Opinion · Ecologismo de emergencia

¿Tortugas de plástico?

Elisa Marraco

Tres especies de tortugas marinas de las ocho que habitan los océanos del mundo desovan en Ghana: la tortuga verde, la tortuga golfina y la tortuga laúd. Sin embargo, Ghana no es su lugar de “residencia habitual”: estos reptiles habitan mayoritariamente en las costas del Pacífico y del Atlántico en la parte sur de Estados Unidos, Centro América y Sudamérica, de forma que nadan tremendas distancias para continuar la vida donde ellas la empezaron.

Son especies migratorias: alcanzados alrededor de 20 años de vida, emprenden la travesía para desovar entre los meses de septiembre y marzo. Enfrentan todo tipo de peligros en su viaje: pueden ser capturadas en redes de grandes pesqueros, encuentran montones de plásticos y otros residuos en el agua que confunden con alimento, y cuando arriban a la playa, cazadores furtivos de tortugas las esperan para capturarlas de manera artesanal.

Por si no fuera suficiente, las playas de Ghana ya no son el lugar que eran cuando estas tortugas nacieron, pues a día de hoy están prácticamente cubiertas de plástico, sobre  todo en la parte Este del país. Con todos esos elementos, y considerando que la supervivencia de las tortugas es de 1 entre 1000, su supervivencia está en entredicho. 

Playa de Pram Pram, Ghana. Foto de Edu Domínguez.

Ghana está ubicada en la parte más cóncava del Golfo de Guinea junto a sus vecinos del África del Oeste. De la zona, aspira a ser el país más desarrollado para situarse justo después de Sudáfrica a nivel continental. Tal objetivo le ha llevado a emprender un nivel de desarrollo que genera una cantidad de residuos que es imposible de absorber. De entre los más abundantes: el plástico.

A nivel nacional, no existe un sistema de gestión de residuos extendido por las diez regiones del país que, como en otros lugares del mundo, tiene repartidos contenedores que periódicamente son recogidos y transportados a una planta de tratamiento.

Tortuga muerta. Foto de Edu Domínguez

 

Primeramente, por no haber, no hay ni papeleras en las calles. Quienes tienen acceso a contenedores es porque pagan por su instalación y consiguiente recogida. Por el contrario, existen los llamados “gutters”, unas trampas para leones ubicadas en los laterales de las calles – en lugar de las aceras – por las que se canalizan unas aguas de dudosa procedencia, y en donde los ciudadanos vierten sus residuos sin pensárselo dos veces. En consecuencia, si solo se accede a la limpieza con cierto nivel adquisitivo, no solo una gran parte de la población se queda en la más absoluta mugre, sino especialmente el mundo marino – los “gutters” vierten al mar.

 

Playa de Pram Pram, Ghana. Foto de Edu Domínguez.

Contribuye a agrandar el problema la inexistencia de instalaciones de saneamiento, lo que en lugares costeros convierte la playa en un gran servicio. Los habitantes de los asentamientos de población cercanos visitan la playa como quien acude al cuarto de baño. Afortunadamente, si se puede utilizar tal vocablo, los “baños volantes” – las defecaciones se depositan en bolsas de plástico que se lanzan donde ya hay pilas de suciedad – solo se dan en pueblos pequeños. En las ciudades, son los “gutters” los que se ocupan de que llegue a la playa y al mar lo que no debería estar allí.

 

Así las cosas, de una parte los plásticos, y de otra la diferente concepción de la utilidad de la playa, la línea costera de Ghana presenta una imagen desgarradora, más considerando que los enclaves que la conforman tienen un potencial enorme.

Ante esa situación, casi recién llegada al país, en enero de este año, decidí dedicar una gran parte de mi tiempo junto con seis amigos franceses y ghaneses a combatir semejantes mares de plástico. Fundamos Plastic Punch, una ONG que pretende concienciar sobre los peligros que el plástico genera en el medio ambiente, en la vida marina y en la humana por ende, así como tratar de buscar alternativas a su uso.

El punto de partida fue limpiar la playa en la que aun con esas condiciones las tortugas llegan a desovar. Realizar limpiezas de playas como actos aislados se puede definir como “pan para hoy y hambre para mañana”. Sin embargo, limpiezas organizadas periódicamente son un primer paso hacia el cambio, entendiendo que en algún momento se tienen que retirar los plásticos que se encuentran en la playa y que los residuos se transportan a unas fábricas que elaboran ladrillos a partir de esos plásticos que nadie quiere. De igual modo, organizar un acto social alrededor de la limpieza con otras actividades paralelas sirve para despertar conciencias: talleres con plástico encontrado en la playa, sesiones sobre las tortugas que se encuentran en la zona para distinguir sus nidos, limpiar la playa segregando el plástico de otros residuos…

Desde el inicio del trabajo, constantemente me pregunto el valor añadido que tiene haber creado “una ONG más”, pues no será porque no se lleva años repitiendo lo mismo. Sin embargo, cuando a los niños – y universitarios no tan niños – se les pregunta que de dónde se obtiene el plástico y contestan que “de los árboles”, una se da cuenta de que es casi un deber cívico. De igual modo, la mayoría no sabe ni que llegan tantas tortugas marinas a Ghana ni es consciente de la importancia que juegan en la conservación de la biodiversidad y equilibrio del océano.

La tortuga verde se alimenta de algas marinas y vegetación que crece en aguas de poca profundidad, permitiendo preservar el crecimiento de la misma y el hábitat de otras especies. Por su parte, la golfina se alimenta de crustáceos y otros invertebrados que viven en el fondo del mar, lo que contribuye a mantener el ciclo de carbono en los océanos. La tortuga laúd basa casi exclusivamente su dieta en medusas, evitando no solo que se multipliquen descontroladamente sino la proliferación de otras especies de las que las medusas se alimentan.

De acuerdo con la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), actualmente la tortuga golfina y la laúd se encuentran clasificadas en la categoría de “vulnerable”, mientras que la verde se encuentra en la categoría de “en peligro”. De igual modo, en Ghana la captura, caza y o venta de tortugas, así como los huevos, es ilegal. Sin embargo, la ejecución de la ley es inexistente.

Y la situación en Ghana es crítica: desde el 15 de septiembre, Día Internacional de la Limpieza de Playas, hasta el primer fin de semana de octubre, en el área de Anyanui, en la región del Volta, en Ghana, la patrulla de cuatro que en temporada de reproducción vela por las tortugas cada día en el área, ha encontrado más tortugas muertas que vivas.