Opinion · EconoNuestra

Bases verdes para un acuerdo entre rojos y morados

Alberto Rosado del Nogal
Humanista y politólogo
Fernando Prieto
Ecólogo
Ambos colaboran con el Círculo 3E de Podemos

No pocos indicios y cierta intuición democrática apuntan a que la imperiosa actualidad política ha decidido que en la próxima legislatura el color azul, o el nuevo naranja, no sean los protagonistas de los nuevos tejemanejes de este revitalizado Congreso, a no ser que una gran coalición -en cualquiera de sus versiones- se entremeta en los deseos electorales de una mayoría social. Todas las apuestas dirigen la atención hacia los siguientes dos escenarios: o nuevas elecciones, o un pacto del color rojo y el color morado. Paradójicamente, ambas hipótesis, aunque son excluyentes en un primer momento, se rozan en el medio plazo: unas nuevas elecciones no evitarían que el barco arribara posiblemente otra vez al segundo puerto: el encuentro entre PSOE-Podemos.

Por ello, es muy probable, que las trincheras deban ser sustituidas por puentes y el conocimiento de nuestro contexto, en sentido amplio, se vuelva eje gravitatorio de cualquier negociación. Los políticos deberían comenzar a sintonizar canales diferentes de los que marcan la parrilla clásica televisiva y atisbar un horizonte tan cercano que, de hecho, pisamos día a día. Siendo la emergencia social, la regeneración democrática e incluso la territorialidad de España puntos trascendentales en la filosofía política de esta nueva transición, se olvida, a menudo, aquella marginada realidad que, pese a todo, se esfuerza diariamente en darnos soporte. Poco importarán los nuevos consensos sociales cuando la asfixia ambiental y el cambio climático se conviertan en el mayor marco condicionante de la voluntad política. Repensar el concepto de sostenibilidad, no como barrera sino como oportunidad, obliga a listar un nuevo índice en los diálogos de negociaciones del futuro más inmediato. El color verde debe posicionarse como epicentro en las batallas dialécticas y ejercer de brújula en la búsqueda de afinidades económicas, sociales y políticas. La apuesta ecologista y de la sostenibilidad no solo es una opción más, sino que es el camino obligatorio e ineludible hacia una recomposición de nuestra marca nacional y hacia una transición de nuestro modelo productivo, bajo en carbono, que proteja y valore nuestra biodiversidad.

En esta posible e imprescindible mesa de diálogo, se proponen diez temas esenciales que deben cargar con todo el peso del pacto y que, sin ellos, el peligro de derrumbe impedirá el normal desarrollo de esta o las siguientes legislaturas. Por fortuna, los mínimos ya han sido catalogados de mínimos en las intenciones programáticas de ambos partidos. A continuación se desarrollan estos diez epígrafes básicos que deberían ser consensuados entre los aspirantes a formar gobierno, señalando cuáles deben de ser los objetivos a alcanzar.

En primer lugar, y sirva como paraguas del resto, un gran pacto contra el cambio climático para un país tan vulnerable como España, donde además de acumularse numerosas evidencias del fenómeno, muchos sectores y ecosistemas -desde la agricultura, el turismo, los servicios en las ciudades, las costas o nuestros bosques- están especialmente expuestos. Estamos a la cola de Europa en cumplir, según informes de la AEMA de 2014, los acuerdos de reducción de emisiones totales y el penúltimo en porcentaje de reducciones. Todo esto, contando con una grave crisis económica que ha mermado el frenético ritmo contaminante de nuestro país. Se debe proponer un gran pacto ambicioso contra el cambio climático, basado en los conocimientos científicos existentes, para todos los partidos, organizaciones empresariales, sindicatos y sociedad civil con el fin de, entre otros, limitar las emisiones -evitando que las empresas que más contaminaban se lucren de sistemas con la asignación errónea de emisiones- impulsar planes adecuados y realistas de adaptación de las ciudades y de los sectores productivos, apoyar a las renovables con retribuciones justas, permitir la energía distribuida y el autoabastecimiento, cerrar paulatinamente las minas de carbón ofreciendo alternativas a los trabajadores y prohibir definitivamente el fracking. Las administraciones deben tener comportamientos ejemplares (poniendo placas solares, contratando con empresas verdes, poniendo productos de agricultura ecológica en sus comedores, etc.) para liderar la lucha de este gran reto del siglo XXI. En resumen, avanzar con propuestas sólidas para el tránsito hacia una economía baja en carbono. Podemos dedica, entre muchas otras, su medida 288 de su programa electoral, concretamente, a la lucha contra el cambio y el PSOE recoge propuestas a partir de la página 128.

