Opinion · EconoNuestra

40.000 razones para querer (creer)

Carmen Belchí García y Ania Pérez de Madrid Carreras
Presidenta y Secretaria de AIRES (Asociación para la Inclusión Residencial y Social)

Esta semana estamos “celebrando”, una vez más, el día de las personas sin hogar. Por primera vez parece que vemos algo de esperanza para las personas que diariamente duermen en las calles de nuestras ciudades, o en barracones o butacas en condiciones de indignidad y falta absoluta de privacidad.

Pero como decimos, hoy sí tenemos razones para creer. Os proponemos, para entender nuestra esperanza, jugar un rato a IMAGINAR.

Estamos a finales de 2020, hace ya cinco años que se aprobó la Estrategia Integral Nacional para Personas Sin Hogar 2015-2020 (en adelante Estrategia), un instrumento de cooperación que llamaba a todos los agentes implicados en la lucha contra el sinhogarismo – Administraciones central, autonómica y local y Tercer Sector- a desarrollar una acción concertada, que se materializara en medidas cooperativas e innovadoras con el objetivo, a medio plazo, de reducir el número de personas sin hogar en España, para aspirar, a largo plazo, a la erradicación de la peor expresión de la exclusión social, el sinhogarismo.

Se trataba del primer planteamiento global y coordinado territorialmente en las políticas sobre sinhogarismo en España, en el que, además, los municipios eran llamados a liderar las acciones planificadas en la Estrategia a través de proyectos concretos de intervención y de prevención.

Partíamos entonces de una estimación –no contábamos con instrumentos fiables que nos permitieran dimensionar los problemas sociales a nivel estatal- de que eran alrededor de 40.000 las personas que cada noche dormían en los diferentes recursos, centros o albergues y en las calles de nuestras ciudades. 40.000 personas invisibilizadas y estigmatizadas, a las que la ciudadanía concebía como un colectivo homogéneo, y a quienes en los medios de comunicación se referían como “mendigos”, “transeúntes” o “indigentes”.

Tras la aprobación de la Estrategia, muchos de nosotros tuvimos dudas; celebrábamos la aprobación de una herramienta integral y global, pero ésta no venía acompañada de memoria económica ni de partidas presupuestarias concretas, no calendarizaba ni establecía quién era responsable de cada tarea concreta, cuándo y cómo se iban a desarrollar esas tareas… Pensamos que volvían a ser palabras bienintencionadas que quedarían en papel mojado.

Pasaron las elecciones generales de diciembre de 2015 y, para nuestra sorpresa, el nuevo Ejecutivo mantuvo la mirada política en desarrollar la Estrategia. Creó y convocó Mesas Interdepartamentales de Coordinación con las administraciones regionales, quienes desarrollaron de una forma ágil y eficaz Planes Autonómicos de Atención Integral a Personas Sin Hogar. Desde las Autonomías se convocó a los municipios, y se crearon a su vez, Mesas de trabajo a nivel local con la participación de las entidades sociales y de las propias personas sin hogar.

Se desarrolló un plan concertado de financiación, asumiendo cada nivel institucional una parte del gasto y cumpliendo la letra original de la Estrategia cuando establecía que los municipios debían liderar las acciones de intervención y prevención que se desarrollaran dentro de este marco.

Bien es cierto que, en ese momento, se dieron dos condicionantes fundamentales para el éxito de la intervención municipal sin los cuales éste no hubiera sido posible; por un lado se dejó sin efecto la aplicación de las medidas contenidas en la llamada Ley de Reforma Local, entendiendo finalmente los responsables gubernamentales que los municipios son los entes más cercanos a los ciudadanos y, por tanto, las administraciones desde donde mejor se puede trabajar para cumplir el mandato constitucional de remover los obstáculos para que las personas puedan desarrollarse dignamente. De igual importancia fue el fortalecimiento del Sistema Público de Servicios Sociales, conseguido gracias a la aprobación de la Ley General de Servicios Sociales, de ámbito estatal, y que vino a aumentar los niveles de cohesión social y de igualdad en el acceso y la atención social de todos los ciudadanos, independientemente del lugar del territorio en el que vivieran.

Cinco años más tarde, son muchos los cambios producidos y seguimos teniendo, por tanto, razones para creer que es posible que no haya NADIE SIN HOGAR.
Partiendo de las motivaciones que guiaban la Estrategia: el derecho a la seguridad de vida, el derecho a la vivienda, y el derecho a la protección de la salud y el apoyo social, se han implementado de forma muy generalizada acciones orientadas a la vivienda.

