Opinion · Dominio público

El camino de Damasco no pasa por Ginebra

Pablo Sapag Muñoz de la Peña
Profesor-investigador de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile

Después de muchas dilaciones, arranca en Ginebra la conferencia de la ONU para poner fin a la violencia en Siria. En realidad hoy el objetivo es más modesto, tanto por el panorama internacional como por la situación interna siria.

Tres años después del estallido de la violencia, Estados Unidos y sus aliados occidentales e islamistas ya no lo son tanto. Fracasado su intento de derrocar al gobierno y cuartear el estado sirio en su propio beneficio, unos y otros han cambiado sus agendas. EEUU no ha logrado eliminar el principal obstáculo a la creación de un Gran Oriente Medio al servicio de sus intereses políticos y económicos. Sin embargo, sí ha conseguido que Siria renuncie a su armamento químico, el mismo con el que enfrentaba la amenaza nuclear de Israel, protegido de EEUU en la región. De paso Washington ha encauzado su enfrentamiento con Irán a cuenta del programa atómico iraní. No es poco para unos EEUU que gracias a su desafortunada aventura siria ven resurgir con fuerza a Al Qaeda y la desestabilización de Irak. Hecha la cuenta y a tenor de los informes de inteligencia, Washington lleva ya meses reculando en Siria para no perder todavía más.

Peor parado sale Reino Unido, que desde la censura parlamentaria en septiembre a la política siria del premier Cameron ha desaparecido de la escena. Mientras, la derrota de Francia es histórica. Su apuesta por volver a influir en Siria prescindiendo de la realidad y aliándose con quien no debía ha quedado al descubierto al tiempo que uno de sus inductores, el presidente Hollande, se dedica a resolver asuntos personales merecedores de la reprobación de sus protegidos islamistas, nada tolerantes con conductas tan alejadas del rigorismo que a sangre y fuego pretenden imponer en Siria. En la ciudad de Raqqa, por ejemplo, cualquier desviación de la moral o los códigos de vestuario del gusto yihadista se puede pagar incluso con la vida.

España, por su parte, enfrenta las consecuencias de una política exterior al servicio empresarial. Sus compromisos con Arabia Saudí y Qatar le han llevado a organizar conferencias en Madrid y Córdoba de la feble y dividida oposición exterior siria. En Ginebra también se hablará de una reconstrucción para la que España estará peor posicionada que Rusia, China, Alemania o Brasil, más consistentes en su política siria.

A Moscú la crisis le ha permitido acabar con le hegemonía global de la que gozaba EEUU desde el final de la Guerra Fría y debilitar a las potencias regionales suníes. Los regímenes islamistas de Turquía, Arabia Saudí y Qatar han proporcionado armas, dinero y cobertura política y mediática a una oposición desdibujada y a merced de grupos terroristas que ya no obedecen las consignas de Qatar, Ankara o Riad. Actores que, además, asisten a la rehabilitación diplomática de un Irán aliado de Siria al que la ONU invitó a Ginebra. La oposición exterior tutelada por esos países incomprensiblemente ha forzado la retirada de la invitación menoscabando así la conferencia antes incluso de su inicio.

La dinámica exterior, sin embargo, debe mucho a lo que pasa dentro de Siria. El acuerdo con la comunidad internacional para deshacerse del armamento químico y su colaboración con el proceso de Ginebra ha dado una nueva legitimidad política al gobierno. Eso ha coincidido con los avances militares en todos los frentes una vez que el Ejército Árabe Sirio ha cambiado sus tácticas para adaptarse a la lucha antiterrorista. La reinserción diplomática y la supremacía militar consolidan al gobierno ante una sociedad que por multiconfesional y antiimperialista rechaza el integrismo religioso monocolor y las violaciones a su soberanía.

El cambio de situación también beneficia a la oposición interior y no islamista, en detrimento de aquella basada en el exterior, financiada por potencias extranjeras y ligada a la Hermandad Musulmana. Pese a haberse emboscado mejor que hace tres décadas, cuando también desafió con las armas al Estado sirio, la Hermandad ha vuelto a fracasar en su empeño de lograr el apoyo mayoritario a la imposición en Siria de un estado islámico y ultraliberal en lo económico contrario a la esencia del país.

Ante esa realidad interior Ginebra apenas puede certificar las posiciones actuales de las potencias que han intervenido en la crisis y ayudar a la reconstrucción de lo que se pueda. Así es porque como en Irak la violencia terrorista se ha cronificado en Siria con coches bomba todos los días y decenas sino cientos de muertos cada semana. Terrorismo a gran escala y de largo plazo organizado desde las bases que Al Qaeda ha establecido en el norte del país y al que Siria deberá enfrentar sola. La conferencia apenas puede ya compensar el daño causado a un país que ha sido modelo único de ejemplar y armónica coexistencia entre cristianos y musulmanes de distintas denominaciones. Para Siria y sus miles de muertos, el camino de Damasco no pasa por Ginebra.