Dominio público

La estrategia de la hipérbole

Eva Granados

Conforme se acerca la reedición de un gobierno de progreso para este país, y la investidura de Pedro Sánchez, el ambiente político se enrarece y polariza, por obra y gracia del PP, que pretende hacerlo irrespirable mediante la estrategia de la hipérbole. Como todos sabemos, la hipérbole es un recurso retórico y estilístico mediante el cual exageramos hechos o cosas hasta límites inverosímiles con el fin de llamar la atención del auditorio sobre la importancia del asunto, y lograr de esta forma impresionar al mismo.

Así, asistimos estos días a grandes broncas auspiciadas por todas las facciones de las derechas, que no soportan la idea de seguir cuatro años más en la oposición porque España les pertenece. Los ataques a las sedes del Partido Socialista en toda España son un claro ejemplo del problema que la derecha española tiene con la democracia que se resume en "o ellos, o el caos".

Alguien sin memoria de la siempre machacona estrategia del PP, podría asustarse ante los graves "riesgos" que corre nuestro país a punto de hundirse y romperse. Sin embargo, todo contra lo que esta derecha brama con cinismo, ya lo hemos visto en nuestro país cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad y cedía ante la antigua CIU, hoy Junts, el mayor nivel de transferencias nunca vivido: la gestión del 30% del IRPF, la desaparición de los gobiernos civiles, las competencias de tráfico o el indulto de 1.400 condenados, algunos por terrorismo.

La diferencia radica en que entonces aquello que se hacía era dar estabilidad al país, y hoy es vender España. La hipocresía de siempre, redecorada y amplificada ahora por el PP y sus satélites mediáticos.

El PP hace mucho tiempo que perdió el pulso y la conexión con la España real, y su único proyecto es hacernos creer a todos que Pedro Sánchez es un malhechor que pretende acabar con la Constitución. De ahí que sea necesario sacar a las huestes a las calles y recorrer España hiperventilando y fabricando fake news sobre el futuro de la nación, al mismo ritmo que suben las pulsaciones de quienes les creen. Nada que no haya inventado ya el peor trumpismo a lo largo y ancho del mundo.

Los discursos de la derecha patria se trufan ahora de términos como "erosión planificada de la democracia", "traición", "golpe de Estado", "autocracia", "ruptura del Estado" y el último añadido por el propio Feijoó : "Corrupción".

Resulta que el líder de la oposición acusa ahora a Sánchez de "corrupción" por "cambiar votos por impunidad" con la amnistía, obviando que lo que trata de hacer el presidente del Gobierno es resolver el entuerto catalán que el PP contribuyó a crear, como colaborador necesario, al azuzar durante años la catalanofobia.

A Feijoó hay que recordarle lo que es la corrupción. Corrupción es tener 12 exministros de Aznar y 3 de Rajoy imputados, investigados o condenados. Corrupción es tener hasta 9 expresidentes autonómicos del PP imputados o condenados. Corrupción es la acumulación de más de 900 cargos públicos incluyendo presidentes de diputación, diputados, senadores, consejeros autonómicos y alcaldes imputados o condenados como ha llegado a tener el PP. Corrupción es que tu partido haya sido condenado como responsable a título lucrativo por la Audiencia Nacional en la Gürtel. Corrupción es mantener el Poder Judicial secuestrado durante cinco años. Y corrupción en también retorcer y manipular las instituciones al antojo de los intereses partidistas del Partido Popular como hoy hacen con el Senado, o como en su día hicieron con el Ministerio del Interior. Que el propio Jorge Fernández Díaz, pida que el PP sea acusado en el juicio de la Kitchen, pone negro sobre blanco sobre cómo el Partido Popular usó a la policía para neutralizar información comprometida para el PP por su corrupción.

El clima que nuestras derechas están generando ya lo hemos vivido. Para acabar con González no dudaron en poner en riesgo la estabilidad del Estado llevando al límite la cultura de la crispación. Y con Zapatero la situación fue muy similar. Y es que nuestra derecha tiene un serio problema con la digestión democrática cuando las urnas se empeñan en que no gobierne, y utiliza cualquier método, incluidas las perores crisis como la pandemia, la crisis financiera internacional o la guerra de Ucrania, para llegar al poder. Es su particular sentido del patriotismo.

Y ahora, cuando se anuncia el acuerdo entre el PSOE y Junts para hacer posible la investidura y arrancar la legislatura, en un nuevo alarde de mimetización con el discurso de Abascal, Feijoó compara un pacto plenamente democrático con el golpe del 23 F y los asesinatos de ETA. "Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras"

En democracia es lícito estar o no de acuerdo con las cosas. Se puede no estar de acuerdo con la amnistía, pero no por eso la hipérbole es más cierta: ni hay un golpe de Estado, ni España se rompe. Se rompe el PP. Feijoó sabe que al día siguiente de ser investido Pedro Sánchez, el reloj de su tiempo en Génova se pone en marcha igual que se puso en su día el de la democracia para la investidura o la repetición electoral. Hay barones y baronesas que ya le esperan. Veremos.

Más Noticias