EconoNuestra

Renta, riqueza...¿cómo medir la desigualdad?

Pedro Fresco
Colaborador de econoNuestra

Me parece que el ciudadano medio debe estar algo confundido con tantas noticias sobre la pobreza y la desigualdad aparentemente contradictorias. En todos estos debates públicos hay grupos que quieren desprestigiar los informes de determinadas organizaciones y confundir sobre las métricas o los significados reales de determinadas situaciones. Valga como ejemplo las críticas al informe Oxfam sobre la desigualdad.

Más allá de las manipulaciones interesadas, detrás de estos debates sobre la desigualdad hay una cuestión técnica que es bastante relevante y es que hay dos desigualdades distintas. Una es la desigualdad de renta (o ingreso), que es la diferencia de ingreso monetario en un año concreto, y otra es la desigualdad de riqueza (o patrimonio), que mide la diferencia de capital y activos acumulados. Son dos cosas distintas y ambas miden la desigualdad, pero es común mezclarlas, confundirlas, destacar sibilinamente los defectos de la que se quiera rebatir y no explicar las implicaciones reales que tienen una y otra.


La riqueza

La mayoría de estudiosos y profesionales en el ámbito de la desigualdad indican que para medirla es mucho más adecuado usar la renta que la riqueza. Es verdad, al fin y al cabo la gente vive del ingreso, y la medición de la riqueza neta tiene varios problemas. Uno de los principales es que las deudas se restan a los activos generándose situaciones un poco absurdas, como por ejemplo que una familia que tenga una hipoteca recién constituida o un universitario norteamericano que tenga un préstamo para poder estudiar en Harvard pueden tener riqueza neta negativa (se contabilizaría como cero), y serían más pobres que un indigente al que le acaban de dar 50 céntimos en la puerta de un supermercado. Este es un problema conocido de las mediciones de riqueza, que no las invalida pero que hay que tener claro para poder interpretar adecuadamente los datos.

Otra cuestión también conflictiva es la volatilidad de ciertas riquezas. Una evolución a favor o en contra de las distintas bolsas del mundo nos puede llevar a cambios importantes de riqueza en ciertos segmentos sociales en relativamente poco tiempo. Esa es la razón por la que en años distintos el número de millonarios en los países evoluciona como un acordeón (véase aquí y aquí) aunque observándose una tendencia al alza. Hacer el número con un mes de diferencia nos puede distorsionar datos relevantes.

Sin embargo, creo que la medición de la riqueza tiene problemas menos visibles pero que pueden desnaturalizar todavía más los resultados observados, y el fundamental es el efecto de la vivienda en propiedad. La primera vivienda en propiedad es el activo principal de las clases no-acomodadas en países como España, que tienen tasas de vivienda en propiedad muy elevadas. Por eso cuando se hace un coeficiente Gini de riqueza, España (o Portugal o Grecia) aparecen como países bastante igualitarios, mientras países del centro y el norte de Europa aparecen como poco igualitarios cuando todos sabemos que a nivel de ingreso es al revés, esos países son mucho más igualitarios que los países del sur de Europa.

¿Cómo es posible esta contradicción, si la capacidad de adquirir riqueza para las clases no acomodadas se obtiene precisamente con la renta? Es una pregunta muy relevante y es algo que merece ser estudiado al detalle, y cuando se haga probablemente nos encontremos con descubrimientos muy interesantes. Pero a priori creo que podemos decir que parte de esta explicación se debe a una cuestión de preferencias, fuertemente impuestas por el entorno económico y cultural.

Me explico. Un holandés (por ejemplo) vive en un entorno donde el acceso vivienda es un bien social protegido. Los costes de un alquiler en Holanda representan un porcentaje de la renta media bastante inferior al español, hay amplios parques de alquiler de vivienda, leyes que garantizan el acceso a la vivienda y existen ayudas para el alquiler en caso de necesidad. El holandés no necesita una vivienda en propiedad por la sencilla razón que no teme quedarse sin un sitio donde vivir. Por tanto, ese dinero quizá lo invierta en otras cosas o quizá lo destine a consumo, acumulando menos riqueza inmobiliaria.

Un español razona de manera diferente. El alquiler en España es caro respecto al sueldo medio, el parque de alquiler no es muy amplio (ni muy bueno) y el español vive sometido a una presión social de que hay que tener una vivienda en propiedad para "tener un sitio donde caerse muerto". Cuestiones como un estado del bienestar más débil también influyen ¿cómo llegarían a final de mes millones de jubilados con pensiones bajas si no tuviesen la casa en propiedad?

En España el 83% de los hogares están en régimen de propiedad y es por eso que el 54% de españoles tienen un patrimonio de entre 10.000 y 100.000$, lo que lleva a una distribución de la riqueza más igualitaria que en Francia o Alemania, con el 62 y el 53% de las viviendas en propiedad.  Esa es la razón, y no otra, de que los Gini de riqueza sean antagónicos a los de renta.

Esto mismo se podría extrapolar a las pensiones. El 50% de los australianos tienen un capital entre 100.000 y 1.000.000$, y esto es debido a que el sistema de pensiones de Australia es de capitalización. Si vivimos en un país con un sistema de reparto, no acumularemos ese patrimonio por la sencilla razón de que no lo necesitamos, nuestras pensiones están garantizadas de otra manera.

