Opinion · Ecologismo de emergencia

La conservación de los insectos polinizadores, esencial para la vida

Theo Oberhuber

La polinización constituye un proceso fundamental en los ecosistemas terrestres, siendo vital para la conservación de la naturaleza y para la producción de alimentos además de otros productos.

Se calcula que el 87,5 % (aproximadamente 308.000 especies) de las plantas silvestres con flores del mundo dependen, al menos parcialmente, de la polinización realizada por animales, especialmente por insectos. Mientras que en el Estado español alrededor del 70 % de los cultivos para consumo humano depende total o parcialmente de los insectos polinizadores, que producen también otros productos como miel y cera, y contribuyen directamente a la producción de medicamentos, fibras como el algodón y el lino o materiales de construcción como la madera. Solo su aportación a la agricultura se valora en 500.000 millones de dólares a nivel mundial, 22.000 millones de euros en Europa y más de 2.400 millones de euros en nuestro país. Además, hay que tener en cuenta que en los últimos cinco decenios el volumen de producción de cultivos que dependen de los polinizadores ha aumentado a nivel mundial en un 300%, de modo que nuestra subsistencia está cada vez más supeditada a la polinización.

El arduo trabajo de polinizar las plantas silvestres y la mayoría de los cultivos existentes en nuestro país es realizado especialmente por unas 7.000 especies de dípteros, 4.000 de lepidópteros, 9.500 de himenópteros y más de 10.000 coleópteros, y en menor medidas por varias especies de aves y mamíferos. Sin embargo, una buena parte de la sociedad considera a la mayoría de estas especies como plagas, o como animales indeseados que se deben eliminar.

En las últimas décadas se ha comprobado que existe una marcada disminución de las poblaciones de insectos polinizadores y aunque los estudios no coinciden en el porcentaje de insectos que se encuentran ya amenazadas de extinción, existe un claro consenso en la gravedad de la situación y la necesidad de adoptar medidas. También coinciden al señalar cuáles son sus principales amenazas, destacando la fragmentación de hábitats, el cambio en el uso de la tierra, los productos químicos agrícolas e industriales, los parásitos y las enfermedades, las especies exóticas invasoras, y el cambio climático.

¿Serán capaces nuestras administraciones de tomar las medidas necesarias para frenar el actual ritmo de extinción de insectos? Pues no lo parece, teniendo en cuenta el poco interés que están demostrando en la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, en esta ocasión las consecuencias que puede tener para la agricultura la desaparición de los polinizadores quizás logren el milagro.

La realidad es que actualmente no tenemos alternativas viables a la polinización realizada por insectos. Aunque ya para ciertos cultivos se ha recurrido a la polinización manual, mediante pinceles o esponjas, y aunque ya exista una amplia oferta de polinizadores criados en cautividad (especialmente abejorros) para el cultivo en invernaderos, no parece que estas soluciones sean factibles para ese 70% de cultivos que ahora dependen de los insectos polinizadores. Como mínimo estas soluciones supondrían un encarecimiento de productos de primera necesidad inviable para la gran mayoría de la sociedad. Y si hablamos de las plantas silvestres es evidente que en ningún caso estas supuestas soluciones pueden considerarse viables.

Las soluciones reales a este reto pasan por una nueva PAC (Política Agraria Común) que apueste por recuperar y conservar los hábitats favorables para los polinizadores, que apoye buenas prácticas agrícolas que permitan mantener la disponibilidad de flores, por el fomento de la agricultura ecológica y el abandono de los cambios de usos del suelo. Es urgente que nuestras administraciones pongan en marcha un plan para reducir al menos en un 50 % la utilización de plaguicidas para el año 2023, y que se deje de autorizar de forma excepcional productos tóxicos prohibidos. También es necesaria la puesta en marcha de mecanismos para evitar la introducción de nuevas especies exóticas invasoras y la propagación de las ya introducidas.  Hay que promover iniciativas que aumenten la disponibilidad de flores y recursos para la nidificación de estos insectos en el medio silvestre, en áreas agrícolas, en ciudades y en el entorno de carreteras. Promover la educación y la sensibilización en los sectores público y privado sobre los múltiples valores de los polinizadores y sus hábitats, así como incrementar la investigación sobre estas especies para su conservación.

El tiempo nos dirá si las administraciones están a la altura de la emergencia ecológica, y por lo tanto humana, a la que nos enfrentamos.