Opinion · Ecologismo de emergencia

El sueño del reciclaje hecho cenizas

Alberto Vizcaíno López

@alvizlo www.productordesostenibilidad.es

Foto: EFE

Una enorme columna de humo negro y cenizas. En eso se convirtieron los 15.000 metros cúbicos de materiales que ardieron en una instalación de reciclaje incendiada en Alcorcón. No es el primero ni el único suceso en el que las llamas cambian el destino de toneladas de material recuperado. Van nueve en el primer trimestre de 2019. Superando los 150 desde 2016 y los 210 en el registro que mantiene Pepe Galindo en BlogSOStenible.

Es una desgracia. Cada vez que una empresa desaparece pasto de las llamas la ilusión de aquellos que la pusieron en marcha, los puestos de trabajo de quienes día a día contribuían con su esfuerzo a mantener la actividad, los ingresos de las familias que dependían esa instalación, el talento, el ingenio y los sueños de muchas personas se convierten en humo. Una desgracia que en el sector de la recuperación y reciclaje se repite cada vez con más frecuencia. De media una vez a la semana en 2017 y subiendo.

A pesar de lo que nos han marcado a fuego las campañas de publicidad, reciclar no es depositar residuos en contenedores de colores. Hay que recoger esos residuos, procesarlos, separarlos… y conseguir un recurso que pueda ser útil como materia prima a alguna industria que quiera comprar el resultado de un trabajo poco agradecido: recibir camiones con residuos mezclados, separarlos en procesos especializados, tanto manuales como automatizados. Almacenar materiales en función de su siguiente destino. Soportar olores, jornadas de trabajo interminables, encontrar y fidelizar clientes… Trabajar con la basura de otros no es agradable. Pero el tratamiento y la gestión de residuos es una actividad imprescindible en una sociedad de consumo basada en productos de usar y tirar.

Soportar inspecciones, auditorías, certificaciones de sistemas de gestión, muestreos sobre la calidad de los materiales, mediciones de los niveles de ruido. Estudios de inmisión de partículas al ambiente exterior. Revisión de sistemas de extinción de incendios. Informes anuales de esto y de lo otro. Calibración de básculas… Todo ello para que un buen día el trabajo de un par de generaciones acabe convertido en humo y cenizas. Y, al llegar a casa, encontrar que se cuestiona a los responsables de la empresa y su buen hacer. Soportar que algunos pretendan establecer paralelismos entre el apellido familiar y la mafia calabresa.

Cada vez que una instalación de gestión, tratamiento o almacenamiento de residuos sale ardiendo el sueño del reciclaje se convierte en cenizas y humo negro. Contaminación de suelos y aguas, gases de efecto invernadero… todo lo que pretendíamos evitar cuando depositamos los residuos en los contenedores de colores se materializa en una pesadilla que es la desgracia de quienes viven del reciclaje.

Tenemos un problema serio y la transparencia en la información sobre qué parte de lo que se recupera no llega a ser materia prima es clave. Con más y mejor información de lo que pasa con nuestros residuos tendríamos más oportunidades de evitar los incendios que arrasan con los materiales que tanto esfuerzo nos cuesta recuperar.

Es triste que la respuesta de Ecoembes a la falta de transparencia sea victimizarse y tratar de desacreditar a quien aporta las evidencias, en vez de responder a las dudas que se ponen sobre la mesa. En este caso en el informe “Maldito Plástico: reciclar no es suficiente” presentado por Greenpeace y que habla de un escaso 25,4% de los envases plásticos recuperados en España en 2016.

Pero es una actitud contagiosa: la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje, en vez de aclarar los errores del listado de los 211 sucesos recogidos por Pepe Galindo en BlogSOStenible, se dedica a criticar que las informaciones difundidas en Internet incluyen como plantas de reciclaje instalaciones ilegales que gestionan residuos sin autorización. Lo hace en un artículo que pone de manifiesto que la alarma por los incendios en plantas de reciclaje provoca una oleada de cancelaciones de seguros.

Sí, quizá nos estamos equivocando en la forma de plantear el problema. Tal vez estamos dejando solos a quienes hacen posible la magia del reciclaje. En la lista de los 211 no todos son iguales. Hay empresas serias, con profesionales cualificados trabajando duro por convertir en materias primas nuestra basura. Hay instalaciones oportunistas que no cumplen con los requisitos legales que aplican a un sector donde el riesgo de incendio está presente. Incluso hay entramados creados para estafar a quienes les confían sus residuos.

Echar a todos al mismo saco y poner a los pies de los caballos a quienes, en un modesto negocio familiar, intentan cerrar el ciclo de la economía circular no va a resolver el problema de un sector que está permanentemente bajo sospecha. Por eso tenemos que trabajar juntos en mejorar la transparencia y la información sobre reciclaje.

Por muchos motivos, pero uno de ellos sería determinar en qué medida es necesario aumentar la inversión del sistema integrado de gestión de envases en la prevención de esos incendios que afectan al material recuperado. Especialmente una vez que ha sido contabilizado como reciclado pero todavía no ha llegado a ser materia prima.

Quizá, en vez de invertir tanto dinero en campañas promocionales para desviar nuestra atención sobre el hecho de que el Tetrabrik no se puede reciclar al 100% en España, estaría bien que se aportase información sobre cuántos de los 15.000 metros cúbicos de materiales que ardieron en Alcorcón, en una empresa homologada como recuperador/reciclador para el material cartón de bebidas/alimentos procedente de recogida selectiva por Ecoembalajes España, S.A. eran envases adheridos al sistema integrado de gestión.

Porque presumimos de recoger 80.000 objetos en una campaña de lavado de imagen, pero se nos olvida informar sobre cuantos objetos arden en los incendios que afectan a las instalaciones donde se almacena el material recuperado a la espera de convertirse en materia prima.

El reciclaje no es magia. Es un proceso complejo que requiere la implicación de todos los agentes de la cadena de valor de los productos que con su uso se convierten en residuos. Desde los fabricantes de envases las empresas que los recuperan, pasando por quienes consumimos productos envasados. Es absurdo cuestionar a quienes se dedican a analizar la cadena y encontrar el eslabón más débil, a quienes evidencian que algo está fallando o a quienes plantean propuestas de mejora de un sistema que dista de ser perfecto.

¿Hacemos por averiguar cuánto material recuperado se pierde en los incendios en instalaciones de reciclaje o preferimos seguir alimentando las sospechas que llevan a la desconfianza en el sector?