La riqueza y el patrimonio de la mayoría de la población está muy condicionada por la realidad social del país en el que se vive y cómo funciona su estado del bienestar. La acumulación de propiedades inmobiliarias, de fondos de capitalización de pensiones o incluso de ahorros (hay sistemas de "ahorro forzoso", como Singapur) dependen del entorno social y cultural, de la naturaleza del estado social, y analizar este parámetro sin tener en cuenta eso y el ingreso nos puede llevar a malinterpretar los datos y a caer en las garras de los trileros y de los manipuladores.


La renta

A pesar de que la renta es mucho mejor método para medir la desigualdad, su medición también tiene problemas, destacando uno fundamental: La dificultad de medir la renta de los más ricos. El propio Branko Milanovic comenta este hecho en su famoso trabajo, indicando que probablemente el ingreso de los muy ricos esté subestimado y da varias razones posibles: Desde el tamaño de las muestras y la eliminación de datos extremos por atípicos hasta la propia tendencia de los muy ricos a no decir cuánto ingresan realmente. Entiéndase que cuando hablamos de "muy ricos" no hablamos ni tan siquiera del 1% más rico, hablamos de la parte más rica de ese 1%.

Pero hay más cosas. Miremos a España, por ejemplo. De 2007 a 2014 la cantidad de declarantes de IRPF que declaran más de 600.000€ de ingresos ha caído de 10.580 personas a 5.394, esto es, la mitad de los declarantes en este tramo alto ha "desaparecido". En el segmento justamente inferior ha pasado algo parecido, con un tercio de desaparecidos. Pensar que los más ricos cada vez ganan menos en España es verdaderamente inverosímil a la vista de todo lo que ha acontecido estos años: Aumento de la desigualdad, aumento de las rentas empresariales respecto a las salariales, el 1% más rico ha aumentado riqueza (del 16,9% al 20,2% en tres años), evolución del PIB, etc. etc. Obviamente algo no cuadra, y todo apunta a que, de alguna manera, las rentas más altas se están ocultando o "evadiendo".

Esta "ocultación" de rentas se hace por los más diferentes mecanismos y la mayoría legales. Me vienen a la cabeza dos casos conocidos, que voy a poner como ejemplo del amplio abanico de posibilidades que tienen los "muy ricos": El primero es Cristiano Ronaldo, jugador en el foco de la polémica por sus sociedades en paraísos fiscales. Ronaldo tiene un salario de unos 48 millones de euros brutos anuales sin embargo tiene multitud de ingresos por publicidad a través de empresas y otros negocios y se estima que podría ganar hasta 100 millones de euros al año. Ronaldo intenta ocultar sus ingresos, los dilata en el tiempo, los mueve de un lugar a otro del mundo buscando los tipos impositivos mínimos. En la hacienda española el ingreso de Ronaldo estará infravalorado y él, como es lógico, no va a revelar sus ganancias reales.

Un segundo caso conocido, las SICAV. Estos mecanismos de que en teoría son de inversión colectiva de facto son dominados por una única persona o familia, y no pagan casi impuestos si no se sacan los beneficios (y si no se sacan no cuentan como renta del capital). Lo que sucede es que muchos "muy ricos" usan su SICAV para gastos personales (comprar coches, casas, consumo, etc.), generándose una situación donde el propietario disfruta de las ganancias sin tener "renta". Algo similar pasa con muchas empresas personales que facturan servicios profesionales, usadas para minorar la tributación de determinados trabajadores y que al final están al servicio del propietario como una empresa que paga las cosas por ellos.

Realidades como estas hay muchas, incluso desconocidas para todos nosotros. Pero la realidad observada es que las rentas salariales de los más ricos desaparecen y las no salariales cada vez tienen más mecanismos para ocultarse, evadirse y aminorarse a ojos de hacienda.


En resumen…

Así pues ¿qué es más adecuado, medir la desigualdad por diferencia de ingreso o por diferencia de riqueza? Pues depende qué queramos medir. En términos generales y en la mayoría de los casos, la renta será quien mejor nos indique la desigualdad porque es de lo que vive la mayoría de gente, es más estable respecto a coyunturas y evita estas distorsiones que produce la diferencia de servicios públicos. Creo que para el 99% de la población la renta nos indica mejor la desigualdad.

Sin embargo, creo que a los "muy ricos" no se les debe medir por renta por las razones comentadas y que es más correcto medirlos por riqueza y patrimonio. El problema es que los tienes que comparar con su mismo parámetro y, por tanto, entramos de nuevo en un problema. Probablemente deberíamos desarrollar indicadores nuevos para ser conscientes del elevado grado de desigualdad de esos "muy ricos" respecto a los demás.

Y finalmente, como no se debe medir jamás la desigualdad es por consumo, como algunos pretenden ahora. El consumo solo sirve para la medición de la evolución de la situación material de los pobres en países en vías de desarrollo, pero en una sociedad occidental carece de sentido porque los más ricos consumen un porcentaje menor de sus ganancias que los más pobres (propensión marginal al consumo decreciente con la renta). Cuidado con esto porque es el último truco de los negacionistas de la desigualdad.