Ecologismo de emergencia

Cambio climático: sigamos luchando

Columnas de humo y vapor se desprende de la planta eléctrica de Belchatow, la mayor central de carbón de Europa, operada por PGE Group, cerca de Belchatow, en Polonia. REUTERS/Kacper Pempel
Columnas de humo y vapor se desprende de la planta eléctrica de Belchatow, la mayor central de carbón de Europa, operada por PGE Group, cerca de Belchatow, en Polonia. REUTERS/Kacper Pempel

A cuenta de la presentación pública del último informe del IPCC, me viene a la cabeza aquella famosa máxima de Gramsci de que al pesimismo de la inteligencia hay que confrontarlo con el optimismo de la voluntad. Y es que los datos sobre las causas, y las consecuencias del cambio climático contenidos en el informe son tan contundentes como inapelables, pero también lo es la necesidad de apelar a un esfuerzo de voluntad colectiva para mantenernos en los escenarios de reducción de emisiones que permitan evitar lo peor. La dureza de los datos no puede llevarnos al desánimo.

Quienes llevamos años trabajando contra el cambio climático sabemos de la seriedad y del rigor de los informes del IPCC. Cada uno de ellos (este es el sexto) suponen un nuevo aldabonazo en la conciencia colectiva sobre el daño que le estamos haciendo a este nuestro (único) planeta. Se trata de informes que analizan lo publicado en las distintas y amplias materias que tienen que ver con el cambio climático, y ofrecen en consecuencia propuestas de acción para los responsables políticos. El quinto informe se publicó en 2014. Quizás la primera conclusión que debemos extraer hoy es que estamos ante un nuevo, y urgente, llamamiento a la acción. Precisamente por eso, con la esperanza de influir en los responsables políticos, el informe se publica semanas antes de la Cumbre del Clima de Glasgow (COP26).

Del aluvión de datos del informe se concluye que, efectivamente, las temperaturas medias globales están aumentando rápidamente. Estamos ya 1,1ºC por encima de la media desde que tenemos registros, por tanto nos acercamos a ese 1,5ºC de aumento que queremos evitar. Los eventos climáticos extremos se están acelerando, y lo harán más si continúa esta tendencia. Por tanto los eventos meteorológicos extremos que estamos viendo este verano en todo el mundo son sólo un suave adelanto de lo que vendrá si no actuamos.

En la próxima Cumbre de Glasgow los gobiernos de todos los países deben poner sobre la mesa una actualización de sus compromisos de reducción de emisiones. El mensaje es claro: la ambición hoy es insuficiente y con los compromisos actuales no se llegará a al objetivo pactado en el Acuerdo de París para evitar un aumento de temperaturas por debajo de 1,5º C. Por lo tanto es imprescindible aumentar la ambición.

No es un asunto baladí, ya que también el IPCC da un cierto margen para la acción. Básicamente nos recuerda la magnitud de los daños, pero también confirma que si se actúa desde la ambición tenemos unos años (pocos) para reducir las emisiones, y que tenemos que acelerar el ritmo de descarbonización para alcanzar un escenario de cierta seguridad climática.

La comunidad científica fulmina definitivamente al negacionismo, dejando claro que estamos ante la inequívoca mano del ser humano calentando la atmósfera, el océano y la tierra, que ha generado cambios generalizados y rápidos. Nos queda sin embargo un negacionismo político que ha hecho mucho daño a las políticas climáticas y que, por desgracia, podría seguir haciéndolo.

De todos los mensajes que escucharemos estos días con respecto al último informe del IPCC hay que volver a pensar en Gramsci, y apelar al optimismo de la voluntad: los datos son contundentes y muy duros, pero tenemos que seguir luchando contra el cambio climático, y tratar de hacer real ese escenario de descarbonización que nos muestra que todavía hay esperanza. No bajemos los brazos.