Opinión · EconoNuestra

13 jueces que tienen lo que hay que tener

Guillem Bou Bauzá
Licenciado en Matemáticas e Informática y Doctor en Ciencias Sociales

Qué es “Lo que hay que tener”

“La operación en sí era tan peligrosa (muchos se dejaban las rodillas los brazos y la vida en los bordes de la carlinga o perdían la piel de la cara al chocar con el “muro” de aire exterior) que muchos pilotos preferían luchar con el aparato en intentar aterrizar antes que salir catapultados y morían de este modo en vez de hacerlo del otro” (Lo que hay que tener, Tom Wolfe)

Ustedes, jóvenes pipiolos, como mucho habrán visto una película titulada “Elegidos para la gloria”. Se trata de la versión edulcorada de la obra “Lo que hay que tener” (The right stuff) de Tom Wolfe. El libro empieza contando cómo los pilotos de pruebas del ejército USA se jugaban la vida a cada momento (alrededor del 23% de muertes sólo en pruebas, sin contar las muertes en combate). Y luego narra la entrega de los astronautas, que no eran reconocidos en este círculo selecto de hombres que tenían “Lo que hay que tener”, a pesar de correr, si cabe, un riesgo similar.

“Lo que hay que tener” es una obra maestra, por ello encontrarán en ella todo tipo de elementos de reflexión. Servidor quisiera enfatizar el aspecto de entrega a los demás que Wolfe recuerda una y otra vez, y que conlleva un sacrificio personal. Es decir, el mérito no sólo consiste en la cualidad (el coraje) sino en el objetivo (hacerlo por el bien de tus conciudadanos). Y esas dos características, combinadas en una sola situación, es lo que nos lleva a pensar en nosotros. En las veces que la vida nos exige tener “Lo que hay que tener”.

“Lo que hay que tener” y la función pública

Sobre la administración, Napoleón Bonaparte observó que no podía ser que, con los vaivenes revolucionarios, una persona fuera Jefe de Policía y, al día siguiente, condenado por aquellos a quienes había encarcelado. Así pues, sin haber leído (obviamente) a Wolfe, el entonces futuro emperador sentó las bases de los estados modernos en la Constitución del año VIII. Una de las aportaciones capitales consistía en la profesionalización de los funcionarios.

Hacía falta, según Napoleón, una clase especial de empleados públicos ejemplares, independientes, no influenciables, y que no pudieran perder su puesto de trabajo por tomar decisiones de acuerdo a la ley. Sobre la profesionalización de los funcionarios, dijo que:

“Es necesario que este cuerpo tenga privilegios y que no sea demasiado dependiente de los ministros ni del emperador”

Sus ideas se nutrían, entre otras, de las aportaciones de Emmanuel-Joseph Sieyès, tales como:

“Atribuir a estos últimos la investidura pública es subordinación y obediencia por parte de los que la ejercitan. Si el funcionario recibiese de ellos el poder, se debería temer que lo ejercitaría de manera blanda y con parcialidad, esforzándose en complacer a aquellos administradores que tuvieran mayor influencia en las elecciones”

En definitiva, en la Francia de 1799, donde se creó el estado moderno, ya tenían una visión diáfana de cómo debía y cómo no accederse a la posición de funcionario(creo que esta palabra significa algo así como “hacedor que la administración el estado funcione”). Lo que no parece tan claro es que, en la España del siglo XXI, la hayamos entendido, más de doscientos años después.

Que la gente del pueblo no distinga entre un funcionario de carrera y un cargo nombrado por designación es un problema educativo (parece que esto no se explica en la escuela). Quiero decir, que es lamentable, porque la población tiende a culpar indiscriminadamente a todo el colectivo, llegando a solicitar privatizaciones salvajes como represalia, de las cuales se arrepiente cuando observa la trampa: recortes en sanidad, educación, asistencia social, seguridad, etc.

Pero si es lamentable que la gente del pueblo no realice distinción, mucho más lo es el uso que la clase política ha hecho de la función pública. Y, llegados a este punto, además de quejarnos como nunca nos hemos quejado por el funcionamiento de la justicia en España, es hora de dar el reconocimiento a quien se lo merece.

La película de terror de “Lo que hay que tener”

Pero para olvidar nuestros problemas, imagínense ahora una de esas películas de conspiraciones, lúgubres, donde uno a uno van cayendo los protagonistas que hubieran podido vencer al mal. Un poder económico despiadado mueve los hilos del estado. El poder financiero (que posee el control del cuarto poder) presiona a los tres poderes del estado. Seguro que han visto películas de éstas.

Para darle un toque Catholic USA a la película, supongamos que al final sólo son doce más uno los que resisten, es decir, son 13 héroes. Y pongamos que es una trama de poder a la americana donde los jueces tienen un papel fundamental.

Como todo depende, al final, del factor humano, en la película aparecen amenazas en encuentros de tú a tú. Se va a descubrir la madera de que está hecho cada uno, por eso se repiten las sentencias del tipo “tu carrera está acabada” susurradas al oído. Se multiplican las llamadas donde corre riesgo la familia o el patrimonio. Y se anuncian premios para los que cedan.

Imagínense, además, que muchos de los protagonistas saben que próximamente tienen que renovar o perder sus cargos. Sudan. Dudan. Los políticos untados por el poder financiero decidirán sobre su futuro. Y encima, como todavía se resisten, les dan una noche para que piensen. Como si se pudiera reflexionar serenamente bajo presión.

Pues bien, en esta película de terror, olvidémonos por un momento si acaba bien o mal. Olvidemos de que, encima, en nuestra hipotética película el malo no es funcionario, sino nombrado a dedo por Donald Trump (Oh, my God!). Centrémonos en el momento final, al día siguiente, cuando los 13 íntegros todavía resisten lo irresistible y se pronuncian. No han cedido. Los 13 que tienen lo que hay que tener.

Bien, fin de la película. Les he contado una historia de ficción. Pero, aunque no sea verdad, quédense con el mensaje. Aunque sea por la decencia, por el futuro del país, por nuestros hijos o porque el resto del mundo no piense que en España comemos plátanos todo el día, recordemos siempre el mensaje de estos 13 jueces protagonistas de nuestra película.