En segundo lugar: la protección de la biodiversidad. El desarrollo rural es una pieza esencial de la conservación de los ecosistemas en este país. Se debe fijar población y darle una salida a enormes espacios que hoy tienen una población envejecida y donde no se realizan las actuaciones requeridas. Se debe fomentar la ganadería extensiva, la agricultura sostenible, los trabajos en los ecosistemas forestales, etc. Se deben cumplir los objetivos de Aichi, preservando los espacios protegidos, fomentando las Red Natura -sobre todo en las CCAA con menor representación territorial-, y buscando soluciones para valorar y mantener el auténtico lujo de que en este país todavía existan grandes carnívoros como el oso, el lince o el lobo. La biodiversidad debe verse como un recurso estratégico, fomentando las actividades que lo conserven y evitando sus antagónicas. La agricultura, los bosques, las infraestructuras, etc. deberán planificarse en función de la biodiversidad. Por otra parte los vallados cinegéticos deberán ser de todo el Estado y los plaguicidas deberán reducirse a la mitad como ocurre, por ejemplo, en Francia. El lince y el lobo deberán reintroducirse en todo el país para reconstruir los ecosistemas. La medida 287 de la formación morada defiende este rescate ecológico mientras que la roja en su página 136.

El tercer lugar lo ocupan los bosques que son claves para el agua, el equilibrio compensatorio de las emisiones de gases de efecto invernadero y guarida de nuestro más preciado patrimonio: el natural. El norte de España se quemaba este invierno, con graves impactos sobre nuestra biodiversidad y ensanchando los bolsillos de diversos anónimos, demostrando la nefasta gestión. Hay que derogar la absurda Ley 21/2015 del PP, que permite la recalificación de los terrenos quemados y remite a los Agentes Forestales a un segundo plano, no ayudando a la correcta protección de nuestros bosques. El partido de Pablo Iglesias recoge esta propuesta íntegra en su medida 296 del programa electoral mientras que el de Pedro Sánchez lo hace en la página 136 del mismo: “recuperaremos la prohibición absoluta de cambio de uso de suelo en zonas forestales incendiadas y aprobaremos una estrategia integral de prevención de incendios, reconociendo el valor del bosque vivo y bien gestionado.” Podemos propondrá, además, la repoblación de los bosques con especies autóctonas en unos dos millones de hectáreas con la finalidad de restaurar la antigua abundancia de España.

En cuarto lugar la Ley de Costas. Esta ley 2/2013 se preocupaba más de fomentar y formalizar la introducción de más ladrillo en el litoral que de preservarlo, aumentando las concesiones en 30 años y reduciendo a 20 metros el dominio público, además de indultar a una serie de municipios por su excesiva construcción en el litoral. El cambio de enfoque pasará por utilizar inteligentemente nuestra limitada costa y nuestros mares para protegerlo como ecosistema y aprovecharlo como principal recurso para el turismo sostenible y como fuente de energía limpia. Esta visión integradora podría ser compartida por PSOE (página 139 de su programa) y por Podemos (medida 284). Por supuesto no se permitiría la concesión fraudulenta a ENCE en la Ría de Pontevedra para 60 años más, realizada esta semana por un gobierno en funciones, que beneficia, entre otros, a Isabel Tocino (exministra de medio ambiente entre 1996 y el 2000 y en el consejo de administración de la papelera). Una demostración más del uso de la puerta giratoria en detrimento de la calidad del agua y de la biodiversidad de la zona.

