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La década de la derecha española

David Hernández
Analista Político (@david_hm91)

Con la noticia de que la mayoría de parlamentarios socialistas se abstendrán, se confirmaba que el único vencedor tras un año de sin gobierno y repetidas elecciones es Mariano Rajoy. Desde una visión mucho más general, se comprueba que desde que comenzará la crisis, pasando por el 15M, la abdicación del rey, los problemas internos del PSOE, la emergencia de Podemos y Ciudadanos, la cuestión de Cataluña, los casos de corrupción… Quien ha conseguido mantener una posición predominante es la derecha española.

Los socialistas continúan en un doloroso proceso degenerativo, que hasta ni las máximas autoridades del partido saben dónde les va a llevar, a la par de que Podemos confluye en una incesante sucesión de contradicciones y luchas internas por el poder nacional y regional. El Partido Popular y la figura de Rajoy emergen de nuevo con fuerza, tras resistir estos años ante unas circunstancias que hubieran derrocado a un gobierno en cualquier otro país.

El líder gallego ha representado mejor que nadie el proverbio: "Siéntate a la puerta de tu casa (La Moncloa) y verás el cadáver de tu enemigo pasar". Ni el acecho de los casos de corrupción, ni la pérdida de más de 3 millones de votos han acabado con el actual presidente, quien ha mantenido la estrategia básica de no moverse y esperar que fueran los errores de los contrarios lo que le permitiera seguir en su puesto.

Dos razones fundamentales explican que después de estos años de enorme convulsión política y social, el Partido Popular y Rajoy sigan en el gobierno. Por un lado, el electorado de derechas continúa prefiriendo que gobierne unas siglas manchadas por la corruptela, dentro de un tiempo que es visto como peligroso, inestable e incierto. Por otro lado, la izquierda en España ha desaprovechado las oportunidades que le han surgido en los últimos meses, debido a su incapacidad para construir un discurso hegemónico alternativo al dominante en las grandes capitales europeas, y porque ha centrado sus esfuerzos en derrocar al otro y no a la derecha.

El PSOE peco de cobardía y conservadurismo al negarse el necesario acercamiento con Podemos, debido al temor que le genera la formación de Pablo Iglesias y su capacidad para suplantarlos como referente de izquierdas, imponiéndose la línea más dura e intransigente de los socialistas. Por su parte, Podemos ha adolecido de cortoplacista y oportunista, nunca ha tenido en mente en estos meses derrocar a la derecha y a Mariano Rajoy, sino su prioridad máxima ha sido desbancar al PSOE.

Los próximos años serán previsiblemente de un dominio electoral de la derecha, estando la izquierda sumergida en un hondo proceso de redefinición y reorientación. El PSOE decidirá en estos meses su futuro a medio y largo plazo, si realmente retoma la vía socialista o sigue ahogándose en un impreciso centrismo. Podemos deberá solventar no sólo sus graves problemas de liderazgo, sino su estrategia política y, sobre todo, unas propuestas que vayan más allá de la mera denuncia y protesta.

De fondo estará un importante volumen de españoles y españolas, que reniegan actualmente de volver a votar a un PSOE abstencionista del PP, pero que todavía desconfían del proyecto encabezado por Pablo Iglesias. Mientras Mariano Rajoy alentado por sus seguidores y las directrices de Bruselas, desarrollará seguramente un nuevo paquete de medidas antisociales e impopulares.

Parece que Podemos está decidido a protagonizar la batalla política en la calle y en los platós de televisión, donde siempre se encontraron más cómodos. Esta táctica podrá asegurarles la fidelización de sus simpatizantes más acérrimos, pero seguirá poniendo en seria duda que les lleguen a apoyar los votantes necesarios no sólo para superar al PSOE, sino para acechar al PP.

Igualmente, veremos si los socialistas se aferran a la línea de Javier Fernández y Susana Díaz de seguir aludiendo a una ficticia responsabilidad de estado y evitar la podemización del partido, lo que agudizará aún más una brecha que no deja de crecer entre las bases y algunos dirigentes. Mientras continúan citando al sociólogo alemán Weber, no estaría de más recordarle lo que dice el premio nobel Bob Dylan en su canción The times they are a-changin: "Si el tiempo es para vosotros algo que merece la pena conservar, entonces mejor que empecéis a nadar, u os hundiréis como una piedra, porque los tiempos están cambiando".