Opinion · EconoNuestra

Hemos salido de la crisis…¡Y nosotros sin enterarnos!

Iván H. Ayala
Profesor universitario de economía, miembro del círculo 3E de Podemos y de econoNuestra. @ivanhayala

La economía está mejorando, y aunque sea mucha la coincidencia entre la mejora económica y el advenimiento de un trascendente periodo electoral, vamos a analizar la fundamentación económica de la recuperación. No vamos a entrar en el debate de si estamos saliendo de la crisis o no, pues habría que definir “salir” y “crisis”, términos tan sobados que en muchas ocasiones se vuelven estériles para el análisis. Queremos fundamentar eso sí, que estamos asistiendo a un cambio de modelo económico, con características estructurales de precariedad, desigualdad y bajo crecimiento.

Veamos en primer lugar las tasas de crecimiento, manido indicador que se estira como el chicle en función de quién lo utilice. El Banco de España analiza en su último boletín cuáles son las principales fuentes de las actuales tasas de crecimiento: “Mejora de la renta disponible real y de los beneficios empresariales asociada a la caída de los precios del petróleo; la paulatina traslación a las condiciones de financiación de las medidas de política monetaria; la depreciación del tipo de cambio del euro, que podría compensar la pérdida de ritmo de las economías emergentes; y el tono neutral que ha adquirido la política fiscal, tras varios años de consolidación presupuestaria.” (Énfasis añadido)

O lo que es lo mismo, todos son los factores que afectan positivamente a la tasa de crecimiento son factores externos -ajenos al gobierno- e incluso algunos factores agravantes de la recesión, como la “consolidación presupuestaria” -epíteto para los brutales recortes-, han sido exactamente las políticas estrella del gobierno. Es decir, que “crecemos” por factores externos, y porque el gobierno ha relajado las trabas al crecimiento. Esto significa que en algún momento, alguno de los elementos señalados anteriormente –recordemos fuera del control del gobierno- pueden revertir su buen comportamiento. Por ejemplo, los precios del petróleo en una economía como la española, dependiente energéticamente en un 70%, tienen un fuerte impacto (sobre precios y renta disponible) en la economía, tanto cuando suben como cuando bajan. Dado que todo apunta a un incremento paulatino de los precios del petróleo, el efecto será exactamente el contrario del experimentado hasta ahora, y como el gobierno ha seguido una política energética en alianza con los grandes oligopolios sin desarrollar alternativas y penalizando acciones que reducirían nuestra dependencia energética (como el autoconsumo), nos encontraremos otra vez con un incremento de costes y freno al crecimiento. Henos aquí a la merced de unos precios de un recurso que no controlamos.

Con la depreciación del tipo de cambio del euro ocurre lo mismo, se ha acelerado desde la implementación de la expansión cuantitativa del BCE. Resulta además interesante ver cómo esta política se ha diseñado de forma que coincidiera –vaya ¡otra más!- con las elecciones griegas, y las negociaciones de las condiciones de los préstamos entre Grecia y la Troika. En el caso de que el gobierno griego consiguiera unos términos aceptables para su población sentaría un precedente e incentivos claros para que otros posibles gobiernos puedan seguir el mismo camino, y la agenda de la austeridad a nivel europeo se pusiera en cuestión. Por ello se están utilizando las políticas económicas europeas -no solo para, pero también como- herramienta política de presión para implementar el cambio de modelo que la austeridad persigue. Por eso estas políticas europeas son tan favorables para gobiernos como los españoles, y tan desfavorables para gobiernos como el griego. En cualquier caso, es evidente que si la política fiscal de los países miembros sigue estando constreñida por el corsé europeo, la política monetaria no podrá salir de la trampa de la liquidez dónde se encuentra.

