Opinion · Ecologismo de emergencia

Cuando refrescarnos nos caldea

José Larios Martón

Algunas de las medidas que adoptamos para adaptarnos a los rigores del Cambio Climático, como el calor veraniego, si bien producen un alivio temporal, actúan retroalimentado positivamente el Calentamiento Global como es el caso del sector de la refrigeración artificial.

Nuestras ciudades, tal como están configuradas, son espacios que amplifican la elevación de la temperatura de nuestro entorno, es lo que se conoce con el nombre de “isla de calor”.

Barry Commoner afirmaba que la basura que tiramos por nuestros desagües vuelve por nuestra ventana; algo similar ocurre con la climatización de nuestras viviendas, para soportar las calores del verano expulsamos el aire caliente a la calle, que caldea nuestras fachadas a la vez que emitimos toneladas de gases de efecto invernadero que refuerzan el calentamiento del planeta, con lo que necesitaremos mayores esfuerzos para aclimatar nuestros edificios.

A ello se añade la energéticamente ineficiente práctica comercial de grandes almacenes y franquicias refrigerados que mantienen abiertas de par en par sus puertas invitándonos a refugiarnos de calor en su interior.
Veamos algunos datos para tener idea de su importancia.

La Agencia Internacional de la energía publicaba recientemente un informe sobre el sector del aire acondicionado según el cual a finales de 2016 se contabilizaban en el mundo 1.620 millones de aparatos de aire acondicionado en los sectores residenciales y comerciales con un consumo energético de 2000 TWh, el 10% de toda la electricidad consumida mundialmente y 1,130Mt de CO2 emitidas.


Fuente: A Cool World – Defining the Energy Conundrum of Cooling for All. University of Birmingham.

Si incluimos todos los equipos del sector de refrigeración: frigoríficos, congeladores, acondicionadores,…, el total de aparatos en funcionamiento sube hasta los 3.600 millones. La refrigeración es intensiva en el consumo de energía, a pesar de los esfuerzos en el desarrollo de tecnologías más eficientes. El consumo en 2018 de todo el sector se espera que llegue a los 3,900 TWh.

El equipamiento actual de refrigeración se espera que consuma este año aproximadamente 3,900 TWh, el 3.4% de la demanda energética mundial, de ellos 1,600 TWh corresponden a la refrigeración de edificios y viviendas, 1,300 TWh a los aparatos estacionarios y la refrigeración instalada en vehículos alcanzará los 1,000 TWh.
Las emisiones del sector se calculan para 2018 en 4,1Gt de CO2 equivalente (CO2e) esto es un 11.8% de las emisiones mundiales de CO2 del sector eléctrico.

El 31% del total de las emisiones de sector provienen de aire acondicionado de la automoción aunque el transporte es el 25% del sector energético y es que la refrigeración en el transporte cuenta con una parte muy importante que añadir a la energía para el funcionamiento de los aparatos como son las pérdidas de refrigerante, la fabricación del equipamiento y el tratamiento de los residuos que para estos aparatos alcanza el 37% de sus emisiones.

El acondicionamiento de espacios genera el 38% de las emisiones y los refrigeradores unos 31%, incluidas para ambos también las pérdidas de refrigerante y la fabricación del equipamiento.

Pero hay otros caminos para librarnos de los rigores del clima y para reducir las necesidades de refrigeración. Para atenuar la isla de calor de nuestras ciudades es podemos arbolarlas, los árboles sombrean nuestras calles y fachadas, absorben CO2 junto con otros contaminantes nocivos y por el efecto de evapotranspiración a través de sus hojas reducen la temperatura ambiente, se calcula que un árbol de gran porte equivale a doce aparatos de aire acondicionado. La diferencia entre una calle desprovista de árboles y otra que si los tiene es de varios grados centígrados. ¿Y por qué no? El efecto estético y síquico de las arboledas contribuyen a una mayor sensación de bienestar en las personas que las disfrutan.

La rehabilitación energética y el diseño apropiado de nuestros edificios y viviendas, la colocación de viseras y persianas disminuye en gran parte las necesidades de enfriarlas o calefactarlas.

Los circuitos cortos de comercialización y consumo de alimentos de temporada, recorta las necesidades de refrigeración de nuestros alimentos.

Usar los transportes públicos en lugar de vehículos privados reduce la necesidad de equipos de aire acondicionado móviles.
Emplear ventiladores de techo en lugar de aparatos de aire acondicionado divide por diez las necesidades de electricidad para soportar el calor.

Documentos de referencia:
http://www.iea.org/publications/freepublications/publication/The_Future_of_Cooling.pdf
https://www.birmingham.ac.uk/Documents/college-eps/energy/Publications/2018-clean-cold-report.pdf