Opinion · EconoNuestra

Antes de protestar, pregunten a Pablo

Chus Melchor
Economista consultora en Economía del Bien Común

“Que las instituciones pongan los lazos o expresiones que les dé la gana, y vamos a ocuparnos de la gente», ha dicho Pablo Iglesias.

Si Rivera retira los lazos, Iglesias por su parte, los desprecia.

Llama la atención la postura de Podemos frente a la batalla de lazos amarillos en Cataluña. Pablo Iglesias en una entrevista para Telecinco y Echenique en twitter han intentado redirigir la atención hacia lo que ellos consideran “problemas más graves, como la factura de la luz o la lista de espera de personas dependientes”. «Que las instituciones pongan los lazos o expresiones que les dé la gana, y vamos a ocuparnos de la gente», ha dicho Pablo Iglesias. O de otro modo: que protesten por lo que quieran, que nosotros decidiremos qué les importa.

¿Qué hubiera opinado el líder de Podemos si en la época de las manifestaciones contra la corrupción, Mariano Rajoy hubiera reaccionado diciendo algo así como “que se manifiesten por lo que les dé la gana, que nosotros vamos a ocuparnos de las cosas importantes”? (seguramente dijo algo parecido).

La excusa de que hay problemas más graves suele servir para no solucionar nada: si están talando los árboles de la ciudad, siempre habrá quien opine que lo que debe preocuparnos son las máquinas que destruyen bosques en Amazonas, si sufren los animales en las granjas nos dirán que lo realmente importante son los niños que pasan calamidades. Por eso el argumento de categorizar los problemas para sólo ocuparnos de los graves chirría.

Pero en este caso el argumento es si cabe más desacertado porque Podemos intenta esquivar el problema de fondo que preocupa a miles de catalanes. No está entendiendo el mensaje, es más, parece que quisiera enmendar la plana a la protesta.

Si Rivera retira los lazos amarillos, Iglesias por su parte, y quizás sin ser consciente, los desprecia.

Es cierto que la acción liderada por Rivera y Arrimadas es deleznable y no se puede equiparar a la acción de protesta ciudadana de colocar lazos: poner lazos es una manifestación de la indignación, la impotencia y la rabia de un pueblo que (con o sin razón, estemos o no de acuerdo) siente que está sufriendo una represión política y judicial con ciudadanos apaleados, instituciones secuestradas y políticos encarcelados o exiliados; la canalización de este estado de ánimo a través de protestas imaginativas y pacíficas evita respuestas más agresivas. Sin embargo quitar lazos no es una protesta en sí, no es una manifestación de un estado de ánimo ni la canalización de la impotencia de quien no se siente escuchado. Eliminar lazos es eliminar la protesta, intentar acallar la voz de una parte del pueblo, despreciar la posibilidad de utilizar medios pacíficos para hacerse oír.No se quitan lazos para pedir una sociedad mejor, ni para solicitar servicios públicos o denunciar corrupción, represión o injusticias. Se quitan lazos para eliminar una vía pacífica que la gente utiliza para hacerse escuchar.

Intentar silenciar a una parte del pueblo es también indignarlo más, provocarlo, despreciar sus reivindicaciones y su manera de manifestarlas, buscar la confrontación en la calle, incitar al desprecio a los otros. Por eso es grave y mezquina la acción de Ciudadanos, no porque haya problemas más graves.

La actitud de Iglesias, siendo menos malintencionada, tampoco ayuda a reducir la tensión. No es él quien decide qué problemas deben preocupar al pueblo, las protestas en la calle no se dirigen desde los despachos de los políticos. La factura de la luz y las listas de espera indignan menos en Cataluña que la existencia de personas (a su juicio injustamente) encarceladas o exiliadas. Los políticos pueden decidir de qué se ocupan con las consiguientes consecuencias para sus resultados electorales, pero no pueden decidir por qué protestan las ciudadanas y ciudadanos.Su trabajo consiste en reconocer la voz del pueblo, escucharla y entenderla. No en dirigirla. Es chocante que haya que recordarle esto precisamente a Podemos, que nació de la indignación en la calle.