Echemos un vistazo al consenso en torno a las previsiones de crecimiento que manejan diferentes instituciones (BCE, FMI, Comisión… es decir la Troika) y que apuntan previsiones espectaculares para el próximo año. Rajoy hablaba de un crecimiento de más del 2,4%, y el BdE de hasta un 2,8%… en tasas interanuales claro. Porque tasas intertrimestrales crecemos tan solo a un peligroso 0,7%. Las tasas interanuales como están referidas al año anterior reflejan variaciones más grandes, mientras que las intertrimestrales, al compararse con el trimestre anterior, reflejan un camino menos espectacular y más real de la economía. Esto es bien sabido por el gobierno, por lo que concentrar los recortes en 2012 y 2013, y relajar la política fiscal en 2014 le ha permitido generar unas tasas de crecimiento interanuales planificadamente elevadas. Hay una parte del gasto público que no está en manos del gobierno, sino que es principalmente consecuencia de los estabilizadores automáticos (subsidios por desempleo principalmente, pero también pensiones). Cuando quitamos estos efectos, obtenemos la tendencia que nos permite ver la política fiscal que está aplicando el gobierno en realidad. En este sentido, el déficit estructural (que es el que captura el tono de la política fiscal del gobierno) muestra una política fiscal de recortes hasta el 2013, y un cambio a partir de 2015. Esto se aprecia en la pendiente del déficit estrucural: cuanto más pronunciada es, mayores serán los recortes previstos. Como vemos, el FMI prevé un incremento de los recortes (de la pendiente) a partir 2015/2016, una vez pasado el periodo electoral: el FMI prevé por tanto que las elecciones serán ganadas por la Troika una vez más en España.

Figura 1Fuente: FMI, WEO.

Figura 2

Fuente: IMF, WEO, 2015.

El gobierno ha concentrado los recortes en los dos años y medio primeros de la legislatura con el fin de, por un lado, desterrar los estas impopulares medidas durante el presente debate electoral y por otro, incrementar la variación interanual del PIB con el fin de poder acudir con una “gran” recuperación bajo el brazo a elecciones. Una de las causas por la que la economía española está creciendo es, como dice el BdE, el suave abandono de los recortes durante el año 2014. El gasto en la política fiscal puede tener efectos rápidos, tanto positiva como negativamente. Por eso el gobierno ha revertido muchas de las medidas en términos de recortes que ha implementado durante la legislatura, como las tasas judiciales, la tarjeta sanitaria para las personas inmigrantes, etc. Pero en el camino, ha dejado condiciones de vida, e incluso vidas.

El segundo elemento positivo en el que se basa la nueva narrativa de la recuperación es en la mejora de los datos de desempleo, y el incremento de afiliaciones a la seguridad social. Lejos de una recuperación, a lo que estamos asistiendo es a una verdadera transformación en las relaciones laborales. En primer lugar, los salarios han caído más en España que en la zona euro, o más que en Alemania. Antes al contrario, en países como Alemania, Finlandia o Suecia tienen una tendencia creciente.

Figura 3

Fuente: eurostat.

Si además añadimos a esta caída de salarios, la caída en la participación de los mismos en la renta que vemos en el gráfico siguiente, podemos explicar la insuficiencia de demanda agregada de países como España, así como el alto endeudamiento privado de la economía española.

Figura 4

Fuente: eurostat

Las familias al ver reducido su salario (algo que solo se detuvo durante la burbuja inmobiliaria), han tenido que incrementar su endeudamiento hasta niveles desproporcionados. A pesar de que el endeudamiento de las familias es insignificante con respecto al de los bancos, el sistema en su totalidad tiende a un incremento del endeudamiento privado, como se ve en el siguiente gráfico.

