo.

Si lo que se busca es generar calma en los mercados y confianza en la población –después de haber probado, sin éxito, poner en los circuitos informativos declaraciones en tono tranquilizador de presidentes, ministros y máximos responsables de consejos de Administración–, hoy, que se celebra el Día Internacional contra el Cáncer de Mama, ensayemos la fórmula de plantear mensajes que pongan de manifiesto, por ejemplo, que a pesar de la crisis hay organismos y empresas que decidieron respaldar la operación que permitió a más de cien niños con cáncer, procedentes de distintas provincias de España, disfrutar de vacaciones en el Valle de Arán (Lleida), hecho que generó, además de felicidad para los chavales y sus familias, trabajo extra a médicos, personal de enfermería e integrantes del sector turístico. O que un puñado de artistas plásticos de reconocido prestigio, radicados en Palafrugell (Girona), aportaron sus obras para ser subastadas a beneficio de la lucha contra el cáncer, acción amparada por una serie de galeristas atentos a las oportunidades que brindan los momentos dulces que a juicio de los expertos atraviesa el negocio del arte. O que los Bomberos de Barcelona ayudan a la Asociación Española contra el Cáncer a becar con dinero contante y sonante el desarrollo de estudios científicos destinados a combatir esta temible enfermedad, caso que se produce en una coyuntura en la que todos los analistas serios coinciden en vaticinar que el futuro económico de nuestro país será la investigación y que, por tanto, la apuesta por la ciencia debe ser en firme.

Los hechos referidos demuestran que las causas sociales generan puestos de trabajo, promueven movimientos al alza en los mercados artísticos (sector quinario, no olvidemos el gran volumen de negocio que se mueve alrededor de la cultura, elemento destinado a apoyar, y puede que a sustituir, al importante sector turístico, que sin el apoyo cultural es un ídolo con pies de barro), y estimulan el necesario I+D+i que pone en la pista de despegue a las economías de los países más avanzados.

Insistamos, la opinión pública debe advertir que se registra un escamoteo constante de argumentos que permiten alertar sobre hechos que son ciertos, además de ser positivos, para que no ganen la partida informativa (esa línea capaz de marcar estrategias gubernamentales y empresariales) consejeros áulicos que propugnan tácticas conservadoras basadas en el egoísta y miope principio de cabecera "la caridad bien entendida empieza por uno mismo". Enfrente, hay datos objetivos que deben salir a la luz. Por ejemplo, los datos que se desprenden de la encuesta encargada por la Fundación Empresa y Sociedad para averiguar hacia dónde se decanta la simpatía de los consumidores. Los resultados apabullan: el 90% de los españoles no tiene inconveniente en pagar más por un producto si sabe que el sobreprecio se destina a ayudas filantrópicas. Para redondear el argumento, no es ocioso saber que las marcas que no defienden valores solidarios acaban siendo castigadas por el mercado, mientras, por contra, el sello que algunos llaman con sarcasmo "moda solidaria" catapulta las ventas de productos que no tienen suficiente con ser buenos, saludables, baratos y estar bien distribuidos.

Asistimos demudados a esa ceremonia de la confusión que ayer nos convirtió en ricos y espléndidos y hoy en pobres de solemnidad, incapaces de sortear el bache en el que estamos metidos y menos capaces aún de ayudar a un prójimo que, por decirlo de modo suave, atraviesa etapas más complicadas que las que se viven en los despachos de Wall Street. Así, lejos de sermones, y sin caer en buenismos que estarían fuera de lugar, apliquémonos en la tarea de racionalizar gastos, en promover el consumo de manera responsable, sin compulsiones perniciosas, en controlar los precios, en impulsar prácticas de gobierno que primen funciones asistenciales, sanitarias, educativas y científicas como generadoras de riqueza estable, y que reduzcan a cero lucrativas operaciones de dinero fácil que engordan los bolsillos de unos cuantos y cercenan el futuro de los demás. En este sentido, pongamos especial énfasis en lo obvio: prevenir y regular el riesgo de corrupción en el sector público, y también en el privado, resulta sustancial, y sobre todo sumamente eficaz, para no "distraer" de los presupuestos partidas económicas que podrían destinarse a productivos fines sociales y solidarios.

A todo lo anterior, sin necesidad de caer en optimismos inapropiados, añadamos el rescate de algo que para los despistados que se obsesionan con las sacrosantas leyes del mercado puede parecer un bien innecesario: las enseñanzas de Platón, el filósofo que, además de adjetivar a los amores puros, enseñó ética, matemáticas y formas de gobernar aún no superadas. Los alumnos de su Academia pudieron aprender que la pobreza no viene por la disminución de la riqueza, sino por la multiplicación de los deseos. Si toman nota en las escuelas de negocios y en las facultades de Ciencias de la Información, y se dedican a impartir másteres sobre esta materia, los futuros amos del universo no tendrán que inmolarse en la hoguera de las vanidades (Tom Wolfe me perdonará la licencia) ni se les ocurrirá recomendar el recorte de prestaciones sociales para reactivar la maltrecha economía.

Pilar Cort Fuentes es presidenta de AEEC-Catalunya contra el Càncer

Ilustración de Iker Ayestaran