Dentro de las soluciones centradas en la vivienda (Housing Led) se ha optado de forma mayoritaria por la aplicación de la metodología Housing First, un modelo de atención avalado científicamente y desarrollado ampliamente en Estados Unidos, Canadá y Europa desde su creación a finales de los noventa por parte de Sam Tsemberis y su organización neoyorquina Pathways to Housing.

El modelo Housing First unifica dos herramientas imprescindibles para iniciar procesos de desarrollo y mejora con personas sin hogar con patologías múltiples y complejas: en primer lugar la vivienda –asequible, digna, individual, dispersa- a la que se accede en cuanto hay posibilidad, sin necesidad de demostrar que se está preparado para ser alojado. La vivienda se convierte, por tanto, en el primer paso del proceso de integración y no en el último. En segundo lugar los apoyos individualizados, a cargo de técnicos de los ámbitos social, educativo, psicológico o sanitario, con formación especializada y desde los enfoques de reducción del daño y recuperación personal. La formación de los técnicos socioeducativos y sanitarios ha ocupado gran parte de los esfuerzos de la implementación de las acciones de la Estrategia pues, junto con la vivienda, son la mayor garantía de éxito de este modelo de atención.

La persona beneficiaria en este modelo de atención sólo tiene que cumplir con dos compromisos inexcusables: aportar el 30% de sus ingresos para el pago de la renta y de los suministros, y aceptar al menos una visita semanal del equipo de apoyo. Por su parte, han sido muchas las Administraciones gestoras de vivienda pública que han dotado de viviendas en régimen de alquiler social a estos programas.

Hoy podemos decir que la tasa de mantenimiento de la vivienda se sitúa en torno al 80% y que, no sólo ha aumentado de forma exponencial la calidad de vida de las personas que antes no tenían un hogar, sino que se han reducido drásticamente sus ingresos en urgencias hospitalarias, los traslados en ambulancia, las pernoctas en calabozos, etc.
Los excelentes resultados obtenidos durante el período 2015-2020 han impulsado que la metodología Housing First se presente como modelo generalizado de atención en la II Estrategia 2020-2025, sumado a programas de empleo específicamente destinados a esta población.

Podemos decir, igualmente, que gracias a los programas de prevención y atención temprana, se ha evitado que ciertas poblaciones llamadas “de riesgo” quedaran en situación de sin hogar. En especial se ha avanzado con jóvenes tutelados por las Comunidades Autónomas cuando llegaban a la mayoría de edad legal; varones que perdían su vivienda tras procesos de separación o divorcio; personas que salían de prisión y no contaban con redes familiares o institucionales de apoyo… De nuevo, el éxito de estos programas hubiera sido imposible sin los acuerdos suscritos con las diferentes Comunidades Autónomas, Instituciones Penitenciarias y con los Juzgados para trabajar en coordinación con sus equipos psicosociales.

Según datos del Observatorio Nacional de Inclusión Social, las medidas adoptadas en los últimos años están frenando notablemente los procesos de exclusión social más graves, llegando a evitar que los ciudadanos afectados se queden en situación de calle.
Ha mejorado, además, la calidad de los centros y recursos de atención a personas sin hogar en todo el territorio. Se ha hecho un esfuerzo ingente por mejorar las estructuras, y la calidad de la atención- a través de la dotación adecuada de personal y su formación- y la participación de las personas sin hogar en mesas de evaluación y mejora de cada centro.

Han disminuido sustancialmente las agresiones y los delitos de odio contra personas sin hogar -así lo certifica el Observatorio HATENTO- y ha mejorado la imagen pública que se tiene de estas personas. Sin duda en esta tarea ha sido fundamental la implicación de los medios de comunicación, las campañas de sensibilización y las acciones desarrolladas en el ámbito educativo.

Hoy podemos decir que se han cumplido los objetivos de la Estrategia 2015-2020. Que no sólo hay menos personas sin hogar en España sino que además, todos los ciudadanos hemos ganado en igualdad, en dignidad y en conciencia social. Que todos, finalmente, somos un poco más ciudadanos.

Esto es sólo un sueño, aunque todo lo recogido en este juego de imaginación está contenido en la Estrategia y, si se ponen los medios económicos y humanos en ello, es conseguible.

Hoy la mirada política está en esta línea, tienen 40.000 razones para QUERER. Nuestra mirada sigue, como siempre, en la realidad de las personas que lo han perdido todo pero que, con los apoyos necesarios, pueden reconstruirse. Nosotros, como siempre, seguimos teniendo 40.000 razones para CREER.