Opinion · EconoNuestra

Pronóstico reservado para nuestra economía

Fernando Luengo
Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del colectivo econoNuestra

¿Las economías comunitarias divisan ya el “final del túnel”; o, por el contrario, a pesar de que algunos indicadores han experimentado una cierta mejoría, estamos aún lejos de una situación postcrisis? Con todos los límites que presenta el indicador que mide el Producto Interior Bruto (PIB) como expresión de la fortaleza de una economía (muy importantes, pero de los que aquí no me ocuparé), me centraré en los resultados avanzados por Eurostat (la Oficina estadística Europea) para 2013.

Si se cumplen las previsiones estadísticas, la Unión Europa (UE) 27 (excluyendo Croacia, la última incorporación a la Europa comunitaria) cerrará este año con un mínimo crecimiento del producto, equivalente al 0,1% y la zona euro todavía mostrará resultados negativos (-0,3%); 8 de los 27 países también estarán en esta situación, y otros 8 crecerán a tasas inferiores al 1%. Los cuatro meridionales (España, Grecia, Italia y Portugal) volverán a situarse en números rojos en 2013. Por encima del 2% sólo se encontrarán las tres economías bálticas (no entraré en analizar la bondad de estos resultados, pero sí es obligado señalar que encabezan el ranking europeo de reducción salarial, desigualdad y pobreza; por eso llena de asombro –o quizás ya no asombra tanto- que los responsables de Bruselas las pongan como modelo a seguir).

El PIB comunitario se situará en este año por debajo del nivel de  precrisis, en 2007. El balance de los países situados en la ZE todavía es más desfavorable, pues su producto será un 2% inferior al del año tomado como referencia. Más de la mitad de las economías (16 de las 27 que forman parte de la UE) todavía estarían en un proceso de recuperación del nivel productivo que existía ¡hace siete años!, por no hablar de las meridionales, que se encuentran más lejos aún de dicho nivel.

De modo que, cuando se escriben estas líneas, las economías comunitarias están muy lejos de haber superado la actual crisis económica (suponiendo que dicha salida se pueda o se deba medir por el comportamiento del PIB); y mucho menos las que cuentan con tejidos productivos más débiles, que son, además, las que están padeciendo en mayor medida los costes de los denominados programas de austeridad y los paquetes de reforma estructural.

Para más inri, los pronósticos realizados por las agencias internacionales describen un futuro dominado por la incertidumbre; en el mejor de los casos, los datos avanzados con respecto a la evolución del PIB son, en su conjunto, bastante discretos. Todas las estimaciones coinciden en presentar un escenario de leve y lenta recuperación del producto, del que no se excluyen posibles retrocesos, muy lejos del que supondría una salida de la crisis económica. Y todo esto sin entrar en las cuestiones de fondo que laten en esta crisis –las fracturas productivas, la desigualdad, el predominio de las finanzas- o de otras que ni siquiera rozan la agenda de los gobiernos -como la sostenibilidad de los procesos económicos-, aspectos que, lejos de resolverse, se están agravando.