Opinion · EconoNuestra

Neoliberalismo y polarización

Andrea Batista
Lic. Tecnología de los Alimentos, profesional en Mercadotecnia, inmigrante serial, feminista, blogger y madre que piensa que ya estamos grandes para tanto matricidio y patricidio simbólico

Las ideas neoliberales tienen un sesgo particular con respecto al rol del Estado. Las escuchamos en discursos, en promesas electorales, en ese sentido común que emerge en una discusión entre amigos. En la mayoría de los casos utiliza el diagnóstico de corrupción, ineficiencia, ignorancia, absolutismo y opresión para promover el avance del sector privado por sobre el público, y así justificar la ocupación y pseudo-colonización (la llamada trama) del Estado. Hablar del rol del Estado en un momento donde tantas cosas non sanctas salen a la luz no es tarea fácil y usted, lector indignado frente a la corrupción, probablemente ya está sintiendo cierta resistencia a lo que todavía ni leyó de lo que resta de este artículo. La corrupción genera enojo. Hay que investigarla y es importante que el sistema democrático demuestre que sabe lidiar con estos temas. Pero debemos ser conscientes que cuando se presentan narrativas polarizadas y parciales con un foco exagerado en la negatividad de las instituciones estatales (incluyendo la UE), aunque abra la puerta para nuevos partidos y candidatos, terminan justificando un nuevo avance del neoliberalismo o incluso de la extrema derecha.

En este artículo planteo que existen similitudes conceptuales entre el rol del Estado que plantea el discuso neoliberal y la derecha, con mandatos y prohibiciones que pesaban y pesan sobre las mujeres ¿Por qué esta comparación? Porque hay críticas que se desarrollan de manera fragmentada: hay quienes conocen en profundidad la crítica al neoliberalismo o al capitalismo, hay otros que conocen la crítica feminista, pero no hay tantos cruces ni crospolinizaciones. También porque el feminismo ha logrado hacer avances sobre la polarización con lo cual puede ofrecer recursos para superla en este momento de grietas y votaciones que nos confrontan a una pobre dicotomía neoliberalismo o neofascismo. No es casual, que en un momento de polarización política y económica se genere un movimiento reaccionario en contra de los derechos de la mujer.

Aquí voy a hacer un desvío y abrir el paragüas en caso de que a usted, lector, la palabra feminismo le cause escozor. Quédese. Conversemos. Muchas veces se habla del feminismo sin haber leído a las feministas. El feminismo lucha por la igualdad social, política y económica punto. Cuando se plantea de esta forma, muchos dicen “sí claro, peeero…” porque todavía se piensa que es un movimiento que odia a los hombres, que los excluye, o mismo que desprecia a las mujeres que hacen ciertas elecciones en su vida. Es posible que algunas expresiones del feminismo den esta impresión. Pero eso no es el quid de la cuestión. El centro de la crítica feminista habla de la construcción de roles rígidos polarizados que lleva a la formación de seres incompletos: hombres que tienen la nutrición (de alimento y de atención), la expresión de emoción y la digestión de negatividad exteriorizados en la mujer, y mujeres inferiorizadas que tienen la racionalidad, la voz, el dinero, la autoridad y el control del comportamiento y de su útero exteriorizados en el hombre. Esto trae un sinfín de repercusiones que nos afectan a todos. Lo personal es político es uno de los mantras del feminismo. El hecho de que en Europa el índice de suicidios en hombres sea el cuádruple que en las mujeres tiene orígenes en las expectativas de cómo debe ocuparse “este” rol masculino (ser fuertes, autónomos, competitivos, positivos, etc) y de las herramientas con las que no cuentan los hombres para lidiar con situaciones de vulnerabilidad: no pueden hablar de debilidad, buscar ayuda, etc. Los casos de violencia doméstica se incrementan cuando hay una pérdida de poder externo (trasladando el problema al hogar para demostrar que todavía son hombres dominantes). El abandono del hogar por parte de los padres también se incrementa cuando no pueden cumplir con el rol del padre proveedor. “O descargo mi enojo en otro o me voy” parece ser el amplio espectro de recursos emocionales que ofrece esta versión del rol masculino. El feminismo claramente elige como prioridad enfocarse en políticas de prevención y de rescate de las mujeres o niños víctimas de situaciones de violencia. Lo urgente. También se ocupa de las condiciones laborales y las instituciones que no ofrecen igualdad de género (por ejemplo frente a la justicia). Lo importante. Pero a un nivel más alto, hay un punto que debe unir el empoderamiento de las mujeres y la recuperación de la soberanía sobre sus cuerpos con esta mirada crítica sobre la polarización de roles en general para abrir horizontes en relación a cómo estructuramos la política y la economía. Lo fundamental.

