Opinion · EconoNuestra

Portugal: de la Geringonça al éxito

Miguel Ángel M. Pellitero
Estudiante del máster en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de econoNuestra

Si desde econoNuestra llevamos meses reflexionando sobre cuál es el contenido real de las políticas económicas que se promueven desde las instituciones europeasy que con tanto entusiasmo parecen ser aceptadas por los diferentes gobiernos del estado español en los últimos años, tachando de anti-europeístas a quienes defiendan la viabilidad de una Europa alternativa, hoy vamos a abordar la excepción que parece salirse de todos esos márgenes sobre los que se intenta encasillar el margen de actuación de los diferentes programas económicos nacionales.

Sin embargo, y aunque lo primero que debemos aceptar es que en ningún caso se trata de un proyecto rupturista que busque romper por completo el corsé neoliberalpor el que discurre toda Europa occidental, sí es necesario destacar la importancia de la emergencia de un proyecto alternativo que busque explorar rutas que se venden como “insostenibles” o “atemporales” en pleno 2018, más aún tras el fracaso del recetario ortodoxo-neoliberal en la periferia de Europa como único camino para salir de la crisis.

El 26 de noviembre de 2015, Antonio Costa líder del Partido Socialista (PS), y su ejecutivo tomaron posesión del gobierno portugués apoyados por, el Partido Comunista, el Bloco de Esquerdas y los Verdes, obligando al PS a dar un giro a la izquierda tanto en lo político como en lo socioeconómico, y conformando el denominado como gobierno de la Geringonça(palabra peyorativa en alusión a la unión de “perdedores” que conforma el gobierno luso). Desde entonces, Portugal ha continuado creciendo,a un ritmo superior y más sostenidodel que venía experimentando, de una manera más regular, incluso, al vivido en el ciclo expansivo de los primeros años de siglo.

Además, este mayor crecimiento está siendo más equitativo socialmente, al repercutir de manera directa en una mejora de las condiciones de vida de la mayor parte de la población. En primer lugar y mitigando uno de los grandes problemas que sufrió el país durante la crisis, la tasa de desempleo se ha reducido a niveles inferiores al 7%, cotas que no se registraban desde hace más de una década. También el desempleo juvenil que había alcanzado tasas cercanas al 40% en el momento más crítico de la crisis de deuda en los estados de la periferia europea (2012) ha mantenido una constante reducción hasta un –todavía altísimo- 25%.

Junto con esa recuperación del empleo, el ejecutivo portugués ha establecido diferentes políticas para asegurar que esa inserción al mercado laboral tuviera el deseado efecto inclusivocon la población más afectada y se recuperasen ciertas garantías socialesperdidas con los recortes. Podemos destacar entre ellas el continuo incremento del salario mínimo, un aumento de los funcionaros públicos–especialmente en el apartado concerniente a la educacióncomo profesores- y de su salario, así como la posibilidad (congelada por los recortes hasta ahora) de progresar dentro del funcionariado, larecuperación de los días de vacacionesde los trabajadores a niveles antes de la crisis, una rebaja del IRPF a las rentas más bajaso la reposición de las pagas extra recortadas en 2011. Así, los salarios se han incrementadoa tasas considerablemente superiores a la media de la eurozona en los últimos años, y mientras los liberales alarman con un aumento de los temidos “costes laborales” y su repercusión sobre la productividad, el mercado laboral portugués no deja de prosperar.

Este aumento general del poder adquisitivo de los portugueses y portuguesasgracias a un mayor nivel de empleo y mejores sueldos ha derivado, consecuentemente, en un aumento de la demanda interna. Siendo así el consumo privado, la base sobre la que se está cimentando la recuperación de la economía portuguesa. Sin olvidarse de otros elementos como el haber transitado hacia una balanza exterior superavitaria (gracias, principalmente, a la estrategia de promoción turística nacional iniciada ya hace unos años y continuada por el gobierno actual) o el aumento del consumo público mediante un aumento del gasto de las administraciones públicas.

También en los aspectos más críticos como la evolución del déficit y la deuda públicaque tantos problemas generaron en el pasado reciente se está haciendo una gestión incuestionable, recibiendo elogios por parte de organismos tan poco sospechosos de respaldar políticas económicas heterodoxas como el FMI, al conseguir reducir hasta los 3.5 puntos el déficit en el último ejercicio (el que más lo ha reducido) y rebajando ladeuda total a sus cifras más bajas en los últimos años(aunque sin perder la perspectiva, esta sigue siendo elevadísima por encima del 126% a finales de 2017). Esto se ha debido, en gran parte, a conseguir un acceso a financiación más barataen los mercados internacionales, al mantener la ya olvidada prima de riesgo con respecto a Alemania en niveles inferiores a los 150 puntos (a agosto 2018), a pesar de las amenazas de desgobierno e inestabilidad transmitidas por los grandes capitales y partidos políticos conservadores.

Por último, en lo socioeconómico, ha habido una reestructuración del gasto público, destinando unas mayores partidasespecialmente a educación y servicios sociales,que fomenten la cohesión social y la reducción de las desigualdades, las cuales se dispararon desde el año 2011, momento en el que el rescate financiero al país y las posteriores condiciones impuestas por la Troika dinamitaron la paz social. Así, a pesar de que es todavía demasiado pronto para poder evaluar con rigor indicadores de desigualdad tradicionales de largo plazo, Eurostat ya constata una mejoría en este ámbito con el dato del coeficiente de Gini más bajo(33.5 puntos en 2017) desde el estallido de la crisis, esto, además de las transferencias sociales realizadas por el Estado, es el reflejo de conseguir aumentar la participación del quintil más pobre (el 20% de la población que menos rentas percibe) en la renta nacional de manera considerable (media de casi 2% al año) desde 2015. También el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social está experimentando un notable descensoen los últimos ejercicios, pasando del 27.5% en 2014 a un, todavía lacerante, 23.3% en 2017.

Para cerrar este comentario con un último golpe de realidad, este proyecto que parece un soplo de aire fresco para las aspiraciones de las fuerzas progresistas en la Europa periférica, no está exento de contradicciones. Hace apenas unas semanas el Partido Socialista ha conseguido aprobar la nueva reforma laboral con el apoyo abstenciónde la oposicióny principal responsable de la implantación de las políticas neoliberales encargadas por la Troika en los últimos años en Portugal, el Partido Socialdemócrata (centro-derecha), aireando las notables diferencias de proyecto entre el Partido Socialista y sus socios de gobiernoque votaron en contra de la misma por no considerarla suficientemente reversiva de las garantías laborales perdidas con las anterior reformas de 2011 y 2014 y los continuos recortes.