El quinto tema y esencial, lo constituye el agua. Los Planes Hidrológicos se han aprobado por el gobierno en funciones la pasada semana siguiendo la Ley 10/2001. Estos planes necesitan una profunda y urgente revisión para alcanzar la plena coherencia con la Directiva Marco del Agua que garantiza tanto el acceso a un agua de calidad como el respeto a los caudales ecológicos de nuestro territorio. Lo mejor será su derogación para adaptarlos a estos requerimientos. Deben realizarse depuradoras en todos y cada uno de los pueblos. Esto generará empleo y mejorará la calidad de este recurso esencial. Un bien público, además, no puede ser testigo de su privatización. La gestión del agua debe desprenderse de cualquier interés económico y abrazar el interés general desde su demanda, no desde el aumento de la oferta. El agua debe dejar el disfraz de mercancía para convertirse en su esencia: un recurso renovable necesitado de un pensamiento ecológico-integral y no cortoplacista. Deben iniciarse procesos de remunicipalización del recurso. El PSOE lo recoge así en su página 137 mientras que Podemos en su medida 282.

El sexto tema será la Transición Energética, prioridad en el discurso de la formación morada (medida 001) aunque también un punto clave en la roja (pág. 128). España sigue presentando una gran dependencia energética que la obliga, por ejemplo en 2013 y según datos del INE, a importar 57.872 kt (miles de toneladas) de crudo y 354.085 GWh de gas, lo que supuso, aproximadamente, un déficit de más de 40.000 millones de euros. Aunque el petróleo mantiene en la actualidad unos precios a la baja, es indudable que volverá a subir, y cuanto antes iniciemos esa transición, más ventajoso será para la economía del futuro. España posee, según la UNEF, una radiación solar un 65% mayor que en Alemania, mientras que allí disponen de un 600% más de capacidad fotovoltaica. Sería un absurdo no aprovechar los recursos que nuestra geografía nos ofrece a favor de nuestro interés y, además, sería altamente irresponsable no liderar la lucha contra el cambio climático como modelo de país energéticamente sostenible. La ventana de oportunidad sigue abierta y la voluntad ha de ser firme: el Sol y otras fuentes de energías deben ser democratizadas y liberadas de cualquier restricción administrativa. El objetivo energético renovable es la médula espinar de un nuevo modelo productivo y de lucha contra el Cambio Climático pero también esencial para disminuir la factura de la luz y permitir y dinamizar el aprovechamiento solar en todos los tejados del país. Es necesario no solo permitir sino apoyar todos los procesos de autoconsumo y energía distribuida. Sirva de denuncia y ejemplo la absurda y peligrosa -para el medio ambiente y la población local- prolongación de la concesión de uso de la central nuclear de Garoña. Tras sus 40 años de vida útil cumplidos en 2011, el Partido Popular pretende alargar su vida, poniendo en juego incalculables pérdidas ambientales y riesgos para la salud pública, en pos de una creación de empleo a cualquier precio y asumiendo una capacidad infinita para guardar los residuos radiactivos generados. La empresa gestora, Nuclenor (Iberdrola y Endesa) insiste, legítimamente, en un modelo obsoleto que, no obstante, el gobierno del PP apoya cerrando la puerta a una verdadera transición energética sostenible, segura y rica en empleos de calidad para las poblaciones locales. Es necesario un gobierno que ponga freno a las soluciones cortoplacistas en materia energética y encienda las luces largas que tanto necesita España.

El séptimo tema tendría que ver con el slogan Residuo CERO. Conceptos como economía circular aparecen en el programa de Iglesias (medida 286) y Sánchez (pág. 139). Según este último “sólo el 39% de residuos urbanos y el 89% de residuos industriales son tratados, frente al 66% y el 96%” respectivamente en comparación con países como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. Continuar produciendo y generando desechos bajo la falsa premisa de un espacio y unos recursos ilimitados solo conllevará el paulatino colapso de la capacidad de nuestro planeta. Ensuciar menos, para gastar menos en limpiar. Además, luchar contra ello mediante el ecodiseño, reciclaje, reducción, reparación, supresión de la obsolescencia, etc., significará un ahorro importante en términos económicos y crearía empleo. Las basuras son un recurso de materias primas que deben aprovecharse.

