Opinión · EconoNuestra

Alternativas para salir de la crisis

Fernando Luengo
Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid
y miembro del Colectivo econoNuestra

1. Las políticas implementadas (y los diagnósticos que las avalan) responden, como no podía ser de otra manera, a intereses sociales. Los gobiernos y la troika realizan un continuo esfuerzo por diluir esta perspectiva (contenido de clase), esgrimiendo algunas veces un saber técnico y otras las imposiciones de unos mercados impregnados de una intrínseca racionalidad económica; sabiduría y racionalidad formarían un  tándem aparentemente neutral que justificaría el camino seguido estos años de crisis. En realidad, ese camino ha estado trazado por las élites económicas y políticas, que acumulan riqueza y poder en su recorrido, mientras la mayor parte de la población se empobrece. Una política de superación progresista de la crisis necesita invertir esa relación de ganadores y perdedores y promover el surgimiento de una mayoría social capaz de impulsar un profundo giro en las economías europeas.

2. A pesar de las exigencias y restricciones procedentes de los mercados y de la troika, existe un espacio de intervención social y política en el ámbito de los estados-nación, si bien es indudable que cada vez es más limitado. Ese margen se podría utilizar, por ejemplo, en el rediseño de los modelos productivos y en la materialización de políticas cuyo eje central girase en torno a la creación de empleo. Al mismo tiempo y de manera complementaria, encontrar un camino de superación de la crisis requiere trascender los perímetros de los estados nacionales. Así lo exigen la envergadura de buena parte de los problemas a enfrentar y de las resistencias a vencer. Por ambas razones, resulta obligado acumular masa crítica a escala europea con capacidad transformadora, articulada alrededor de un conjunto de objetivos que de manera central y transversal apunten en la dirección de la refundación y reorientación del proyecto comunitario. Este enfoque supraestatal todavía sería más necesario ante la eventualidad de una ruptura parcial o total, consensuada o unilateral, de la zona euro.

3. La crisis económica, por su duración, amplitud y profundidad, ha extendido sus efectos adversos en un amplio segmento social. Sobre los grupos más vulnerables, por supuesto; entre ellos se encuentran, por ejemplo, los trabajadores de menor cualificación, las personas que dependen en mayor medida de las redes sociales y asistenciales públicas y la población inmigrante. Pero también ha arrastrado a una parte de las clases medias, que han visto comprometidas sus aspiraciones laborales, profesionales y sociales. De modo que el grupo de los damnificados por la crítica situación actual es muy amplio. Son especialmente visibles en las economías periféricas, pero los encontramos igualmente en las más prósperas, donde la fractura social también ha crecido. Transversalidad geográfica que debe inspirar una  propuesta de salida de la crisis. Teniendo esto en cuenta, resulta necesario  trascender la dicotomía Norte-Sur, en la dirección de la conformación de un amplio bloque social que recorra los cuatro puntos cardinales del continente europeo.

4. La gestión autoritaria de la crisis económica, presentada como inevitable, y la creciente frustración social provocada por el continuo e imparable deterioro de la situación económica, la prepotencia de la clase política y la sucesión de episodios de corrupción, que recorren tanto la esfera pública como la privada, están teniendo como consecuencia el alejamiento y la desconfianza de los asuntos políticos por parte de la ciudadanía. Si la despolitización facilita la implementación de políticas que benefician a unos pocos, excluyendo a la mayoría social, una alternativa progresista de superación de la crisis necesita de la movilización y del concurso (no sólo del apoyo pasivo) de esa mayoría. Se impone, por lo tanto, una decidida y profunda acción política, que comprometa a los movimientos sociales y que se proyecte en las instituciones. Esta articulación entre los planos político, social y ciudadano es la  piedra angular de una necesaria regeneración democrática europea.

5. Una alternativa progresista necesita la consolidación y ampliación de espacios democráticos (cada vez más deteriorados por la actual deriva autoritaria en que se encuentra inmersa la Europa comunitaria). Más democracia y una verdadera democracia, porque una estrategia de superación de la crisis tiene que cimentarse en la diversidad de aspiraciones y propuestas existentes en la ciudadanía, cuya expresión y síntesis exige un profundo diálogo e interacción; porque la materialización de las políticas acordadas requiere de la permeabilidad entre las instituciones y la sociedad civil y de la activación de instrumentos de intervención social; y porque urge dotar de protagonismo a las instituciones que emanan de la voluntad popular, ampliamente ninguneadas por los poderosos.

En ese proceso, los movimientos sociales que han surgido en los últimos años, en parte como rechazo de la actual institucionalización de la política, ante la parálisis y las estructuras inmovilistas de los partidos políticos o por su abierta connivencia con el poder, reflejando un profundo malestar que desborda ampliamente las estructuras partidarias. tienen que desempeñar un papel relevante. La reorientación estratégica de las políticas económicas aplicadas y la regeneración democrática que necesita dicha reorientación requieren del concurso de la sociedad civil, cuyo sector más activo se articula alrededor de esos movimientos. De su capacidad para formular alternativas a la crítica situación actual y convertir estas alternativas en exigencias políticas está una de las claves del futuro inmediato.