Dominio público

Ciclogénesis eléctrica

Llanos Castellanos Garijo

Doctora en Energía Eólica, exconsejera de Administraciones Públicas de Castilla-La Mancha y autora del libro ‘Régimen jurídico de la energía eólica’

Llanos Castellanos Garijo
Doctora en Energía Eólica, exconsejera de Administraciones Públicas de Castilla-La Mancha y autora del libro ‘Régimen jurídico de la energía eólica’

Hace dos semanas, al igual que se anuncian bodas y rupturas en los semanarios del papel cuché, nos encontramos con la entrevista de un ufano secretario de Estado de Energía que daba una primicia de tal calibre que justificaba su presencia en el diario. La buena nueva que anunciaba tan gustoso era la desaparición de las subastas eléctricas a partir del 1 de abril: es decir, que a partir de esa fecha, el precio de la electricidad dejaba de ser fijo para cada tres meses y a partir de ese momento se pagaría el consumo en función de lo que costara la electricidad consumida en cada periodo. Como el tener un precio fijo para el trimestre suponía que un agente, intermediario financiero, hiciera una apuesta de cuál iba a ser el precio y se comprometiera a suministrarlo a ese mismo, el mecanismo acarreaba gastos financieros que se calculan 1.100 millones de euros en 4 años y que ahora van a ser ahorrados para el sistema. Hasta ahí bien, ¿no?. El problema surge cuando leemos un poco más despacio y planteamos matices y preguntas que desde aquí lanzo, desde mi ignorancia, a quien corresponda.

En primer lugar, lo del consumo real en función de lo que se gaste, será únicamente para quien tenga contadores inteligentes, pues para los que contamos con contadores analógicos, 2 de cada 3, el precio será el precio medio diario del mercado en el periodo de la facturación. En el caso de los contadores Smart, que contabilicen en cada periodo de facturación (y por tanto, con precio diferente) lo que se consume, el panorama que se abre tampoco es tan idílico. ¿Qué se supone que deben hacer los usuarios?, ¿deben conectarse a OMEL cada día para ver cuáles van a ser las franjas horarias baratas y según eso programar sus electrodomésticos? ¿deben poner la calefacción en esas horas aunque no estén en casa porque la franja en la que todos queremos estar calentitos marca máximos?. Hay que tener presente que los contadores inteligentes no te realizan búsquedas automáticas de periodos óptimos, eso lo tienes que hacer tu. Los contadores inteligentes únicamente, o casi únicamente, trabajan para la empresa eléctrica y le facilitan la facturación, no van pro consumidor.

Pero es que además, en este caso, recurrir al precio del mercado como fórmula infalible de corrección y transparencia no tranquiliza nada en absoluto. Tengamos en cuenta que en este mercado eléctrico, los oferentes, productores son los mismos que los demandantes, comercializadores; son exactamente las mismas empresas. Empresas que además, tal y como se repite insistentemente, constituyen un oligopolio que tiene una capacidad de influencia en el mercado que no nos debería dejar tranquilos. En pocas palabras, qué seguridad hay en este sistema en el que previamente el Gobierno se ha cargado la Comisión Nacional de la Energía como órgano regulador y la ha sustituido por un macrosupervisor mutilado en sus funciones y totalmente afín y obediente en su comportamiento (como vimos en el sainete de la última subasta y su informe escrito ad hoc) de que las empresas no van a alterar el funcionamiento del mercado, de forma que en las franjas horarias más demandadas dejen de funcionar las nucleares (pongo por caso) y entren los ciclos (las más caras)?

Antes de suprimir las subastas, que está bien, habría que haber establecido cautelas para que el remedio no sea peor que la enfermedad. Pero estamos frente un Ministerio que ante el ridículo de diciembre, está ansioso de medidas espectaculares que den la sensación a la ciudadanía de que algo hacen. Habría que haber potenciado contratos de futuro y a plazo (que bajan los precios y dan estabilidad) y rebajar el peso de un mercado mayorista que en otros países como Alemania sirve como elemento de ajuste pero no para realizar la mayoría de las transacciones porque su funcionamiento marginalista engorda los precios. Se debería haber fortalecido al supervisor para dotarlo de capacidad y herramientas eficaces a la hora de controlar a las empresas. En fin, se debería haber empezado la casa por los cimientos y abordar una reforma completa y no adoptar una medida (desregular la fijación del consumo y abandonarlo sin cautelas a las empresas) que unido a la subida del 18% de la parte fija de la factura puede ser un auténtico drama para muchos consumidores. A veces una tiende a pensar mal y hay veces que se equivoca. En este caso, me ha dado por pensar que el Gobierno subiendo la parte fija y dejando que la parte del consumo, la variable, la marquen las empresas a voluntad, está entregando la contrapartida para una futura quita del déficit. Las empresas renuncian a una parte y a cambio se cobran la deuda en la factura suya y mía. No sé, ya digo que a veces pienso mal. Espero equivocarme.