Por cuestiones de extensión, voy a nombrar sólo un ejemplo de los muchos que podrían analizarse de cómo esta idea de roles polarizados se translada al Estado o sector público (lo femenino) y el sector privado (lo masculino).

 “El que crea riqueza es exclusivamente el sector privado” y la negación del poder creador femenino.

En el mito de la creación la mujer no está. El padre se presenta como un agricultor: lo masculino es lo que aporta la vida en su semilla, mientras lo femenino es tierra, es pasivo, inerte, un lugar apenas. Esto parecería ser algo irrelevante hoy, pero que “las mujeres no crean nada de significancia” está detrás del hecho que las hermanas Brontë (Cumbres borrascosas, Jane Eyre), Louise May Alcott (Mujercitas), Harper Lee (Matar un ruiseñor) y J.K. Rowling (Harry Potter) hayan tenido que usar nombres masculinos o andróginos para ser publicadas o leídas. En ciencia, son paradigmáticos los casos de Vera Rubin (la primera en postular el concepto de materia oscura en los 60’s, ignorado por muchos años), Jocelyn Bell (descubrió los púlsar, trabajo que le valió el premio Nobel… a su supervisor) o Rosalind Franklin (cuyo trabajo fue fundamental para la comprensión de la estructura del ADN pero que no recibió el mismo reconocimiento que sus colegas hombres). Hay casos curiosos, como el de Anna Magdalena Bach, la segunda esposa de Johann Sebastian. Algunos científicos forenses (tras analizar los manuscritos de las obras) creen que es autora o co-autora de varias de las piezas más reconocidas. Lo que el feminismo plantea es que la mujer-creadora es negada, no reconocida o invisibilizada y su poder creador en muchos casos, apropiado.

El neoliberalismo niega en sus discursos el poder creativo del Estado con su capacidad de inversiones a largo plazo, de desarrollar la ciencia y de impulsar innovación, pero no a la hora de sacar beneficio. En este video, la Prof. Mariana Mazzucato (El Estado emprendedor) cuenta que gran parte de la tecnología dentro del iPhone tiene origen en el sector público.

En este link el video está disponible con subtítulos en español.

Yanis Varoufakis (prof. de Economía y ex Ministro de Finanzas de Grecia) y Noam Chomsky (prof. emérito de Lingüística, filósofo y activista político) tocan el mismo punto en este video (min 11-16). Comentan que la economía de la alta tecnología en EEUU se desarrolló tras décadas de inversiones del Estado en instituciones como el MIT, lo cual atraía a las empresas de electrónica que cotidianamente se paseaban por sus pasillos. Chomsky anticipa un cambio hacia una economía basada en la biología y que quienes se pasean hoy son las empresas farmacéuticas.

Pasar de lo que ellos describen como hipocresía (invisibilizar pero aprovechar) a la negación lisa y llana a través de recortes en ciencia e innovación es lo que llevó a los científicos de todo el mundo a marchar el 22 de abril pasado.

Fuera de este ejemplo, otras transferencias del rol femenino estricto al Estado se pueden apreciar en: “Toda regulación o intervención del Estado es indeseable” con «Las mujeres no deben interferir con los asuntos de hombres”; “Los Estados deben privatizar todo” con «Las mujeres no pueden tener propiedades o dirigir empresas” .

Al plantear que esto es una crítica a la polarización, espero que sea obvio que no es un argumento para la polarización opuesta (lo privado es malo, el Estado bueno).

El feminismo no tiene todo claro aún. Titubea al ocupar el cuerpo de la madre. Le falta superar su propia polarización con el patriarcado. Pero, aunque quede muchísimo por andar, el feminismo sí logró cambios significativos y hasta revolucionarios desde la ocupación del cuerpo de la mujer. El mundo ya no es ése donde las mujeres gritaban desaforadas frente a los Beatles para que sus pulmones las liberen del corsé que les habían impuesto. Por eso creo que la política debe ocupar el cuerpo del Estado desde un lugar que no sea el disciplinador o incluso femicida, estaticida, europacida y plantear la emancipación como un camino que requiere un mayor nivel de consciencia y de menos destrucción.