Opinion · EconoNuestra

Madrid, ¿ciudad sin desahucios?

 Nacho Fernández
Activista vecinal

A lo largo de este ciclo de luchas el movimiento de vivienda (PAH y grupos de vivienda), sin duda, ha sido uno de los más potentes a la hora de movilizar, pero también, a la hora de construir un discurso radical y efectivo sobre una de las problemáticas más importantes: la vivienda.

Ese discurso no sólo ponía el foco en el diagnóstico del empobrecimiento social de muchas familias a causa de la crisis, sino que también construía una euforia colectiva en torno al “si se puede”. Otro de los logros, y no menos importante, su capacidad de incorporar políticamente en espacios de decisión colectiva a sectores de la sociedad ajenos totalmente a estas dinámicas de lucha y organización en común. Empoderando y brindándoles la oportunidad de conocer lugares de encuentro donde las relaciones sociales se articulan en valores ajenos a la sociedad actual, como pueden ser: la solidaridad o el apoyo mutuo.

El triunfo de Ahora Madrid y Manuela Carmena en las elecciones del pasado 24 de mayo no es ajeno a lo que ha construido el movimiento de vivienda. El lema y el relato en torno al “si se puede” sirvieron, sin duda, para el asalto a las instituciones municipales, y desde éstas, poder materializar las demandas por las que llevaban años luchando tanto la PAH, como los grupos de vivienda.

A las pocas semanas, y con Ahora Madrid en el poder municipal, el nuevo Ayuntamiento se enfrentó a uno de los primeros lanzamientos. Éste, convocado por Apoyo Mutuo Ciudad Lineal, intentó utilizar, entre otros, los nuevos canales de comunicación con las instituciones municipales. Ya fuera por un fallo de comunicación, por inexperiencia a la hora de enfrentar estas situaciones o por pura intencionalidad, Manuela Carmena y su equipo intentaron pasar por alto al colectivo de vivienda del barrio y sumarse un tanto como los protagonistas principales de la resolución favorable del “stop desahucio”. Horas después, Apoyo Mutuo Ciudad Lineal se vio en la obligación de lanzar un comunicado desmintiendo y aclarando que, ante todo, las causas principales de la paralización fueron su trabajo previo días antes y la red de apoyo del movimiento que se interpuso ese día entre la posible desahuciada y la comisión judicial.

Unos pocos meses más tarde, Manuela Carmena declaraba en los medios de comunicación que: «Ya no hay desahucios en Madrid» o «los hechos están sobre la mesa, ya no hay desahucios en Madrid«. Claro está que ningún activista social por una vivienda digna, o que esté relacionado con éste, las puede llegar a digerir. Estos mensajes buscan la legitimidad de su gestión, hasta el momento, en temas de carácter social. Dirigidos, principalmente, a aquella mayoría de votantes de Ahora Madrid en la que su actividad política se reduce a votar cada cuatro años.

Cuando se habla de la falsedad de estas declaraciones es porque se entiende que el problema de la vivienda va más allá de lo hipotecario; también integra al alquiler y la okupación. Sí, okupación. Muchas familias, ante la situación desesperante de no poder hacer frente a su hipoteca o alquiler, o perder los ingresos frutos del trabajo, se han visto obligadas a “dar la patada”. Según datos extraídos de una demanda escrita de PAH Madrid y grupos de vivienda en el portal “Madrid Decide” del Ayuntamiento hace unos días, en 2010, sólo contando aquellos casos que han pasado por tribunales, se registraban 1146 procedimientos por usurpación. En 2011 ya se registraban 1655, 2516 en 2012 y 3246 en 2013. Un aumento del 183% en cuatro años, y sin contar 2014 y lo que llevamos del 2015. En definitiva, 9 usurpaciones al día por cada 25 desahucios en Madrid. Cifras nada desdeñables.

Por lo tanto, las declaraciones de que “ya no hay desahucios” debilitan, en cierta medida, la capacidad del movimiento de poder volver a incidir en la movilización y, también, en volver a relanzar un discurso permeable. No sólo por la paralización de los desahucios, sino por una solución integra y digna a la problemática de vivienda, más allá de los periodos electorales.

La llegada al poder de candidaturas sensibles a estos temas y con claras intenciones de abordar su solución no las convierte en un problema directo con el movimiento, ni en la solución final a su lucha, sino en una herramienta más que usar desde la autonomía. Las instituciones no son objetivas e imparciales, sino que se sustentan en unas dinámicas propias heredadas del pasado donde los cambios tangibles y, sobre todo, aquellos en profundidad, o no se materializan o tardan varios años en institucionalizarse. Todo también dependiendo de la correlación de fuerzas existente.

Por lo tanto, el problema de la vivienda es aquí y ahora, y no puede esperar sentado a que sus demandas, algún día, puedan resolverse con un gobierno municipal afín, aunque corran vientos favorables. Debe asumir este nuevo ciclo que se abre y qué papel asumirá para garantizar su supervivencia y solidez. Ya que su trabajo y lucha no es sólo por una vivienda digna para todos y todas, sino el laboratorio pedagógico desde la base hacia una verdadera transformación social.