Figura 5

Fuente: eurostat

El alto endeudamiento privado entre otros motivos tiene en primer lugar a la caída secular de la participación salarial en la renta, a la burbuja inmobiliaria (los precios de las viviendas sobre las que se concedieron hipotecas eran anormalmente elevados) y al retraimiento de los servicios asociados al estado de bienestar (subida de tasas, préstamos para estudios, acceso a la sanidad, etc.). A esta caída ha contribuido de especial manera la última reforma laboral, al asestar un golpe mortal a la negociación colectiva. El llamado “descuelgue”, o la posibilidad de desengancharse del convenio sectorial, ha incrementado el número de trabajadores afectados, y el número de convenios colectivos ha descendido de manera dramática desde la aplicación de la última reforma laboral. Esto no hace sino profundizar la tendencia a la baja en la participación de los salarios en la economía y profundizar la insuficiencia de demanda crónica de la economía española, una de las causas de los desequilibrios europeos y de la crisis en la eurozona. Si tenemos en cuenta que los salarios son el principal motor de una economía como la española (lo que se llama “wage-led economy”), entenderemos el enorme daño infligido por el gobierno del PP a la economía española y al conjunto de la eurozona. Las políticas de austeridad tan alegremente abrazadas por este gobierno, han hecho que la eurozona sea la región económica con peores perspectivas económicas del mundo.

Esta caída secular de salarios además ha propiciado una economía no más competitiva, como nos repiten constantemente, sino a configurar un mercado de trabajo poco competitivo y basado en actividades productivas de bajo valor añadido. Es cierto que el número de personas en situación de desempleo –independientemente de las discrepancias que las hay sobre su cálculo- ha dejado de incrementar. Pero no olvidemos varios datos. En primer lugar, hoy existen casi 3 millones menos de puestos de trabajo que al comienzo de la crisis, en 2007, y hace ya 7 años. La destrucción productiva ha sido histórica y agravada por las políticas de austeridad de los dos gobiernos que han estado en el poder estos años, por lo que o bien hay un cambio en el tono de la política fiscal (matar la austeridad), o bien no se estará atacando una de las grandes causas del enorme desempleo en nuestro país.

En segundo lugar, la creación de empleos se está produciendo en empleos a tiempo parcial como se aprecia en el gráfico, lo que indica la aceleración de la creación de empleos precarios (recordemos, la temporalidad es la primera fuente de precariedad). Se está configurando una situación dónde cada vez una mayor proporción de trabajadores tienen que gestionar una fragmentada jornada laboral compuesta en el mejor de los casos de muchas pequeñas jornadas temporales para obtener un salario cada vez más reducido. Se está trabajando lo mismo o más horas, por un salario menor.

Figura 6

Fuente: EPA, INE.

De esta manera, el llamado precariado (desempleados y ocupados con empleos “flexibles”) asciende a 10 millones de personas. Esto además se une a la cronificación del desempleo, ya que en 2014, 3.5 millones de personas desempleadas (62% del total) llevaban un año o más en dicha situación. Esta situación está haciendo que crezca la pobreza y desigualdad, lo que –además de ser una política social a combatir- incrementa la vulnerabilidad de la economía al incrementar la incertidumbre de los hogares que la forman.

En definitiva, la salida de la crisis que está promocionando el gobierno no solo es mentira, y está artificialmente creada, sino que esconde una peligrosa realidad: la transformación de la economía española hacia un modelo de trabajo precario, bajos salarios, con un brutal incremento de las desigualdades y una especialización en actividades de bajo valor añadido. Lo peor es que el gobierno en su afán de negar la evidencia, ha relajado la política fiscal durante 2014 de forma que en 2015 pudiera tener los resultados necesarios para producir esa variación que supone el “milagro económico Rajoy”. El problema es que ya conocemos dónde acaban los milagros económicos del PP.

Las promesas electorales de rebajas de impuestos e incremento del gasto público comprometen seriamente la sostenibilidad de las cuentas públicas durante el siguiente ejercicio, lo que inevitablemente llevará a futuras eliminaciones de grandes porciones del estado de bienestar (pensiones, educación, sanidad). La connivencia de las instituciones europeas con Rajoy –en contraposición con el ataque a Tsipras- permitirá una relajación hasta el año que viene, dónde se volverán a aplicar medidas de austeridad para cumplir con los objetivos de déficit. Pero con cada nueva vuelta de tuerca austericida, se necesitan destruir áreas cada vez más importantes del estado de bienestar, por lo que se augura un 2016-2018 de recortes histórico. A no ser que cambien la política… y también la economía.