El transporte y las infraestructuras, como tema número ocho, debe cambiar en su distribución modal, fomentándose el transporte de mercancías ferroviario y marítimo -en grandes distancias- y promoviendo la bicicleta y el transporte público en las ciudades. También debería ser de obligado cumplimiento incluir la variable ambiental y de viabilidad de los proyectos a la hora de construir grandes infraestructuras de transporte, siendo un factor más de control contra los fraudes y las corruptelas que han traído a España aeropuertos fantasmas y autopistas de peaje vacías. Las medidas 014, 015 y 016 de Podemos apuntan hacia esta dirección, así como la página 146 del programa del PSOE.

Como penúltimo tema, se encuentran la evaluación de impacto ambiental y la evaluación ambiental estratégica que deben ser profundamente revisados. No pueden permitirse más almacenes Castor, ni presas sin sentido y peligrosas, ni un montón de infraestructuras con graves impactos ambientales. Este tema, y ligado en parte a la anterior, implica planificación y estudios previos a la construcción de grandes infraestructuras. Esto supondrá, por un lado, respetar nuestros ecosistemas y biodiversidad y, por otro, seguir sumando en la lucha contra esos 3% que tan solicitados han sido en las últimas décadas. Las medidas 003, 014, 026 de Podemos promueven estos principios y, muy brevemente, el PSOE en la página 149.

Finalmente, y ya van diez, otro tema muy relevante en esa posible mesa de negociación la compone la Fiscalidad Verde. Este concepto introducido por Podemos en su medida 288 y por el PSOE en su pág. 130, entre otras, supone repensar los límites de la producción y agregar un nuevo factor determinante: no solo la rentabilidad económica (coste-beneficio) será el termómetro de cualquier actividad comercial sino que el daño causado al medio ambiente protagonizará los cálculos empresariales a la hora de llevar a cabo o no un proyecto que incluya la fiscalidad verde. Actualmente la presión fiscal medioambiental, según el programa de Podemos, se encuentra en el 1,6% del PIB. Subirla 0,2% anualmente hasta llegar a la media europea (2,4%) supondría un gran avance en un modelo de desarrollo que, definitivamente, tenga en cuenta a la naturaleza como un hábitat limitado y sufridor de los sinsentidos humanos. Una medida transversal que ejercerá influencia indirectamente en todas las decisiones económicas, gravando aquellas que contaminen más y facilitando o beneficiando las que elijan la senda de la sostenibilidad.

Diez patas imprescindibles, en una mesa de negociación, que apuntan a un cambio de paradigma ecológico. El nuevo gobierno no solo asumirá el papel principal de esta transición política definitiva al siglo XXI sino que deberá comprender lo que desde Estocolmo (1972) hasta París (2015), Naciones Unidas, el IPCC y numerosas organizaciones ecologistas han señalado tan nítidamente: la sostenibilidad no solo es una obligación en nuestras decisiones sino un impulso para mejorar cualitativamente como sociedad. El camino se tuerce forzosamente y este nuevo gobierno asume la responsabilidad de cumplir, por un lado, su programa electoral y, por otro, de no seguir destruyendo el soporte que permitirá que la justicia social vuelva para quedarse. El diálogo entre Sánchez e Iglesias -o de cualquier actor político en condiciones de gobernar España los próximos años- debe alcanzar el consenso de, al menos, estos diez planteamientos, lo que provocará una reacción en cadena hacia un modelo económico y social ecológicamente sostenible o, en otras palabras, el único modelo posible.

La sociedad española votó cambio y votó progresismo. Que el progresismo implica, necesariamente, la sostenibilidad del modelo es tan redundante como necesario recordarlo. Pedro, Pablo: “Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres”.
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