Opinion · Ecologismo de emergencia

La hermandad entre el mundo rural y el urbano: derechos de los animales

David Sánchez Chaves

El mundo rural en Andalucía tiene un justificado sentimiento de abandono y a esta sensación no ayudan en absoluto dos tipos de ataques que viene recibiendo de forma cada vez más virulenta: por un lado un ataque cultural por parte de algunos grupos políticos de origen urbano con ideologías que se limitan a defender a nuestras mascotas y que no alcanzan a concebir un entorno agro-ganadero próspero, y por otro lado un ataque económico y laboral por parte de otros grupos políticos que defienden un liberalismo a ultranza y que apoyan (o al menos consienten satisfechos) la venta global de la tierra del campo andaluz en favor de grandes corporaciones que convierten a nuestra vigorosa tierra en un paisaje desolado por latifundios de monocultivos mantenidos con agroquímicos que merman la rica avifauna andaluza y de corrompidas macrogranjas que vienen a ser para los animales que allí se producen lo que para nosotros podría ser el Infierno.

Para el ecologismo político la defensa del mundo rural pasa necesariamente por tender puentes entre lo rural y lo urbano. Al igual que defendemos unas ciudades más naturalizadas en beneficio de sus habitantes también defendemos un mundo rural que se alce en defensa de unos valores que son universales, como lo es la protección animal. Como decimos, uno de esos puentes de unión ha de ser la defensa de los derechos de los animales, de tal manera que defendiendo la calidad de vida de los animales, como individuos sintientes que son, estaríamos defendiendo un mundo rural vivo, sano y próspero; no nos referimos aquí exclusivamente a las mascotas sino a todos los animales desarrollados, sean fauna o ganado. Ampliar la empatía hacia el resto de seres con los que compartimos este mundo ofrece unos valores que se convierten en instrumentos de defensa del mundo rural, pues concebir que todos somos interdependientes nos ayuda a protegernos  mutuamente.

¿Acaso una ganadería extensiva de calidad no pasa necesariamente por un cuidado exquisito de los animales? ¿Acaso un ganadero que defiende a sus animales no está contribuyendo al respeto hacia la fauna del entorno? ¿Acaso un rechazo de las macrogranjas porcinas no es sino un rechazo del maltrato animal? ¿Acaso una defensa de unos cultivos variados sin pesticidas no es enriquecer la biodiversidad animal del campo? ¿Acaso una gestión responsable de la masa forestal no supone evitar incendios forestales en verano que tanto daño generan a la fauna? Como vemos, el respeto hacia los animales está presente en todas y cada una de las medidas que han de fomentarse en el mundo rural para mantenerlo con vivacidad y que su población se asiente, disfrute de un trabajo estable y de calidad y crezca.

En cuanto a determinadas tradiciones que de antiguo están vinculadas al mundo rural, como puede ser la caza, la tauromaquia o el silvestrismo – dejando aparte el hecho de que en muchas ocasiones quienes practican estas actividades provienen del mundo urbano y no aportan riqueza a la zona – han de concebirse como una página de la historia que ya hay que pasar. No representan en absoluto el futuro del mundo rural, no generan sino la destrucción de esos puentes tan necesarios con el mundo urbano de los que antes hablábamos. El futuro pasa por la circunstancia de que el mundo rural muestre con orgullo que en su entorno se respeta la biodiversidad y la vida.

Desde la Ecología política abogamos por una agricultura y ganadería que genere provechosas ventajas para la población rural, lo que pasa necesariamente por revitalizar  las pequeñas y medianas explotaciones ganaderas y agrícolas que suelen dar sustento -y lo que puede ser más relevante: autonomía- a unas pocas familias que podrán desarrollarse sin depender de una empresa ajena y extraña a su entorno; estas familias además conocen de primera mano, cuidan y valoran a sus animales. Ha de rechazarse firmemente la agresión que las grandes empresas y grandes propietarios provocan en el entorno rural, pérdida de los cultivos tradicionales, semillas locales, pérdida de biodiversidad agrícola y ganadera, imposición de monocultivos, sobreexplotación de acuíferos y extinción de especies de avifauna y mamíferos, con las graves consecuencias que ello trae a la cadena trófica de un ecosistema.

Será necesario una profunda reforma agraria, una revisión de los criterios de concesión de subvenciones a los agricultores y ganaderos de la Política Agraria Común (PAC), una modificación de las estructuras de la propiedad en Andalucía…. Pero también será necesario ampliar el ámbito de nuestra empatía hacia nuestros hermanos pequeños: los animales. Sin un mundo rural que demuestre que quiere prosperar ofreciendo el máximo respeto hacia los animales no humanos y que defienda todas las formas de vida, los puentes estarán rotos. Sigamos luchando por construir esos puentes.

 

* David Sánchez Chaves, Abogado y técnico superior en Gestión Forestal y del medio natural, candidato por EQUO Verdes – INICIATIVA Andalucía por la provincia de Granada.