Opinion · EconoNuestra

Es la política, estúpidos, es la política

Pedro Chaves
Profesor de la Universidad Carlos III y miembro de Econonuestra

En estos días se ha rumoreado, con visos de certidumbre, el fin del mecanismo institucional de la troika. Ese acuerdo entre el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional que se ha convertido en un icono de las políticas austericidas lideradas por la Unión Europea y que tanto dolor, daño y destrucción han causado en las economías sometidas a su tutela y gestión. Entre ellas la nuestra.

Se ha hecho evidente el desencuentro a partir del reconocimiento del Fondo Monetario Internacional de que la gestión de la crisis y de los rescates, basados únicamente en el control del gasto público han sido un fracaso. Y, aun más insólito si cabe, el FMI pide disculpas por el daño causado y por su responsabilidad en el desempeño de esas políticas.  No hay duda de que es un gesto inusual, pero no sabemos de ningún responsable que haya dimitido o haya invitado a un harakiri colectivo a todos aquellos que han hecho posible que dos generaciones de griegos, portugueses, irlandeses, chipriotas o españoles vean sus vidas cercenadas y condenadas. La destrucción causada por las recetas dogmáticas al servicio de unas élites exigirán, en algún momento, una auditoria ciudadana con responsabilidades penales y políticas. Ahora es el momento de poner de manifiesto los matices que esta declaración de intenciones sugiere para rescatar la política, y con ella, la voluntad de las comunidades para cambiar la dirección de los procesos históricos.

Estas manifestaciones son una evidencia palmaria de que no hay ningún saber técnico por encima de las ideologías, en la medida en que estas puedan representar diferentes intereses en pugna. Se ha caído, esperemos que para siempre, el velo que cubría el rostro de los famosos mercados y su pretendida infalibilidad. Descubrimos doloridos que las recetas económicas que nos iban a sacar de la crisis respondían a intereses minoritarios cuyo bienestar, ese sí, debería ser asegurado en contra de los intereses y bienestar de la mayoría.

No es el único momento en el que esa evidencia respecto a la mentira de un saber técnico por encima de los intereses se ha mostrado con crudeza. Los gobiernos “técnicos” (el de Monti en Italia, el de Papademos en Grecia, por ejemplo) mostraron todas sus debilidades igualmente, y se hizo obvio que la gestión de la crisis confrontaba diferentes perspectivas económicas, políticas e ideológicas. Cuando el Fondo Monetario realiza este acto de constricción señala que Bruselas está lleno de talibanes de la austeridad. Una manera de reconocer ese sesgo ideológico en decisiones que, hasta hace unos meses, parecían estar protegidas de la confrontación en el eje izquierda-derecha. No es solo y no tanto, que un poco menos de austeridad y un poco más de crecimiento puedan ser mejor, es que hace falta un enfoque radicalmente diferente para no seguir condenando a millones de personas a vidas destrozadas y a un futuro aún más incierto.

Es importante hacer pedagogía con estas evidencias para recuperar la política y la capacidad de las comunidades para tomar decisiones diferentes a las que siguen proponiéndonos. Ahora, el patético espectáculo de un acuerdo sobre empleo juvenil infradotado hasta el ridículo respecto a la magnitud de los rescates bancarios y los recortes sociales al servicio de la viabilidad del sistema financiero, pretende ofrecer un poco de árnica frente a la evidencia de tanto desastre e incompetencia.

Pero siguen persistiendo las mismas políticas y los mecanismos institucionales que están sirviendo para gestionar la crisis desde la Unión Europea, minan, aún más, la democracia, la autodeterminación política de las comunidades y el presente y el futuro para la mayoría.